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jueves, 25 de febrero de 2016

ALN, la empresa que no paga

En Barcelona 350 trabajadores sufren una suerte peor que la del paro. En una reunión que ha tenido lugar este miércoles 24 de febrero, la directiva de la empresa de telemarketing ALN ha comunicado que no pagará a sus empleados la nómina de enero ni la de febrero, y que no tiene ninguna intención de salvar sus centrales situadas en las calles de Entenza y de Aragón. También se les ha recordado a los trabajadores de ALN que, de no acudir al trabajo, serán despedidos de modo procedente y perderán todo derecho a indemnización. Es decir, que no van a cobrar, pero tampoco pueden abandonar su puesto.

Algunos de los trabajadores de ALN que llevan menos tiempo en la empresa, entre los que me cuento, han decidido renunciar a su liquidación para encontrar otro empleo, pero hay otra gran parte para la que abandonar significaría renunciar a varios miles de euros de indemnización. A algunos de los teleoperadores no les queda dinero ni para comprarse el billete de metro para ir a trabajar, y a otros ni siquiera les llega para cubrir las necesidades de sus familias. O abandonan y pierden el dinero que les corresponde o aguantan sin cobrar. Este es el modo indecente que la empresa ALN, amparada en las leyes españolas, ha ideado para cerrar sus plataformas y al mismo tiempo ahorrarse el dinero de las indemnizaciones. Pero, ¿a quién pertenece la empresa ALN?

El máximo accionista de ALN es José Ángel Crego, presidente de la patronal Círculo Empresarial Leones, recordado por sus declaraciones en las que se preguntaba por qué una empresa tenía que indemnizar a un trabajador cuando lo despedía, y por qué el trabajador no estaba obligado a indemnizar a la empresa cuando la abandonaba. Una polémica que obligó a José Ángel Crego a renunciar como cabeza de lista en la formación de Ciudadanos por León.

Recientemente se ha sabido que además pagaba un sueldo a su valedor político y coordinador provincial de Ciudadanos en León, Sadat Maraña, a través de una empresa en Canarias por donde jamás le vieron asomar la cabeza. Sadat Maraña, a su vez, renunció por falsear su currículo al incluir una licenciatura en Administración y Dirección de empresas que jamás estudió.

Según declaraciones de un responsable de CCOO a "El diari del treball", "en la dirección nos dicen que todo va bien. Incluso nos han dicho que la facturación ha superado los 25 millones. La conclusión que saca el sindicato, según este diario, es que ALN simplemente no paga porque prefiere dedicar estos ingresos a su expansión en latinoamérica.

¿Son estos son los empresarios que vienen a salvar a España, los que hablan de "cambio" y los que hablan de "gestión"? Es de pesadilla imaginárselos gestionando una ciudad, pero hasta hace poco José Ángel Crego era una de los representantes de Ciudadanos, partido con el que el PSOE planea sacarnos de la crisis.



Quique Castro.

lunes, 15 de febrero de 2016

Teleoperador en el Infierno

- Buenos días, soy Juan Pérez, de Arderás, empresa colaboradora con el Infierno. Pregunto por el señor Eduardo Gómez.

Eduardo Gómez apenas ha entendido nada de lo que acaban de decirle por teléfono, y además acababan de despertarle de la siesta.

- ¿De dónde dice que llama?
- De Arderás, empresa colaboradora con el Infierno.
- Escuche, estoy harto de que llamen a este número, ya les he dicho que no pienso cambiar de banco.
- Eduardo, no le llamo para que cambie de banco ni para venderle nada. En el Infierno estamos promocionando los nuevos bonos de estancia temporal a cambio de sus deseos.
- No estoy interesado, de verdad.
- Eduardo, estamos haciendo una promoción especial para personas que se han quedado sin trabajo, ¿está usted en el paro actualmente? 

Juan Pérez sabe lo que hace, lo primero que tiene que conseguir es que el cliente le escuche, lo segundo, implicarle, hacerle entrar en la conversación para que le de datos. Cuando más le diga Eduardo sobre sí mismo, mejor.

- Pues sí.
- Con los nuevos bonos de estancia temporal en el Infierno podría usted encontrar trabajo mañana mismo a cambio de cinco años en el Infierno, si es lo que desea, o incluso podría tocarle la lotería a cambio de veinticinco años, tenemos también el bono hogar, con el que podría cancelar su hipoteca a cambio de tan solo ocho años.
- Oiga, si se trata de una broma...
- No se trata de una broma, Eduardo, el bono de estancia anual en el Infierno ha aparecido este año en la revista Hades como uno de los tres mejores productos financieros. Usted elije su deseo en función de los años que desee pasar en el Infierno e incluso elije la forma de pago.
- ¿De verdad podría cancelar mi hipoteca?
- Efectivamente, Eduardo.

Al otro lado de la línea, Eduardo Gómez puede sentir la sonrisa teléfonica del vendedor, no le gusta, pero la oferta es tentadora y no pierde nada con escucharle, aunque no soporta el modo en que ese intruso que acaba de sacarle de la siesta no deja de repetir su nombre una y otra vez.

- ¿Cómo funciona eso?
- Aplazar la hipoteca supondría ocho años de asistencia a un curso de riesgos laborales continuo.

La oferta es tentadora, pero la sola perspectiva de tener que asistir a un curso de riesgos laborables, siquiera por un solo día, le parece insoportable. El silencio al otro lado del teléfono indica a Juan que el pez se lo está pensando.

- Eduardo, imagínese no tener que pagar nunca más un recibo de hipoteca, poder viajar, salir a cenar los fines de semana, tener dinero para darse los caprichos que usted se merece.
- ¿Qué capricho me iba a dar, si no tengo trabajo?
- Precisamente para gente como usted esta pensado el bono de estancia temporal, Eduardo, mañana mismo puede encontrar trabajo a cambio de tan solo cinco años en el Infierno.
- ¿Podría ser un trabajo de lo mío, como mecánico?
- Por supuesto, Eduardo.
- ¿Y en qué consistiría la penitencia?
- Como le dije, usted elije la forma de pago, la primera oferta consiste en dedicarse durante cinco años a escuchar todos los mensajes del Rey repetidos en bucle, la segunda consiste en realizar un trabajo de representación comercial para el Infierno.

A Eduardo Gómez aquello no le suena tan mal, a fin de cuestas se trata de un trabajo estable para el resto de su vida, así que acepta.

- Pues nada, Eduardo, al finalizar esta llamada no olvidé hacerse un corte en un dedo y verter su sangre en un gallo negro muerto entre las doce y las dos del medio día, justo en ese momento olvidará esta conversación y al día siguiente encontrará trabajo.

Un día más tarde, sin saber por qué motivo, Eduardo Gómez se encuentra con un gallo muerto entre las manos y con un mozo de mirada hosca que corre hacia él con un grueso bastón en la mano. Al día siguiente, con un ojo morado y las costillas doloridas, recibe una llamada de una de las cadenas de talleres mecánicos más importantes del país para ofrecerle un puesto como encargado.

Pero no lleva ni dos días de trabajo en el taller cuando se le desploma un coche encima y Eduardo Gómez deja este mundo, y no lleva ni dos minutos muerto cuando se presenta ante él un tipo trajeado que apesta a azufre.

- Hola Eduardo, soy Celestino Menéndez, comercial de Arderás, empresa colaboradora con el Infierno, ¿cómo te encuentras?
- Algo aturdido.
- Bueno, es lo normal cuando te mueres, nada de qué preocuparte. No sé sí recuerdas que firmaste uno de nuestros bonos de estancia temporal en el Infierno.
- Sí, ahora lo recuerdo todo, pero apenas he podido disfrutar de mi trabajo.
- Lo siento, Eduardo, pero en el contrato que firmaste especifica claramente que tienes que pasar cinco años en el Infierno, sin tener en cuanta el tiempo que hayas disfrutado de tu deseo.
- Supongo que firmé cuando maté aquel gallo y unté sus plumas con mi propia sangre.
- No, qué va, eso no vale para nada, pero nos gusta porque le da un toque más elegante a la transacción, ¿no crees?
- Visto así...
- Pues nada, Eduardo, acompáñame, que te voy a llevar a tu puesto de trabajo para que desempeñes la penitencia que elegiste.
- Como comercial era, si no recuerdo mal.
- Bueno, comercial, comercial...

Eduardo es conducido a través de varios círculos del Infierno hasta llegar a una amplia sala en la que hay dispuestas varias hileras de hombres y mujeres llamando por teléfono. Una confusión incesante de voces llena la enorme estancia. Celestino lo conduce junto a una silla vacía y le pide que tome asiento.

- Juan, este es tu nuevo compañero, indícale en qué consiste su trabajo.
- Juan Pérez, encantado-. Eduardo estrecha la mano que le tiende su futuro compañero-. Tienes suerte, al menos el respaldo de tu silla no está roto, ¿qué haces por aquí?
- Contraté un bono de estancia temporal en el Infierno.
- Ah, fenómeno, entonces ya sabes a qué te vas a dedicar durante los próximos cinco años.

Quique Castro.

lunes, 8 de febrero de 2016

Televenta: los depredadores telefónicos

El habitat natural de los vendedores telefónicos es una jungla a la que hay que saber adaptarse para sobrevivir, una intrincada selva de palabra oportunas y silencios traicioneros en la que unas pocas frases hechas sirven de senderos por los que transitar, y en los que un pequeño detalle puede significar la diferencia entre el éxito o el fracaso, entre comer o ser devorado. En esta selva habitan no pocos depredadores, cada uno con sus técnicas particulares que trataremos de desgranar a continuación.


La serpiente

La serpiente es una cazadora nata, es taimada y peligrosa, y envuelve a sus presas poco a poco y sin que se den cuenta en un abrazo tan letal como alevoso. Así es el el teleoperador-serpiente, simpático, cercano y afable, saca información del cliente sin que este se de cuenta y la usa para engatusarle.  La pitón de los vendedores es elegante y precisa y nunca pierde de vista su verdadero objetivo, que no es caerle bien al cliente, sino vender. Se trata, tal vez, de la reina de los depredadores telefónicos.


El dragón de Komodo

Fuerte, feroz, persistente, insaciable, dotado de unas garras terribles y unos dientes afilados que lo convierten en la pesadilla de sus presas, no importa el tamaño que estas tengan, así es el dragón de Komodo. Cuando hinca los colmillos en su presa, esta puede darse por perdida, ya que las bacterias que segrega su saliva la acabarán envenenando. El veneno va debilitando a la víctima, que además sufre el hostigamiento infatigable de este fabuloso depredador. Así es el teleoperador-dragón, una vez que el cliente descuelga el teléfono y le deja hablar, ya no hay vuelta atrás, el dragón le acosará sin descanso, rebatirá incesantemente, acabará con su paciencia y nunca aceptará un no por respuesta. El dragón es un reptil carente de empatía con un solo propósito: la venta. El cliente acabará ofuscado, debilitado, desesperado y pronto se dará cuenta de que sólo tiene dos opciones: colgar o comprar.


El camaleón

Pasa desapercibido, se adapta a las circunstancias, su aspecto es afable y a veces puede parecer despistado, pero cuando detecta a su presa es rápido y preciso. El teleoperador camaleón puede ser todos y cada uno de los vendedores depredadores: puede ser cordial y seductor como la serpiente, infatigable y pendenciero como el dragón de Komodo, pero también puede ser dócil como el perro. El camaleón puede atacar con la altivez de un ejecutivo agresivo o con la afable cordialidad de un humilde empleado, escucha atentamente a todos sus compañeros, anota las frases que le gustan de unos y otros y las usa según las circunstancias. Si el cliente es de tal sitio, el teleoperador ofidio veraneará allí cada verano, si el cliente tiene un hijo, la serpiente tendrá dos, si se trata de un divorcio, ella se acabará de separar. Pero no debe confundirse esta estrategia de caza con el vil peloteo.


La mantis religiosa

La mantis religiosa es un insecto pequeño que esconde a un depredador temible. Siempre atenta, nunca baja la guardia, tiene un cuello que puede girar 180º para observarlo todo, se camufla bien y no tiene piedad, tanto es así que las hembras pueden llegar a comerse la cabeza del macho con el que acaban de copular. El teleoperador-mantis religiosa se da más entre las mujeres; son melosas, manejan como ningún otro depredador el tono de voz, la palabra "cariño" forma parte de su arsenal de caza y, con la misma frialdad que las hembras de mantis religiosa, son capaces de comerle la cabeza al cliente hasta que este, sin saber cómo ni por qué, accede a todo lo que le pidan.


La planta carnívora

No corre, no salta, no vuela, y sin embargo se trata de un depredador efectivo, aunque algo aburrido de escuchar. Al contrario que el camaleón, el teleoperador-planta carnívora siempre hace lo mismo, se presenta igual y rebate con las mismas frases. Su éxito depende, sencillamente, de esperar con paciencia a que haya un cliente incauto que le aguante por cualquiera que sea el motivo. El éxito del teleoperador-planta carnívora se basa en dos armas: estadística y perseverancia: si repite el suficiente número de veces la misma letanía, de modo indefectible acabará por caer alguna presa.


El perro

El perro es afable, cordial y simpático. También es así el teleoperador-perro, empatiza rápidamente con el cliente, le entiende y sabe caerle bien, rechaza cualquier atisbo de discusión y jamás pierde la sonrisa telefónica. El teleoperador-perro no es un depredador, es una víctima destinada a engrosar las filas formadas por todos aquellos que, al cabo de un mes o dos, dejarán la silla vacía para que la ocupe otro. El lugar natural del perro es la recepción de llamadas, donde será valorado y seguramente le aguarde un largo porvenir.

¿Y tú qué eres, presa o depredador?


Quique Castro.