Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de mayo de 2012

El diablo es devoto



No pongo en tela de juicio la existencia de Dios. Yo creo, igual que podría no hacerlo. Lo que cuestiono es a la religión, a todas las religiones. Creer en Dios es un acto íntimo, la religión es una cuestión social que nos afecta a todos. Con respecto a la existencia del diablo no lo tengo tan claro, pero una buena prueba de su existencia podrían ser las religiones, y concretamente las declaraciones de sus representantes por el Orbe todo. Imagino a Satanás con la mano metida debajo de la sotana del obispo de Alcalá para regocijo de este, cual marioneta, haciendo lo que mejor sabe, sembrar discordia y odio.

Rouco-Varela tampoco decepciona, y si no atención a sus últimas declaraciones en defensa del obispo de Alcalá, en las que se muestra muy preocupado por la separación de poderes entre el Estado y la Iglesia. "Ninguna institución humana está legitimada para juzgar y, menos aún, impedir que se enseñen los contenidos de la doctrina católica (…) Cuando tal juicio e intento de conculcar la libertad religiosa procede formalmente de una institución política, se produce una triste e intolerable violación de los derechos humanos y del principio de separación Iglesia-Estado".

Es decir, que la Iglesia puede predicar su doctrina aunque sea dañina, homófoba y atente contra los derechos de las personas, pero el Estado no está legitimado para pararle los pies porque las leyes del Estado son cosa humana, y la doctrina de la Iglesia es cosa divina. Después de las declaraciones de este ministro de sí mismo, ve y dile ahora a un fanático de la ablación o a un aficionado a la poligamia con menores que debe respetar los derechos constitucionales y la legalidad vigente. Te dirá lo mismo, que las leyes humanas no han de interferir en los retorcidos gustos de su dios.

No se le ve tan preocupado a Rouco por la separación entre el Estado y la Iglesia en todo lo concerniente al concordato de 1979, según el cual la Iglesia está exenta de impuestos sobre inmuebles (Artículo IV.A), exenta de impuestos sobre la renta y el patrimonio (Artículo IV.B), exenta del pago del IVA para objetos destinados al culto (Artículo III.C)… etc. Bueno sería que este principio de separación entre el Estado y la Iglesia al que apela el vil purpurado se hiciera efectivo.

Por lo que a mí respecta la Iglesia católica no merece ningún respeto, como no lo merece ninguna otra religión, ya sea el islamismo, el judaísmo, la cienciología… Me merecen respeto sus seguidores, eso sí, en tanto que víctimas, y respeto también su libertad para asociarse y venerar todo aquello que deseen siempre y cuando no vaya en detrimento de los derechos sociales conquistados, por lo general a su pesar.

Todo lo que de bueno pueda ofrecer cualquier religión; la bondad, la caridad, el perdón… o de malo; el separatismo, la razón absoluta, la necesidad de convencer, la verdad revelada… son rasgos propios de la especie humana, sea cual sea su origen étnico. El resto son pinceladas culturales más o menos descabelladas, mitología pintoresca, simbología y representaciones. En cierta medida la religión existe por la necesidad que tenemos de explicarnos el fin último de nuestra existencia, el sentido de la vida, pero también por nuestra condición de seres gregarios. La religión es consecuencia de la naturaleza humana, no de la revelación divina.

Iniciar a un hijo en una religión para que alcance determinados valores es un absurdo. No es necesario un dios, sean cuales sean sus “especificaciones”, para decirle a un niño que no debe hacer lo que no le gustaría que le hicieran, recordarle que debe ayudar al prójimo o enseñarle a perdonar.

Mucho más seria e interesante me parece la doctrina del pastafarismo. El pastafarismo, conocido también como religión del Monstruo Espagueti Volador, surgió en los Estados Unidos como protesta por las pretensiones de los grupos ultraconservadores durante los mandatos de George W. Bush, cómo no, de igualar el creacionismo a las teorías evolutivas. Básicamente se amparaban en que no se puede demostrar que Dios no haya creado el mundo, y por ello pedían su enseñanza en las escuelas. Fue entonces cuando un tal Bobby Henderson, licenciado en física en la Universidad de Oregón, creo la religión del pastafarismo y, amparándose en los mismos argumentos, escribió una carta al Consejo de Educación del Estado de Kansas solicitando su enseñanza en las escuelas.

Según el pastafarismo el mundo ha sido creado por un amasijo de espaguetis con albóndigas, y hasta hoy nadie ha podido demostrar que esto no sea cierto.

En realidad, con o sin religiones, seguiremos sufriendo a personajes de tan baja estofa como Rouco Varela, el obispo de Alcalá, el Imán de Terrassa y tantos y tantos otros, porque no son ni más ni menos que el producto condensado de todo lo que de perverso e innoble tiene el ser humano. Las bellacas declaraciones de estos seres esperpénticos son el producto de unas mentes enfermas de miedo y de unos espíritus retrógrados y dañinos. Apelan a lo peor del ser humano, y lo hacen del modo más obsceno, esto es, amparándose en el bien y en preceptos divinos de los que sólo ellos son depositarios, cada uno del suyo, eso sí, porque curiosamente las manías de sus dioses van cambiando a medida que nos desplazamos en latitud y longitud. Apelan, como digo a lo más oscuro de nuestra naturaleza, y lo peor es que encuentran respuesta.

Y es que la maldad es un atributo muy humano





lunes, 21 de mayo de 2012

Yo maté a mi mejor amigo

Hacía años que Jorge no entraba en una iglesia, le horrorizaban. Aún así, no tenía miedo de que ningún rayo justiciero cayera sobre su cabeza. Si Dios existía, no entendía porque dejaba que existieran lugares como aquel. Se sentía furioso y sólo quería permitirse el lujo de darse una buena pataleta.

Con aire contrito pero satisfecho, la anciana se santiguó y se levantó con dificultad para ir a cumplir la penitencia impuesta. El sacerdote abrió la puerta del confesionario pero Jorge se anticipó.

-Padre, si no le importa. -El sacerdote no se esforzó en disimular las pocas ganas que tenía de seguir allí metido, aún así, le intrigó aquel muchacho por su juventud y porque no recordaba haberle visto antes. Por eso volvió a meterse en el confesionario y abrió de nuevo la reja de madera.

-A ver, dime.

-Padre, he matado a mi mejor amigo.

-¿Qué has dicho?

-La verdad, no sé cómo se lo montan, pero ustedes siempre se equivocan en todo. Por cierto, Ave María purísima.

-¿Qué dices que has hecho? –preguntó el sacerdote con una mezcla de nerviosismo y malestar

-Ya se lo he dicho Padre, he matado a mi mejor amigo, aunque la verdad es que no me arrepiento ni lo más mínimo.

-Si no te arrepientes, ¿para qué vienes aquí?

-¿Prefiere que me vaya?

El sacerdote era un tipo duro.

-Me da igual lo que hagas. Si no te arrepientes, sí, es mejor que te vayas.

-Nadie puede resistirse a una buena historia, padre. Deje que le cuente. –El sacerdote se había jugado un farol, pero sabía que no podría irse hasta haber escuchado lo que aquel joven tenía que contarle-. Verá, hará cosa de seis meses que Fermín se quedó tetrapléjico. Fermín era mi mejor amigo-. A través de la celda de madera se escuchó la respiración concentrada del sacerdote, que apoyó la frente en su mano derecha en un gesto que a Jorge le pareció sacado de una película-. Fue en un accidente de quad, ya sabe, las motos esas de cuatro ruedas, ¿sabe lo que le digo?

-Sí, lo sé. Sigue, por favor.

-Susana, la mujer de Fermín, salía de cuentas en dos meses cuando ocurrió todo. Imagínese el percal. Una putada de las gordas, padre.

-Una de las grandes -dijo el sacerdote, al que, definitivamente, no le gustaba la forma en que aquel joven le llamaba padre.

-Ya sabe por dónde voy, ¿a que sí, padre? Pues eso, que Fermín no quería seguir viviendo. Sí, claro que quería ver a su hijo, pero ¿puede usted imaginarse lo que es estar tumbado en una cama sin poder mover nada más que la cara? Yo no. He pensado mucho en ello, pero no soy capaz, ¿y sabe por qué? Porque cuando yo salía de aquella habitación y caminaba por los pasillos del hospital con la garganta agarrotada, Fermín seguía allí postrado, y seguiría para siempre.

-¿Lo has hecho de verdad?

-¿Quiere decir que si le he matado? Pues claro. Los dos mayores deseos de Fermín eran ver a su hijo y morir. Decía que no quería que su mujer tuviera que cuidar de dos bebés.

-No tenías derecho a decidir sobre una vida, eso sólo puede hacerlo Dios.

-¿Y eso quién lo dice?

-Lo dice la Iglesia.

-Padre, creo en Dios demasiado como para creer en ninguna religión y en ninguna iglesia. Ustedes dicen que Dios desaprueba la eutanasia, yo digo que a Dios la eutanasia le parece genial y creo que ninguno ha tenido el gusto de hablar con él.

-¿Cuándo ocurrió?

-Bueno, está todo bastante reciente. La semana pasada.

-Dios mío, ¿qué has hecho?

-Ellos le dieron aquella silla que podía mover con la boca y todos parecían estar entusiasmados con la idea. Yo también, claro, queríamos animarle. En realidad me recordó un poco a cuando se compró el quad. Pero yo sabía lo que pretendía Fermín porque me lo había dicho. Me dijo que el día que le dieran esa silla sería el último día de su vida. No fue exactamente así, pero más o menos.

-¿La policía lo sabe?

-Lo sospechan. Todos lo sospechan, pero eso no tiene demasiada importancia. Fermín era mi mejor amigo, yo lo quería. Si tengo que pagar el precio, lo haré; me gusta pensar que él habría hecho lo mismo por mí. Aquel domingo llegué a su casa y vi cómo se despedía de su mujer y de su hijo. No quiera imaginarse la escena, padre. Su mujer le llenó la cara de besos y le acercó a su hijo para que lo besara. “Acércamelo más” dijo Fermín. Susana se lo acercó y Fermín respiró hondo, “es el mejor olor del mundo”, dijo. Luego me llevé a Fermín a la montaña. En realidad no hice nada, sólo le puse en su silla y buscamos un llano donde pudiera rodar con facilidad hasta el final, nos fumamos un cigarrillo y charlamos un poco. Luego me di la vuelta y me fui a mear detrás de un árbol. Dijo que aquel era el mejor día desde que había tenido el accidente.