domingo, 6 de mayo de 2012

Una historia con final feliz


Tabitha llegó del Dunking Donuts en el que trabajaba, dejó las bolsas de papel con la compra encima de la mesa y se abrió una Cocacola. Al tirar la chapa en la basura vio las hojas arrugadas y le picó la curiosidad. Cuando Steeve volvió del instituto en el que acababan de contratarle para dar clases de lengua, se encontró a su mujer cocinando y sus cuatro páginas con manchas de ceniza y salsa de carne encima de la mesa de la cocina.
-No tenías que haberte molestado, no vale mucho.
-A mí me ha gustado.
-No sé cómo seguir, me he metido en un buen berenjenal.
-¿Qué tienes en la cabeza?
-¿Te acuerdas el verano pasado, cuando trabajé de conserje en el instituto?
-Claro.
-Una tarde tuve que ir con el fontanero a limpiar los vestuarios de las chicas, fue raro-. Tabitha sonrió-. Quiero decir, es como el de los chicos, pero al mismo tiempo es totalmente diferente. No tiene los meaderos en las paredes.
-Cierto.
-Y también están esos cubos metálicos. No sabía para qué eran, así que le pregunté a Harry.
-¿Y qué te dijo Harry?
-Que eran para tirar los “tapachochos”.
-Harry es un poeta.
-Sí, el caso es que allí, en el gimnasio de las chicas, me acorde de Sondra.
Tabitha arrugó la frente.
-¿Quién es Sondra?
-Era la típica chica de la que se burlan todos en el instituto.
-¿Tú te burlabas de ella?
-No, yo no… bueno, supongo que también puse mi grano de arena.
-Y querías escribir sobre Sondra.
-No lo sé. Me imaginaba a una chica que le llega su primera menstruación, pero no sabe lo que es y cree que se está muriendo, entonces las demás chicas se ríen de ella y reacciona, contraataca. 
-¿Y qué hace?
-Dicen que muchos casos de polstergeist en realidad son debidos a la telequinesis.
-¿Eso dicen?
-Sí, y también dicen que sucede sobre todo con chicas que están en el inicio de la adolescencia.
-Deberías seguir con la historia.
-No sé, no me emociona, y la protagonista no me cae bien, es muy pasiva, ni siquiera cuando ocurren las cosas parece que sea asunto suyo.
-Bueno, ese es tu trabajo, hacer que lo sea.
-Ya…, pero qué sabré yo de niñas que tienen su primera regla. Además, creo que tendría que hacer más larga la historia para desarrollar la idea, y así no me la comprarían en ninguna revista. Tenía pensado enviarla a Playboy, ¿sabes lo que pagan en Playboy por un cuento?
-Olvídate de Playboy, Steeve, y escribe esa historia -dijo Tabitha devolviendo los papeles a su marido.
No es que el trabajo en el instituto fuera duro, era mucho peor cuando estaba en la lavandería y llegaban las sábanas del hospital de Bangor manchadas de sangre, o los manteles de los restaurantes de la costa de Maine con olor a marisco podrido y aquellos gusanos que le subían por los brazos, pero el instituto le dejaba mentalmente exhausto, vacío. Aún así acabó su historia y se la mando a Bill Thompson, un tipo que conocía que trabajaba en Doubleday. Y se olvidó del tema.
Unos meses más tarde Steve estaba en la sala de profesores corrigiendo exámenes cuando se encendió el intercomunicador y la secretaria le informó de que tenía una llamada de su mujer. En casa todavía no habían puesto teléfono, así que Tabitha tenía que estar llamando desde casa de los vecinos. Steeve rezó para que no les hubiera pasado nada a ninguno de los niños.
-¿Tabby?
-¿Steeve?
-Tabby, ¿qué pasa?
-Tanquilo, tranquilo. Ha llegado un telegrama de Doubleday.
-¿Qué dice?
-Espera… sí… dice “FELICIDADES. CARRIE YA ES OFICIALMENTE DE DOUBLEDAY. ¿QUÉ TAL 2500 DE ADELANTO? ESTO SÓLO ES EL PRINCIPIO. UN ABRAZO.

Quique Castro.
Basado en "Mientras escribo", de Steephen King.

jueves, 3 de mayo de 2012

Reflexiones de una gata, por Mary Joe Watson-Gardcher


Cómo me gusta mi manta… es un poco rollo tener que colocarla bien una y otra vez, marcando cada punto clave con mis uñas. Y es que cada vez que la pongo perfecta y a punto para hacerme una bola y quedar en coma, alguien me despierta e intenta, sin gran éxito, quitar los restos de mi blanco y suave abrigo y la fastidia. Ellos argumentan que quitan los pelos (¿¿¿qué pelos???) y la pliegan, pero sólo consiguen hacerme repetir una y otra vez la misma operación.

Menos mal que de vez en cuando se van de casa. Entonces, desde mi silla para mirar humanos que miran la tele, me quedo vigilando la manta y el rincón del sillón que me gusta. También me gusta mover de un lado al otro el bebedero y a veces en el proceso tiró el agua por fuera. Eso parece molestar un poco al humano con el que vivo, pero es cuestión de prioridades…

Y es que en mi casa hay varios humanos, mi favorito, Kaik, y el resto. Con el resto a veces hay más o menos suerte y según cuáles sean me dejan entrar en su habitación, me dejan ver la tele sobre ellos o me dan pavo…  pero Kaik no falla. Siempre me esconde las orejas y juega a que han desaparecido, me tira por los aires y me recoge, me hace la moto (hace ruido de moto conmigo sobre su pierna peinándome hacia atrás las orejas mientras pongo cara de velocidad)... Yo no lo entiendo mucho, pero él se ríe. Dice que me va a comprar otro abrigo para que me cambie de ropa, eso sí que me da mucha risa…con lo sexy que estoy con el mío. Dormimos juntos la siesta encajándome en su sobaco, resulta una unión perfecta. Además, huele muy bien, casi tanto como la bolsa del gym que tanto me gusta. Lástima que lo eche todo a lavar en seguida.

También hacemos juntos los deberes, él sentado frente a su ordenador y yo al lado, sentada en el extremo de la mesa dándole ideas, aunque creo que no se entera de ninguna. De todas formas la mayoría de las veces le ayudo desde la cama, así vigilo su manta de Spiderman aprovechando para colocarla, por supuesto. También le hago sugerencias sobre qué escribir, pero no suele utilizar lo que le digo; supongo que mis temas de interés (siestas y mantas, tumbarme en la mesa al sol, salir al balcón, comer pollo o pavo, colarme en las habitaciones…) no son sus musas de inspiración.  

Por eso hoy he aprovechado para escribir directamente en su blog, creo que últimamente ha buscado colaboradores. Seguro que no se atrevía a pedírmelo… No sé cuánto tardará en leer este post, últimamente está más ocupado de lo habitual buscando compañero de piso, y no es por nada, pero  debo decir que le ayudo; recibo a cada visita en las escaleras, lo saludo, le voy guiando y mostrando cada habitación… Aunque no todos lo agradecen igual, el protocolo humano por lo general no incluye hablar con los gatos.

Debo terminar, se acerca la próxima visita y tendré que colocar las mantas y el bebedero correctamente para dar buena impresión. Igual otro día me animo y escribo otro post sobre nanotecnología, la escolástica medieval, o las últimas versiones del musical “Cats”. Hasta entonces saludos desde mi manta.

Mary Joe Watson-Gardcher.

martes, 1 de mayo de 2012

Deconstruyendo a Enrique Valmont, por Rafael Real, conde de Montecristo



Convertida la apostasía en la única desembocadura coherente a nuestro reguero vital, comprobado que el fraude soborna el modus vivendi de la cada vez más egregia caterva de veleidosos papanatas, juicioso el Viernes, propone unos clásicos, una considerable pero nunca desatinada cantidad de marisco, un iracundo golpe de martillo a la péndola y un exorcismo en forma de burofax mediada la hora de las sombras, porque para ser feliz, ya ven, a uno no le hace falta demasiado, sin hacerle ascos a aquel camión, no se vayan a figurar que amén de con un bolchevique, intiman con un gilipollas, nada más alejado de la realidad. Como bien señala en cada peregrinación el irreemplazable Agente Rouco, a todas luces imbuido por la praxis zen del singular Páter Menocal, es más rico el que menos precisa, no el que más atesora, aunque haciendo una frívola disección del alma, de lo divino en lo humano apenas encontramos muecas pendientes de filiación, tal vez algún lavado de cara de más de un cabrón mogrollo que apadrina niños a costa de los chicotes que me gorronea, y es que la cosa está fea créanme, los hippies nos invaden por un lado y por otro, los temibles reaccionarios, nos encontramos atrapados entre los muros de la hipocresía, no nos queda papel y el despertador ya ha sonado hace un rato, preguntándonos con indignación sobre el inexplicable motivo de continuar tendidos en el petate...

Por lo tanto, rematados los innecesarios preliminares, tomemos un respiro guardando la pólvora a buen recaudo, en este bendito país al Norte de la Madrileñísima, la humedad cala los huesos y malbarata lo endeble, barroco e intensamente ampuloso, pese a que de entre los delirios de este fósil rebrote de vez en cuando alguna tormentosa recapitulación, que bien actuaría reposando entre los restos de la mugre, entreverada entre los residuos, porque de tal naturaleza es su repulsiva esencia y su tendencia natural, el eterno retorno a origen, vil, corrupto, ignominioso y viciado. Pero dejemos de lado la poética y abandonémonos sin profilaxis ni matices a la fiera honestidad, reconozcamos que ciertas horas son para encontrarse a solas catando Four Roses, excelente alternativa al precio del Jack y desde luego a la recua de pérfidos ególatras viscosos que solo ansían nuestra compañía en un fútil intento de esquivar el abandono, alejados del anhelo de nuestra flema, indulgencia  y no menos controvertida sabiduría. Asumamos pues, que cierta parte de uno anhela la monotonía, las rigurosas pautas reveladoras del tamaño de nuestro enemigo y la intensidad de nuestro esfuerzo, bien sabido es que la Gran Aventura vació todas nuestras energías aquella noche en la que le dimos el dernier au revoir al occiso de la sandez en el túmulo de las causas prohibidas, donde se ulceran los huesos de Milady de Winter y marchitan las únicas flores de galantería, las de su ensalzado sepelio. Seamos rectos propongo, desnudemos nuestra alma acatando que mantenemos ciertas dudas acerca de la imagen que nos devuelve el espejo, la de ese desconocido que nos recuerda vagamente a uno mismo en otra época, mucho más tierno y enérgico, pero tan airado como siempre, al fin y al cabo nos hace recordar al lobo que algunos cobijamos, felizmente a buen recaudo, o al menos eso quiero creer, y una vez hallada la conciliación, reflexionemos sobre lo sólido, lo efectivamente trascendente y relevante, ajenos a intolerables referencias del pasado, crueles castigos innecesarios sobre los que no debemos realizar mención, ni pintadas ofensivas en las letrinas de las terminales tabernas aniquiladas por la maldita crisis y la Ley Antitabaco o tal vez, por las depravadas maquinaciones de esos facinerosos conspiradores a los que por el momento, no he logrado adjudicarles rostro, aunque sí consigo identificar con suma expedición., que sí, son los que piensan, por eso parece sensato mirar hacia las estrellas y contemplar deslumbrados el reflejo conjeturado por el cristal, un tipo penetrante al que hemos aprendido a consentir, con sus desperfectos, virtudes y excesos de vehemencia, porque ¡hossana!, ha llegado la hora de concienciarse de que el cine es un imprescindible arte derivado de la mentira, una dama que trata de persuadirnos de que soñar nada cuesta, reservándose para sí que el realismo arroja que de perseverar anegados en la fantasía más de un instante, nos expone a ser gobernados por la demencia, aquella que nos priva de la lucidez prematuramente, y sin embargo, redentora de aprensiones y vínculos, acaudillándonos con firmeza hacia la apasionante libertad como individuos,  first we take Manhattan, then we take Berlin (*), queridísimo Valmont, sigamos ciñéndonos a la impertinencia...

Rafael Real, conde de Montecristo.
Blog: Nuestra casa, la Tasca: http://ciudadanotasca.blogspot.com.es/

domingo, 29 de abril de 2012

¿El tamaño importa?, por Marc Casado


Vamos  a dejar clara una cosa, un fotógrafo  profesional  no es un actor porno, no vamos a impresionar a nadie acoplando en la cámara una óptica más o menos larga. Esa función es para los fantasmas no profesionales. Esos que para fotografiar a su hija de 5 años lo hacen a 30 metros de distancia para probar el 500 mm catadióptrico f/8 que se compraron la semana pasada en “yo no soy tonto”. -Tonto no, imbécil sí. Con un 85 te basta. Básicamente porque aunque te acerques a tu hija no te va a morder ni asesinar con un cuchillo.
Las ópticas se utilizan en función del trabajo que vamos a realizar, es lógico que un reportero gráfico de deportes lleve una óptica de largo alcance, ya que si va por ejemplo al Camp Nou a fotografiar un partido del Barça no puede acercarse a Messi con un 20 mm cuando va a marcar gol. Le daría una patada en toda la cabeza que le metería la cámara hasta el estómago.
Uno de los fotógrafos más versátiles y que más tipos de ópticas diferentes utiliza es el fotoperiodista, son personas muy involucradas en el tema que desarrollan siempre en primera línea y muy observadores (podéis leer también el artículo “UN CAMALEÓN CON CÁMARA”), algo que implica proximidad, por eso utilizan mucho distancias focales cortas ente el 20 y el 85 mm. La óptica preferida de Cartier Bresson era el 35 mm por ejemplo. La mía es el 20 mm. Se utiliza también mucho el 28 mm, etc, etc… Son ópticas que permiten explicar muy bien lo que está ocurriendo, por su profundidad de campo y por su amplio campo de visión. De todas formas las distancias focales largas son también imprescindibles para un fotoperiodista. Se utilizan bien para fotografiar detalles descriptivos o cuando es imposible acercarse a la escena. Un corresponsal de guerra necesita más que nadie este tipo de ópticas en la mayoría de casos por un tema de seguridad. Puedes acercarte a la mayoría de situaciones que ves, pero no te acerques a un tiroteo. Los héroes viven en los cómics. ( considero que  este es uno de los trabajos más admirables de la fotografía). Aquí un ejemplo: “Robert Kapa”.
Los fotógrafos de naturaleza también utilizan diferentes tipos de ópticas, los macro son muy comunes entre ellos y también las distancias focales largas.
Lo cierto es que la fotografía es muy amplia, no os dejéis llevar por el consumismo puro y duro, comprad el equipo que realmente se adapte a  vosotros/as y paso a paso ya lo iréis ampliando.
Un saludo. 

Marc Casado.
Blog de Marc Casado:  http://marccasado.blogspot.com.es/

sábado, 21 de abril de 2012

La mirada y el gusto



Recuerdo un libro que había en mi casa cuando era pequeño, se titulaba “El ojo del pintor”, me parecía complicado y prefería hojear los comics de Flash Gordon o del Teniente Blueberry que guardaba mi padre. Un día le pregunté si acaso los ojos de los pintores eran diferentes, y me dijo que sí, que los pintores miraban las cosas de otra manera.

Yo me imaginé entonces que debían ver el mundo como a través de un caleidoscopio, en una mezcla extraña de colores y formas; aunque sabía que no se refería a nada parecido, esa era la idea que me venía a la cabeza. Lo cierto es que los pintores miran diferente, los escritores leen diferente y los músicos escuchan de otra manera. No hace falta ser creador, aquel que aprecia un Arte, sea cual fuere, acaba entrenando su sensibilidad, aún sin darse cuenta. Al entrenar un músculo, este se fortalece, y lo mismo pasa con nuestra capacidad para apreciar.

Otro recuerdo de cuando era pequeño, uno de mis favoritos, es cuando mis padres me llevaron a ver “En busca del arca perdida”. Era domingo, salíamos de casa de mis abuelos y el plan no estaba previsto, con lo que la sorpresa fue mayor. Recuerdo la experiencia como algo abrumador, una sensación de desconexión exagerada, de pertenencia a otro mundo. Más o menos con la misma edad, seis años, mi madre me llevó un sábado por la tarde a ver “Una noche en la ópera”, de los Hemanos Marx. “Te aburrirías”, me han dicho en más de una ocasión, “una peli en blanco y negro, tan antigua”. No fue así; de hecho mis carcajadas de loco se escuchaban en todo el cine.

Tal vez sean circunstancias como estas, tan casuales, las que pueden marcar de por vida a una persona, porque desde entonces he perseguido ese chute de alienación en mil películas, la mayor parte de las veces sin conseguirlo.

Me gusta el cine como experiencia física, y, si cierro los ojos, aún puedo recordar el olor del teatro Colón en La Coruña; una mezcla de ambientador extraño, polvo en suspensión y la rancia tela de las butacas de madera. Pero claro, la mayor parte del cine lo he visto en la tele. Mi padre, de nuevo, tuvo la oportuna ocurrencia de sentarme a su lado a ver películas que tal vez hubieran parecido poco apropiadas para un niño (por su antigüedad o temática, simplemente), y así conocí a los grandes como John Ford o Peckinpah, y vi pelís como “El hombre tranquilo” o ”Perros de paja” (no hablo por hablar, recuerdo el momento).

El caso es que el gusto se va fraguando y diversificando,  y así llegaron Allen, Bergman, Truffaut, Scorsese… Uno prueba, elige o desprecia, y por el camino va aprendiendo. Y al final, sin ser engreído, pero tampoco hipócrita, se considera capacitado para dar su opinión, e incluso dictaminar si una película es buena o mala.

El problema es que esto a la gente no le gusta, nadie quiere que le digan que la peli que le ha gustado es una bazofia, y se acogen al respetable argumento de que no hay pelis buenas ni malas, sino pelis que te gustan o que no.

¿Es así de verdad? Si a mí un musicólogo experto me dijera que “Tristan e Isolda” es una obra maestra, yo no me atrevería a enmendarle la plana, aunque me durmiera de aburrimiento en el Liceo mientras escuchaba esta ópera. Y si me dijera que tal obra de Mozart es inferior a tal otra del mismo compositor, yo podría decir cual me ha gustado más, pero no me atrevería a desmentirle.

En el cine sí, en el cine nadie soporta que le digan que tal peli es infumable, ¡no señor, será que a ti no te ha gustado! Y no digo que no tengan razón. En todo caso, puestos a dar una opinión, debemos justificarla con argumentos.

“Hay un montón de primeros planos”, “la cámara se mueve para crear sensación de acción, y eso me marea”.

“Pues a mí me emociona”.

“El guión no es creíble”.

“¿Cómo que no?, Lo mejor es cuando ella dispara con efecto y con la misma bala mata al malo, desactiva la bomba y apaga el despertador”.

Cierto que algunas veces películas malísimas artísticamente (perdón), resultan ser unos productos comerciales de primera calidad. Otra cosa es que a veces el experto mira la obra del arte con el cerebro, y no tanto con el corazón, se pierde en disquisiciones teóricas y se olvida de mirar, no con “el ojo del pintor”, sino con el del niño que fue. Y, como dijo Charlie Sheen hablando de sus dos novias, en el medio está la virtud. Bueno, tal vez no fue él, pero viene al caso.

Quique Castro.

miércoles, 18 de abril de 2012

Justicia ciega sí, pero no tonta



A la ciudadanía se le está mandando un mensaje muy claro, y es que existe una justicia implacable para el ciudadano de a pie y otra para los poderosos, mucho más tolerante y permisiva. Ni somos iguales ante la ley ni a nadie le importa. A los jueces instructores del caso Babel no les tocó una perita en dulce. ¿Cómo llegar al meollo de todo un entramado de corrupción pero respetando el papel de la infanta? 

Podría parecer difícil, pero no lo es. No lo es porque en este país nos toman el pelo y ni siquiera tienen la delicadeza de disimular, ¿para qué, si nos da igual? La ley es una farsa, lo vemos una y otra vez. No importan las pruebas, el juez tiene libertad para aceptarlas o rechazarlas según sople el viento, y en idénticos casos puede argumentar a favor o en contra según le convenga al poderoso y a él mismo, tal y como ha pasado con la mujer de Diego Torres y con la infanta doña Cristina.


Olvidémonos por un momento de que el maridísimo, Iñaki Urdangarín, sea el principal imputado y centrémonos en ella. ¿De qué modo podría estar relacionada con los delitos investigados?, ¿por qué imputarla?, ¿hay algún indicio que nos haga pensar que pueda estar implicada?


Para empezar, sabemos de modo fehaciente que la infanta Cristina se benefició de los fondos que, de modo fraudulento, llegaron a Aizoon. Para aquellos que todavía no lo sepan, Aizoon era propiedad de la infanta al 50%, mientras que el otro 50% era propiedad de su marido, Iñaki Urdangarín. Recordemos también que el 95% de la facturación de Aizoon provino de Noos, empresa propiedad de Iñaki Urdangarín. Es decir que Noos, en teoría una sociedad sin ánimo de lucro, desvió fondos públicos a una maraña de empresas entre las cuales se encontraba Aizoon. Y en algunas de estas empresas estaba implicada la Infanta, como propietaria, como socia y como esposa.


El hecho de sacar dinero de una caja y no declararlo podría ser considerado simplemente un mero delito administrativo si se tratara de cualquier otra empresa, pero resulta que estamos hablando de sociedades implicadas en una investigación por desvío de fondos públicos. La infanta Cristina era la propietaria, es su empresa la que está siendo investigada y ella misma se apropió de este dinero, que se gastó en pagar a la canguro, comprar vino, arreglar el palacete… Para que quede meridianamente claro: la infanta uso dinero público sacado de una empresa de su propiedad que está siendo investigada.  Así que no, no es sólo un delito administrativo.


Por si no fuera suficiente, que lo es, sabemos que su marido, Iñaki Urdangarín, era el otro socio propietario de Noos al 50%. Entonces, ¿si se imputa a Iñaki Urdangarín, porque no imputar a la infanta Cristina? Claro, resulta que la declaración de Iñaki Urdangarín desvincula a la infanta de todas las irregularidades detectadas, y ocurre también que no se ha encontrado un solo documento que la vincule a la empresa. ¡Ni uno sólo! ¿No es extraño?  Es su empresa, ella era la propietaria desde el 2003, y sin embargo no hay nada. Por lo demás, hasta el propio juez Castro afirma que la declaración de Iñaki Urdangarín ha estado llena de imprecisiones y vaguedades, y reconoce no haberle creído, a excepción, por supuesto, de lo que atañe a la infanta.


Y aunque no le creyera, el propio juez Castro nos recuerda que, “aunque se probara que la infanta sí sabía de estas actividades supuestamente delictivas de Urdangarín, la responsabilidad por ellas no se amplía al cónyuge que las conoce, siempre que no se demuestre que haya participado activamente en los actos supuestamente objeto de delito”.


Vaya, ¡qué contradicción!, porque la jurisprudencia del Tribunal Supremo en cuanto a blanqueo de capitales (sentencia del 22 de julio de 2011) habla de “llegar hasta el extremo de penar como cómplices a los cónyuges de quienes han acumulado grandes sumas de dinero sin justificación en breve periodo de tiempo, colaborando con ellos en la constitución y posterior puesta en funcionamiento de las empresas, de las que también eran titulares, sin un especial protagonismo en la comisión del delito”.


Es decir que, con los mismos motivos demostrados, un juez puede imputar a una persona y a otra no conforme a la interpretación que haga de la ley. Confiamos, por supuesto, en que esta interpretación no se vea alterada por presiones ajenas al cumplimiento de su labor como garantes de la justicia, ¿a que sí?


Podríamos pensar que todos estos son motivos más que sobrados para imputar a la infanta, pero es que hay más. En el 2006, el secretario de la Casa del Rey, Alberto Aza, conminó por escrito a Iñaki Urdangarín para dimitir de sus cargos al frente de sus empresas, e incluso se envió a un delegado para examinar sus actividades empresariales y poder desvincularle de la trama, lo cual quiere decir que la Casa Real estaba al tanto de lo que ocurría. ¿Podemos pensar seriamente que, si el Rey estaba informado, no lo iba a estar su hija?, ¿y qué quiere decir eso de que la casa Real estaba informada? Yo todavía no lo entiendo.


Todos los hechos expuestos son de sobra conocidos públicamente y reconocidos tanto por el juez como por los fiscales. El problema no está en demostrar que Aizoon era una empresa fantasma que servía para blanquear dinero, esto lo tienen muy claro tanto en la Oficina de Investigación del Fraude de Hacienda como la Policía Judicial, el problema tampoco es demostrar que la infanta se aprovechó de este dinero para su beneficio personal. El problema radica en demostrar que la infanta Cristina era conocedora de los hechos y que, o bien colaboró en la trama, o bien ayudó a encubrir a los culpables.


Los indicios al respecto son tantos y tan abrumadores, que haría falta una dosis mayúscula de creatividad para justificar que la infanta no se sentara en el banquillo. Pero para el juez instructor y el fiscal de la acusación nada de esto es vinculante, al menos en los que se refiere a la infanta, con respecto a la mujer de Diego Torres es otro cantar. Al parecer, para sentar a la infanta en el banquillo haría falta una nota manuscrita reconociendo su culpabilidad.


Para rematarla, los súbditos españoles (porque aquí somos súbditos), elegimos unos representantes cuyo único empeño es figurar y llenarse los bolsillos. Y si, “mirusté" por donde, se les pilla hasta las rodillas en la masa, pues qué quiere que le diga, que aquí es lo que se lleva, la picaresca, y seguro que si tú pudieras también te pringabas y tonto el último… Y por si cabe alguna duda le vuelvo a votar, que me cae bien.

La consecuencia es que el Rey llega al Parlamento y le rinden ovación cerrada, oye, no vaya a ser que se nos agrie la atmósfera y por cuatro perroflautas pierda yo mi escaño, mis dietas y mi coche oficial, que lo tengo más grande que el tuyo y no veas lo que vacilo en la urbanización.

¿Qué la monarquía es inútil?, no me atrevería a decir yo tanto. Al “Hola” y al “Semana” buen servicio que les hace.


Quique Castro.

martes, 17 de abril de 2012

La crisis y el Gobierno, principales aliados de las enfermedades mentales, por Monika F. Lara


Cada vez más pacientes acuden a las consultas de sus médicos con los siguientes síntomas: insomnio, falta de apetito, sentimiento de tristeza o con ciertos dolores inexplicables; todos los componentes clave para padecer un cuadro de ansiedad. En muchos casos, el motivo principal lo encontramos en los tiempos de crisis que estamos viviendo, derivados del estrés agudo que se padece en muchas empresas que se aprovechan de este momento, de la inseguridad personal que produce la pérdida del trabajo o de la dificultad para pode pagar la hipoteca, los alimentos, la vestimenta…
Si además añadimos que ahora con la abusiva reforma laboral te pueden echar del trabajo con faltas de asistencia que, aunque sean justificadas “lleguen al 20% de las jornadas hábiles en dos meses consecutivos o el 25% en cuatro meses discontinuos dentro de un período de doce meses” o sea que con nueve días sería suficiente, el problema todavía se complica más, porque además de comenzar a sufrir una enfermedad mental derivada de la situación de crisis, te pueden despachar del trabajo por despido procedente y todo eso genera todavía más estrés y más posibilidades de derivar en la propia enfermedad.
Pero todavía encontramos una situación que para mí, hija de una persona con una enfermedad mental grave, sobrepasa la lógica humana y social, y es que las consecuencias de la crisis afectarán de forma muy significativa, por no decir que será como un exterminio laboral, a las personas que ya padecen patologías mentales severas. Si ya en épocas de bonanza estas personas se encontraban con dificultades para encontrar un trabajo medio decente y tenían que demostrar que eran personas válidas capaces de trabajar como cualquier otra; en algunos casos con ayuda, sí, pero teniendo que demostrar cada día que se merecen la “mierda” de trabajo que les ofrecen, ahora mucho me temo que quedarán totalmente excluidas del mercado laboral. Además, si contamos los severos recortes que sufrirán los servicios sociales y de salud mental, podemos decir que además de vivir con la enfermedad que padecen, que no es nada fácil, tendrán que convivir con una aniquilación laboral brutal y la correspondiente exclusión social.
Está claro que la reforma laboral atenta contra los derechos de los trabajadores, contra todos, los que han votado al partido que gobierna con mayoría absoluta y los que no. ¿Quién no tiene una persona con alguna patología de carácter mental en su familia o que esté pasando una situación de ansiedad importante en el trabajo? El que diga que no, que no sufra, porque este Gobierno garantiza que pronto la tendrá. ¿En qué demonios estaba pensando esta gente el día que han ido a votar?
Si ya vivimos presionados debido a la crisis y a la posible pérdida del lugar del trabajo, el Gobierno ha puesto en manos de los empresarios el pode absoluto para poder castigar a sus empleados y, lo más grave, a sus empleados enfermos.
Monika F. Lara. Traducción Quique Castro.