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domingo, 18 de febrero de 2018

Carta abierta a los educadores de la fundación Ibn Battuta en Pere IV 76


Hola a todos:

Ya sabéis quien soy. Soy el vecino de abajo, el que hace siete meses que sube un día sí y otro también a deciros que no podemos vivir así, que mi hija, un bebé de seis meses, se despierta por los golpes, y que los vecinos no podemos descansar. A veces hemos conversado con calma, otras veces nos hemos enfrentado porque nosotros ya no aguantábamos más y, a juzgar por todos los compañeros vuestros que han pasado y han abandonado, vosotros tampoco, y lo entiendo.

El viernes por la noche tuvimos el penúltimo follón (el ultimo ha sido esta noche). Hablé con el educador del cuarto piso, y tuvimos una buena conversación. Me dijo que lo lamentaba, que él y todos sus compañeros querían irse ya de Pedro VI 76, y que lo sentían por mi familia y por todos los vecinos. Y me dijo algo que me habéis dicho todos los educadores con los que he hablado, todos sin excepción, y son muchísimos ya, incluyendo a la directora del centro, y es que estos pisos no cuentan con las condiciones adecuadas para educar a los menores. Es decir, que no somos sólo nosotros el problema, sino los propios chicos. “Si uno de estos chicos se cae por un balcón, ¿qué ocurriría?”.

Bien. Parece que a la DGAIA esto le da igual, a ellos solo les preocupa meterlos en cualquier sitio, donde sea, para que no se les caiga el pelo. A la fundación Ibn Battuta tampoco parece que le importe, y que los vecinos que no descansamos y vivimos entre basura y gritos sólo somos daños colaterales. Por eso os voy a decir lo que creo que deberíais hacer. Es sólo mi opinión, y os la digo con el mayor respeto, puede que os parezca una chorrada, no estaréis de acuerdo por los motivos que sea, y estáis en vuestro derecho de seguir como hasta ahora, pero os lo voy a decir igualmente, porque creo que me he ganado ese derecho.

Creo que tendríais que juntaros y dimitir en bloque, y avisar a todos vuestros compañeros por redes sociales, o incluso a través de los medios, de que no trabajen con la fundación Ibn Battuta. Creo que debéis dimitir por los vecinos, debéis dimitir porque en siete meses siguen orinando dentro de las escaleras, y siguen tirando cascaras de pipas por el balcón (que luego mi mujer quita de la ropa recién lavada y tendida de nuestro bebé), creo que debéis dimitir por el bien de los chicos, y creo que debéis dimitir, sobre todo, porque todos y cada uno de vosotros y vosotras ha elegido su profesión para ayudar a los demás.

Os voy a decir una cosa. Estoy a favor de la integración. Mi mujer y yo lo hemos pasado mal y hemos llorado juntos porque creíamos que no nos merecíamos que nos pasara esto justo cuando acababa de nacer nuestra hija. Y aun así sigo a favor de la integración. Por eso creo que debéis dimitir, porque en estos pisos no estáis ayudando a integrar a los menores, y lo sabéis, porque vosotros mismos me lo habéis dicho; debéis dimitir porque lo único a lo que estáis contribuyendo es a crear un gueto y conflicto vecinal; debéis dimitir y dar un paso adelante porque así, y solo así, estaréis ayudando a que a estos chicos se les ubique en un centro adecuado desde el que podáis trabajar; debéis dimitir para no cubrirle más las espaldas a la verdadera responsable de este desastre, la DGAIA (Direcció General d'Atenció a la Infància i l'Adolescència); y debéis dimitir porque, si no os convertís en actores principales, lo único que vais a conseguir es desgastaros, hacer daño a una comunidad, enfrentar a los chicos a los que queréis ayudar y dejar que la fundación Ibn Batuta siga cobrando subvenciones millonarias mientras a vosotros os deja expuestos.

Es mi opinión. Nos vemos.

Quique Castro

lunes, 28 de agosto de 2017

Adiós al Pollo Rico, mítico restaurante del raval de Barcelona

Me han cerrado el Pollo Rico, ¿y ahora a dónde voy a comer? Fue la casera de la pensión en la que me alojaba la que me lo recomendó hace diecisiete años, cuando vivía en Nou de la Rambla y creía que podía escribir algo que le interesase a alguien. Y no es que luego me entrara el sentido común de saber que eso no ocurriría, lo que pasa es que con los años, al contrario de lo que piensan algunos, no te vuelves más listo, sino más cobarde.

En la planta baja estaba la barra, y arriba las mesas. Siempre tuve la intención de sacar una foto a los comensales de la barra, a la que se sentaban, codo con codo, el mendigo que había arañado unos euros, el loco que una hora antes berreaba calle arriba y abajo, la triste puta septuagenaria y el emigrante o el forastero que, como a mí, le gustaba la comida que servían. Arriba, en las mesas, te podías encontrar con un viejo matrimonio que no se perdían un sábado, y que acudían siempre arreglados, aunque a mi juicio algo estrafalarios, la familia de gitanos y la de peruanos que ya se conocían el percal, o la de turistas alemanes que aparecían con la a Lonely Planet en la mano y toda la buena intención de sumergirse en una experiencia 360 grados (que dicen los horteras) de exotismo y autenticidad arrabalera.


El Pollo Rico era multicultural, grasiento y lírico, podía gustarte o podías salir espantado, pero conservaba un aura de bohemia verdadera, no como la envasada e insípida bohemia de Gracia y Poblenou, a la que acuden artistas de carnaval porque son barrios que están de moda. Los barrios bohemios nunca están de moda, son oscuros y huelen a alcantarilla, portal y col. Los barrios bohemios sólo se ponen de moda cuando triunfa algún artista que vivía allí porque no le quedaba otro remedio. Y cuando se ponen de moda dejan de ser bohemios, suben los precios de los alquileres y se llenan de farsantes.

Ahora no sé dónde me voy a ir a comer, porque en Barcelona se come mal, muy mal, y la cosa va a peor. En Barcelona hay buenos restaurantes italianos, argentinos, libaneses, griegos, sirios e incluso chinos auténticos, y también hay muchos restaurantes con estrellas Michelin, pero no hay restaurantes barceloneses. La tapa no existe, aunque sea el lugar del mundo donde más se vende, pero eso no es una tapa, es un plato grande y caro, y muchas veces sabe mal.

Por causa del trabajo siempre como fuera, y por eso sé de algún bar de obreros donde la cosa es pasable, pero quedan en polígonos industriales, y a mí otra cosa que me gustaba de el Pollo Rico era que quedaba en el centro, y luego me podía dar un paseo por el Portal del Ángel. Las Ramblas las evitaba y las evito siempre que puedo, podría ser el paseo más bonito del mundo, pero es una horterada. No sé cómo eran las ramblas cuando les escribió sus versos Lorca, pero hoy son como el circo de Buffalo Bill, que tenía a Buffalo Bill y tenía a indios de verdad, pero no era más que el triste remedo del lejano oeste. Pues las ramblas también son eso, una atracción turística que se parodia a sí misma donde sólo se sientan los guiris a beberse absurdos balones de cerveza a ocho euros y a creerse que están viendo algo de Barcelona.

Los camareros del Pollo Rico eran agradables y eternos, llevaban la camisa grasienta y no te daban cháchara porque no tenían tiempo. En la planta de arriba había como una docena de cuadros horribles, unos cuadros infantiles, con la perspectiva esquiva, el color plano y la mirada mística. Eran unos cuadros que siempre pensé que, dispuestos en el orden adecuado, abrían una puerta a alguna otra dimensión.

El Pollo Rico formó parte de mi paisaje amistoso y sentimental, y allí pasé, o se me pasaron, resacas útiles y estrepitosas que servían para olvidar todo lo que había ocurrido la noche anterior. Pero lo importante del Pollo Rico era la comida. Dicen que, como su nombre indica, su especialidad era el pollo, pero esto no es verdad, su especialidad era cualquier plato de cuchara, el consomé, el espeso y sabroso potaje de verduras, la escudella o la sopa de pescado, masticable y resucitadora. El pan no era bueno, pero el pan no es bueno es ningún lado. A lo largo y ancho de toda Cataluña, y llevo quince años recorriéndola de pueblo en pueblo, nunca encontré un solo restaurante en el que el pan fuese bueno, por eso le echan tomate, porque está seco e insípido. También tuve mi época de comer trucha, pero me la trajeron mala dos veces y las dos veces se la devolví al camarero y ya no me atrevía más, pero tenían hígado, milanesas, merluza, arroz a la cubana, una lasaña casera fantástica cuando te la servían caliente y unas patatas aceitosas y blandurrias que iban amontonando en bandejas, unas sobre otras, a medida que salían de la freidora y que estaban bastante buenas.

El Pollo Rico cierra sus puertas este martes, y abrirán una franquicia más. Barcelona pierde otra trasgo de autenticidad, como una operación cosmética que borra una arruga de expresión para sustituirla por un pedazo de piel plasticosa, brillante y falsa.

Quique Castro.

jueves, 24 de agosto de 2017

Bienvenido a la yihad, Manolo

Bienvenido a la Yihad, Manolo, Ana, Carlos, Óscar... como te llames. Supongo que esto es lo que deben de estar pensando los terroristas de Daesh cuando ven vuestras publicaciones en las redes sociales. ¿Y a qué publicaciones me estoy refiriendo?

El otro día vi una con un dibujo en la que se mostraba a una sonriente familia española cuyo texto rezaba “Los españoles primero”. También hacéis circular noticias como “Escandalosas ayudas a los inmigrantes”, y hacéis circular textos en los que se pide que se cierren las fronteras, se nieguen las ayudas sociales para inmigrantes o se corten las subvenciones para la construcción de mezquitas.
Desde Daesh, esos asesinos de mentes enfermas de odio os dan sinceramente las gracias.

Pero vamos a ir poco a poco, este es un artículo en el que se pretende analizar someramente lo que está pasando, así que os llevará algún minuto más que el que soléis emplear en leer un titular de dos líneas diseñado para escandalizaros y que actuéis como ellos quieren

En primer lugar no te preocupes, no nos están invadiendo, no hace falta que empieces a probarte el burka delante del espejo para ver cómo te queda. La población de inmigrantes ha bajado en 1,2 millones desde 2011 a 2017. Hay 46,5 millones de personas en España, de los cuales 2,5 millones son extracomunitarios.

En segundo lugar, no les dan todas las ayudas. Las ayudas no se dan por raza o religión, se dan si cumples una serie de requisitos particulares que son los mismos para cualquiera. Otra cosa es que quieras que esas ayudas se restrinjan. ¿Cómo podrían ser restringidas? Pues o bien variando esos requisitos sociales, con lo cual te afectaría también a ti, o bien añadiendo otros criterios, como nacionalidad, raza o religión. Es decir, si Mohamed lleva veinte años trabajando y cotizando en España, tiene tres hijos escolarizados y se queda en el paro, tú decides que Mohamed no tenga derechos a ayudas familiares, subsidio por desempleo o ayudas de alquiler porque es Marroquí o Sirio, o práctica una religión que no es la tuya y, además, “los españoles van primero”. ¿Esa es tu opción? Permíteme decirte dos cosas, la primera que en ese caso el que sobra en España eres tú, por fascista, y por racista, no lo digo yo, lo dice la Constitución de nuestro país, y la segunda cosa que te quiero decir es que, si le quitas a Mohamed su ayuda, lo que vas a conseguir es que su hijo crezca en un clima de desigualdad, opresión y pobreza, es decir, que gracias a tus bienintencionadas, patrias y racistas ideas, lo vas a mandar de cabeza a la yihad. Otro dato para tu tranquilidad, sólo el 8,6 % de las prestaciones por desempleo son otorgadas a personas inmigrantes. Si han cumplido con sus deberes fiscales y han cotizado a hacienda, es decir, si han ayudado a pagar nuestras pensiones, ¿no deben tener derecho también a la prestación social por desempleo?

Pero ya entiendo, Manolo, a ti lo que te preocupa es que te quiten las pensiones y que el día de mañana te quedes con una mano delante y otra detrás. En ese caso te agradará saber que sólo el 1% de los beneficiarios de las pensiones son emigrantes, de los cuales la mitad son comunitarios.  Es decir, que te preocupas de que el 0,5 de los beneficiarios de las pensiones sean de fuera de la comunidad europea.

A lo mejor, bienintencionado compatriota, debería preocuparte más que el gobierno del Partido Popular, desde que gobierna Rajoy, le haya pegado un hachazo del 82% a la hucha de las pensiones, con lo que para pagar las del 2018 vamos a tener que pedir prestado.

¡Qué fatalidad! ¿no? Pues no, no se trata de una fatalidad, se trata de una estrategia medida a la que tú, seguramente, has contribuido con tu voto. Todo este dinero ha servido para pagar la deuda de los bancos, o las autopistas, es decir, para los negocios de riesgo 0 de sus amigos, y, aprovechando que no hay dinero, se desmantelará poco a poco la sanidad, la educación y las ayudas sociales que tanto te preocupan porque, ay de ti, inocentito, te crees que se acaban porque las cobra Youssef. Y cuando quieras un médico, tendrás que recurrir a un seguro privado, y cuando quieras escolarizar a tus hijos, tendrás que pagar por sus colegios.

Pero tú sigues compartiendo tus noticias y tus fotos en las que reclamas que las ayudas sean primero para los españoles, y ¿sabes quienes lanzan esas fotos y esas noticias? Pues medios afines a la ultraderecha, grupos abiertamente franquistas o nazis, en Grecia tienen a Amanecer Dorado, qué básicamente pide lo mismo, “primero los griegos”, y aquí tenemos a “Hogar Social” o “Unidad Nacional Española”.

¿Y a ti qué te importa que sean de ultraderecha, si básicamente piden lo mismo que quieres tú? Pues bien, la derecha conservadora defiende el capitalismo como sistema social, ya sabes, menos impuestos, menos ayudas sociales, sanidad y educación privadas… (aunque a ellos les encanta decir cosas como que Hitler era comunista y Franco el primer social demócrata) Y, ¿qué relación tiene esto con el terrorismo? Para contestarte a esta pregunta primero tendrás que saber que Los Hermanos Musulmanes fueron parte de una estrategia británico estadounidense de la que también formaron parte países como Francia con el fin de frenar el avance de la Unión Soviética a principios de los años 80, que Al Qaeda fue fundada y entrenada por la CIA, que Daesh ocupa actualmente gran parte del Irak devastado para expoliar su petróleo (ya sabes, lo de las armas de destrucción masiva), y tendrás que saber también que, para derrocar a Al Asad en Siria, los rebeldes fueron financiados por países como los Estados Unidos o Arabia Saudita. Y, ¿sabes quiénes eran esos rebeldes? ¡Bingo! Los terroristas que el otro día nos pusieron una bomba en Barcelona.

Tendrías que saber también que el gobierno español vende armas a Arabia Saudita, que es uno de los países que financian a Daesh. Pero eso seguramente a ti te de igual, porque lo que te gustan son las fotos y un par de líneas bien fáciles de entender, y en la del otro día quedaban muy bien el Rey y Rajoy, que son los que han llevado a cabo la venta de esas armas.

Pero, ¿sabes qué te digo?, que mejor hacerse preguntas de hondo calado como… ¿por qué está sonriendo Ada Colau? Pues a lo mejor alguien le está regalando unas palabras cariñosas, o trata de infundir ánimo al que tiene al lado… Bah, creo que, si hacemos la captura de pantalla adecuada, nos enfadaremos mucho, mucho, mucho, con la señora que se ríe, y los que venden las armas saldrán muy dignos y muy serios.

Así que, Manolo, Ana, Óscar, Carlos, seguid compartiendo fotos y noticias en los que pedís que los españoles vayan primero. Hay unos tipos de larga barba, ojo, no son hípster, y les encantan los Kalashnikov, también tienen Facebook, y, seguramente, se están descojonando de vosotros en este momento.

Quique Castro.



martes, 20 de junio de 2017

Poblenou, el precio de un sueño VIII: el conflicto con las terrazas 2

El conflicto con las terrazas 2

En su propuesta de negociación, los restauradores del barrio aceptarían una reducción del 20% para los locales que tienen más mesas, lo que supondría pasar de las 20 actuales a un tope de 16, y no las 12 que estipula la normativa. Para reivindicar sus exigencias se han manifestado en numerosas ocasiones, han hecho huelga de terrazas e incluso han llegado a recoger 8.000 firmas de apoyo.

“Nada de lo que hemos hecho ha servido, y por primera vez en mi vida no sé cómo se va a dar la temporada, trabajaremos como podamos y, si no salen los números, hasta aquí habremos llegado después de 105 años”, concluye Tere Moreno, visiblemente emocionada.
Al mismo tiempo otros grupos vecinales como Fem Rambla se lamentan de que estas medidas no sean más restrictivas. “Reivindicamos para toda la ciudad un horario de terrazas de 08.00 a 23.00 de domingo a jueves y de 08.00 a 24.00 los viernes, sábados y vísperas de festivos”, proponen en comunicado oficial publicado a través de su página web.

En palabras de Jaume Badenes, presidente de la Asociación de vecinos de Poblenou: “Este es un problema de convivencia y de preservar la esencia del barrio. Al final todo son bares y comercio para el turista, y nosotros queremos evitar que la Rambla de Poblenou se acabé convirtiendo en un paseo sin identidad como la Rambla de Barcelona”. Opinión similar a la que sostiene Pere Mariné, miembro del colectivo de Fem Rambla, que afirma: “Si seguimos así nos acabaremos encontrando una Rambla donde el 80% de los establecimientos no sean para los vecinos, sino para los turistas”.

Por fin, tras años de negociaciones y varias prorrogas, 2017 había de ser el año en que el asunto de las terrazas de Barcelona quedara zanjado definitivamente. Sin embargo algunos hosteleros del barrio se muestran preocupados ante el futuro incierto que les depara la nueva ordenanza.

“Ha sido una negociación dura, pero hemos conseguido un equilibrio que pensamos que es bastante aceptable. Según nuestro punto de vista, es absurdo destinar la práctica totalidad del espacio público a la restauración. Al final tendremos una Rambla de calidad para uso ciudadano, el objetivo es este, y la ordenanza lo permite”, concluye el presidente de la Asociación de Vecinos.

Toni Ramos, presidente de la Asociación de hosteleros de Poblenou, tiene un punto de vista radicalmente opuesto y afirma que: “Estamos de acuerdo con reducir las mesas y repartirlas, pero esta es una norma criminal impuesta por decreto, no han hecho caso a ninguna de nuestras propuestas”, y continúa: “Tenemos buena voluntad y nos preocupa el barrio, hace dos años nos reuníamos continuamente con Fem Rambla y con la Asociación de Vecinos, pero desde que está el Gobierno actual no tienen necesidad de negociar porque el Gobierno y la asociación son la misma cosa”.

La Asociación de Vecinos y la Asociación de Hosteleros tienen un objetivo común, y es que la Rambla de Poblenou no se convierta en un paseo sin identidad como ha ocurrido con la Rambla de Barcelona, solo que para ello proponen medidas diferentes. Para la Asociación de Vecinos hay que limitar las terrazas para generar espacios de convivencia y que la rambla no acabe siendo un paseo de bares y supermercados 24 horas para turistas. Para la Asociación de Hosteleros limitar el número de mesas hará que suban los precios, lo que sustituirá a los clientes del barrio por turistas más adinerados, y los locales de toda la vida tendrán que cerrar para que su lugar sea ocupado por bares de copas o franquicias.

Otro punto en el que coinciden Jaume Badenes y Toni Ramos es que el turismo ha sido positivo y que el barrio ha mejorado mucho, pero que la gente del barrio cada vez lo tiene más difícil para permanecer en él. “Poblenou era un barrio de ratas y camiones, nadie lo quería. Ahora el barrio es divino para vivir, para trabajar, para descansar, pero ya no es Poblenou, a la gente autóctona la están echando”, conviene Toni.

Sin embargo el presidente de los hosteleros cree que no habría que limitar este turismo, mientras que el representante vecinal entiende que existe una relación entre turismo y la subida directa del precio de los alquileres. Los turistas contribuyen a poner de moda el barrio, y los propietarios de los inmuebles prefieren destinar sus viviendas a alquileres de corta estancia, mucho más caros y mucho más rentables.

Barcelona en Comú pretende evitar la privatización sistemática del espacio público y hacer del barrio un espacio vivible para todos, por lo que ha dado la razón a la Asociación de Vecinos. Sin embargo los precios de la vivienda y los alquileres no han dejado de subir, tal vez, dentro de unos años, ya nadie recuerde que hubo un día en que las chimeneas de Poblenou echaban humo, y sus nuevos vecinos crean que no son más que otro ornamento más o menos original.

Quique Castro.

Poblenou, el precio de un sueño VII: El conflicto con las terrazas 1

El conflicto con las terrazas 1

La nueva ordenanza municipal de terrazas servirá para reordenar la disposición de las mesas en la Rambla de Poblenou. Esta medida, cuya finalidad es devolver a los ciudadanos parte del espacio público, reducirá en 24 las 469 mesas actuales.

La medida no ha sentado a todos por igual. Toni Ramos, presidente de la Asociación de Hosteleros, cree que esta ley tendrá una repercusión negativa en sus ingresos, con la consecuencia directa de destrucción de puestos de trabajo, y afirma: “Los precios van a subir porque no puedo sacar lo mismo con 20 mesas que con 8 o 12, y es la gente del barrio la que va a sufrir esta subida”.

Porque el problema de fondo no es la desaparición de 24 mesas -número que la Asociación de Hosteleros eleva a 100-, sino el reparto que se hará de las 445 restantes. La ordenanza asegura 4 mesas para cada establecimiento, incluso para los que antes no tenían ninguna, pero también limita su número máximo a 12. Otro factor a tener en cuenta es que no se podrán poner mesas donde haya árboles, farolas, pasajes o edificios públicos, por lo que algunos locales se ven ya obligados a colocar su terraza a 15 o 20 metros de distancia.

Tampoco se ha tenido en cuenta que el 70% de las terrazas están comprendidas en la zona central de la Rambla. Así, esta medida no afectará en absoluto a algunos de los locales que ya se ajustaban al número de mesas permitido, mientras que otros, como Can Toni o El Tío Ché, con una estructura empresarial ya consolidada, verán reducidos sus ingresos drásticamente.

“De 17 establecimientos que éramos en el año 2.000 hemos pasado a ser casi setenta, pero la rambla no se ha hecho más grande y en ese espacio hemos de caber todos”, dice Tere Moreno, cuarta generación al frente de El Tío Che, la centenaria horchatería de la Rambla, pero matiza: “Tal vez no se debería tratar igual a un local que hace 30 años que está y a otro que ha traspasado una tienda de ropa de toda la vida para poner un bar de copas; al final la rambla se está llenado de negocios que no dan caliu, y la esencia del barrio se va a perder completamente”.

La rambla de Poblenou todavía no es considerada zona de turismo de borrachera, pero algunas plataformas vecinales han alzado su voz contra la masificación turística que amenaza con transformar el barrio. “Stop massificació turística”, o “Veïnes en traspàs”, son algunos de los mensajes que pueden leerse en los carteles que cuelgan de los balcones.

“Aquí no hay turismo de borrachera, el Poblenou es un barrio familiar, pero el reparto de terrazas puede ser perjudicial, porque fomenta que los restaurantes no tengas mesas  y los bares de copas sí”, declara Tere Moreno, y pone un ejemplo: “Hay un restaurante de la zona que va a pasar de 20 mesas a 8, mientras que los dos bares de copas que tiene al lado les han dado 8 a cada uno”.

Quique Castro

Poblenou, el precio de un sueño VI: El conflicto con los hoteles

El conflicto con los hoteles

Según un estudio elaborado por el Ayuntamiento de Barcelona, el 22@ ha atraído hasta el año 2017 a unas 4.500 empresas, lo que a su vez ha supuesto la creación de unos 93.000 puestos de trabajo, en su mayoría dirigidos al perfil de un profesional joven y cualificado, se han levantado 32 hoteles, que ofrecen unas 12.000 plazas, y suman 700 los pisos legales que ofrecen habitaciones a turistas.

La consecuencia de este éxito ha sido un encarecimiento paulatino del metro cuadrado, tanto para venta como para alquiler, que está expulsando de la zona a sus vecinos tradicionales y que contribuye a que negocios de toda la vida se hayan visto obligados a echar el cierre y ser sustituidos por cadenas y franquicias que atentan contra la autenticidad del barrio.

“La presión urbanística ha puesto el precio del suelo a unas cotas que la gente de aquí no puede pagar, y sólo se ha construido la mitad de las viviendas de protección oficial, unas 2.000 de las 4.500 que estaban previstas. La primera fase del 22@ fue bastante rápida pero llegó la crisis y se detuvo la actividad”, declara el presidente de la Asociación de Vecinos.

Lo cierto es que, con 30 millones de visitantes al año, la masificación turística no es un problema exclusivo de Poblenou, sino que afecta a toda Barcelona y enfrenta a la opinión pública.

“El último año ha sido tremendo, seguramente en gran medida haya sido por el turismo: a medida que Ciutat Vella se colapsa, los promotores ponen su ojos en Poblenou, que está bien comunicado y tiene acceso a la playa”, asegura Jaume Badenes.

Por ello el gobierno de Ada Colau ha tomado cartas en el asunto y ha dividido la ciudad en zonas que regulan la actividad hotelera.

Zona 1. Si cierra un hotel no se puede abrir otro. Hostafrancs, Gràcia, Vila Olímpica y el Poblenou.

Zona 2. Si cierra un hotel, podrá construirse otro con el mismo número de plazas. Sagrada Família, parte de El Putxet, de Vallcarca y Penitents, la Salut, el Camp d'en Grassot y Gràcia Nova, Baix Guinardó, Llacuna, Diagonal Mar y Front Marítim, Nueva Esquerra de l'Eixample, parte de Sant Antoni.

Zona 3. Se podrán generar nuevas plazas.  Nou Barris, Horta-Guinardó, Sant Andreu y parte de Sants-Montjuïc y Sarrià-Sant Gervasi.

Zona 4: Ámbitos con regulación específica. Entre estas zonas se encuentra el distrito 22@, que comprende gran parte de Poblenou.


Para los hosteleros, limitar las zonas de crecimiento no servirá para nada; los turistas continuarán llegando y aumentarán los pisos ilegales, además, aseguran, se creará una burbuja hotelera, ya que, como no se pueden abrir nuevos hoteles, los que existen se vendarán por precios desorbitados, y, por último, bajará la calidad del servicio en relación a los precios que tendrán las habitaciones. En definitiva, el intento de Barcelona en Comú es un varapalo a un sector que mueve en la ciudad 15.000 millones de euros al año y que representa el 14% de su PIB.

Quique Castro

Poblenou, el precio de un sueño V: El 22@ resetea la memoria de Poblenou

El 22@ resetea la memoria de Poblenou

El 22@ fue el otro gran hito que contribuyó al cambio de paisaje humano y arquitectónico en Poblenou. Este proyecto urbanístico, iniciado en el año 2.000, englobaba un área de 200 hectáreas y 115 manzanas, e influyó de modo decisivo en la progresiva desindustrialización del distrito. La economía dejó de tener como eje la producción de bienes de consumo y pasó a estar orientada a otros sectores estratégicos que podrían dividirse en cuatro grandes bloques: el diseño, la comunicación, el sector energético y el biotecnológico.

Al 22@ se llevaron en primer lugar algunas empresas públicas como el Consell de l'Audiovisual de Catalunya (CAC), la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), el Banc de Sang, Aiguas de Barcelona o Indra, para, a continuación, atraer empresas del ámbito privado, ya fueran de nueva creación o trasladadas desde otros puntos de la ciudad. Un ejemplo de estas nuevas empresas sería el gigante Schibsted, propietario de algunos de los portales de mayor éxito en Internet, como Fotocasa, InfoJobs o Vibbo.

Los organismos oficiales defendían el 22@ como un esfuerzo por relanzar el Poblenou, ya que dinamizar la actividad económica por encima de la especulación inmobiliaria evitaría crear otro barrio residencial como el de la Vila Olímpica. Sin embargo, las voces contrarias denunciaban la hipocresía que suponía hablar de regeneración urbana en aras del interés ciudadano cuando lo que realmente se pretendía era desplazar a la clase obrera por otra de un nivel económico superior.

“En el año 2.000, cuando se planteó el 22@, lo que pretendíamos era evitar la especulación, para ello pedimos que se mantuviese la zona de actividades productivas y que todas las viviendas que se construyeran fueran de protección oficial”, declara Jaume Badenes, presidente de la Asociación de Vecinos de Poblenou, y concluye: “a  pesar de ello, el precio de la vivienda en el barrio siguió aumentando, y en seguida nos dimos cuenta que la solución pasaba por cambiar el tipo de acceso a la vivienda y priorizar el alquiler sobre la compra”.

Según Jaume Badenes, una posible solución para controlar el progresivo aumento del precio de la vivienda y los alquileres, pasaría por establecer un precio de referencia que sería negociado entre la administración y las asociaciones de inquilinos y propietarios, tal y como ocurre en otras ciudades de Europa como Berlín o París. En Berlín, por norma general, el alquiler es de tipo indefinido, y su incremento queda limitado al precio de referencia, mientras que en Francia, al finalizar el contrato, el inquilino tiene derecho a negociar una renovación en las mismas condiciones.

Quique Castro.

Poblenou, el precio de un sueño IV: Barcelona 92, transformación olímpica

Barcelona 92, transformación olímpica

Los años setenta significan el declive industrial del Poblenou, la crisis y el paro asolan la economía y en los ochenta las drogas y la delincuencia causan estragos en un barrio cada vez más degradado y todavía aislado de la metrópoli. No será hasta las Olimpiadas de 1992 en que se dé el primer gran cambio: se elimina la vía férrea, se tiran abajo las grandes factorías que servían de barrera y la ciudad se abre al mar. También se modernizan las infraestructuras y se mejoran las conexiones, se crean varios centros comerciales y hasta se construye un nuevo barrio, la Vila Olímpica.

La Vila Olímpica, enclavada en el mismo Poblenou, se levantó en la zona que ocupaba el antiguo barrio de Icaria. Contaba con el atractivo de estar ubicada junto al mar, cerca del nuevo Puerto Olímpico y el recién construido paseo marítimo, y nació con vocación de barrio residencial y comercial, para lo que se dotó de modernas infraestructuras sociales.


Diseñada como si fuera a erigirse sobre zona virgen y el barrio de Icaria jamás hubiera existido, para construir la Vila Olímpica hubo que derribar 157 fábricas, muchas de las cuales se vieron obligadas a cerrar definitivamente. A esto hay que añadir que un gran número de estas construcciones formarían parte de un patrimonio arquitectónico excepcional, hoy perdido para siempre. Se aceptó, en definitiva, que un pedazo de la historia de Barcelona se desintegrase, pero a cambio, cuando acabaran las Olimpiadas, la ciudad dispondría de un nuevo barrio de primera categoría. Al menos durante un tiempo.

Quique Castro

Poblenou, el precio de un sueño III: El viejo Poblenou

El viejo Poblenou

Pero Poblenou no siempre ha sido eje cultural, crisol creativo y vivero de nuevas tecnologías. Desde finales del siglo XIX y hasta hace pocos años era un barrio industrial en el que altas chimeneas de ladrillo humeaban a un cielo embarrado y fábricas desmesuradas devoraban filas de obreros que acudían a trabajar de sol a sol. Toda la inmundicia de las factorías químicas, talleres textiles o curtidurías, se vertía a través de un río de azufre, cloro y metales pesados a un mar ajeno a la ciudad, y el cólera y la viruela germinaban en los pozos negros y se dispersaban entre barracones destartalados y lastimosos bloques de viviendas.

El abandono social al que fue condenada esta barriada por parte de las distintas instituciones a lo largo de las siguientes décadas, hizo que fueran los propios vecinos los que se unieran para lograr unas condiciones de vida dignas. Así, surgen cooperativas obreras como L’Artesana y La Flor de Maig, gracias a las cuales sus asociados podían comprar a precios más baratos al por mayor, se fundan el Ateneo Colón, el Centro Moral y Sindical, e incluso nacen instituciones deportivas como el Club de Natación Poblenou. Puede afirmarse, sin duda, que se trataba de un barrio obrero y republicano, un barrio con conciencia de clase en el que sus vecinos tomaban parte activa en la vida social y política.

Tanto es así que, durante la Guerra Civil, debido al elevado número de fábricas y fundiciones existentes, Poblenou se convierte en zona industrial bélica y en objetivo militar de los primeros bombardeos. Pasada la contienda, entre 1939 y 1952, hasta 1.500 personas serán fusiladas en el antiguo Camp de la Bota, donde ahora se sitúa el Parc del Forum. El triunfo del franquismo hace que la participación política desaparezca de la escena pública, pero la colaboración vecinal proseguirá en el campo de la cultura y del arte hasta entrado el siglo XXI.

Las condiciones de vida eran duras, y  alrededor de unos 18.000 vecinos llegaron a vivir en las barracas del Somorrostro o Pequín, en un espacio que, a lo largo de la costa, abarcaba desde el Hospital del Mar hasta la riera de Bogatell. El alumbrado era deficiente, el agua potable tenía que sacarse de las fuentes y acechaba el peligro continuo de las inundaciones. Estas barracas duraron desde finales del siglo XIX hasta 1966, año en que fueron demolidas con motivo de una visita de Franco y sus ocupantes fueron trasladados al barrio de la Mina y a Badalona. Así era Poblenou.

Quique Castro.

Poblenou, el precio de un sueño II: La bohemia ya no es lo que era.

La bohemia ya no es lo que era

Lo leemos en artículos de la prensa escrita y en blogs, lo escuchamos en la radio y en la televisión: Poblenou ha pasado de ser un barrio obrero a un barrio bohemio. Pero lo cierto es que, si nos ceñimos a su estricto significado, cuando los barrios se ponen de moda dejan de ser bohemios. A un barrio solo se le puede aplicar este calificativo mientras conserva su suciedad, su brutalidad, su infamia. La bohemia tiene más que ver con bares con serrín en el suelo, gritos en la madrugada e incluso con la oreja cercenada de Van Gogh que con jóvenes que beben batidos detox, llevan barba a la moda y acuden a trabajar en bicicleta a una empresa de tecnología puntera. Un barrio bohemio, en definitiva, es aquel al que nunca se iría a pasear con la familia, ni siquiera a plena luz del día.

Bohemio era el término despectivo con el que los franceses llamaban a todo aquel que llevaba un estilo de vida rebelde y excéntrico en oposición a la respetable burguesía. Se empezó a usar como alusión a los gitanos venidos de Chequia, y fue popularizado en 1847 cuando Henry Murger publicó su libro Escenas de la vida de bohemia. Es entonces cuando nace en el imaginario colectivo el artista de aspecto despreocupado y estilismo variopinto cuya imagen contribuyen a forjar numerosos creadores.

Una de las primeras relaciones entre bohemia y gentrificación podríamos encontrarla, precisamente, en París a finales del siglo XIX. Por aquel entonces Montmartre, a la derecha del Senna, no era más que un suburbio de mala nota plagado de tugurios, pensiones baratas y casas de lenocinio al que acudían artistas pobres atraídos por los bajos precios de las viviendas, las mujeres y el alcohol.

Pintores como Lautrec, Gauguin, Van Gogh, músicos como Satie, poetas como Rimbaud o Verlaine, vivieron y se inspiraron en sus calles. Con los años, algunas veces los suficientes como para que ya estuvieran criando malvas, algunos de ellos alcanzaron fama, los movimientos artísticos a los que pertenecían, denostados en su momento, fueron fagocitados por la burguesía, y sus obras se revalorizaron hasta convertirse en activos de inversión financiera. Fue entonces cuando los precios de los alquileres se elevaron, y la siguiente hornada de artistas, entre ellos la famosa “generación perdida” de los locos años 20, que agruparía a nombres como Hemingway, Stein o Fitzgerald, se vieron obligados a buscar refugio en la orilla opuesta del Sena, concretamente en Montparnasse y en el Barrio Latino, donde volvió a ocurrir lo mismo. En todo caso el arte y la bohemia no llegaban cuando estos barrios se ponían de moda y se revalorizaban, al contrario, era entonces cuando los artistas se iban y llegaban los burgueses.

Quique Castro

Poblenou, el precio de un sueño I: renovar o gentrificar.

De las humeantes chimeneas de las factorías a los modernos edificios acristalados, de los vertidos al mar a las playas abarrotadas, de las familias hacinadas en los barracones a los chiringuitos atestados de turistas, del bocata y la bota de vino para el almuerzo del currante, al desayuno macrobiótico. El barrio del Poblenou ha sufrido una transformación radical en los últimos años, pero la renovación necesaria ha dado paso a la oportunidad especulativa. Sus comerciantes y sus vecinos llevan años enfrentados, pero hay algo en lo que todos están de acuerdo: no quieren que les arrebaten el barrio.


Renovar o gentrificar

Poblenou se ha puesto de moda. Los precios de las viviendas y los alquileres han subido tanto que los jóvenes que han crecido en el barrio no pueden independizarse en él, los antiguos negocios se ven obligados a cerrar para ceder su lugar a las mismas franquicias que uno puede encontrar en cualquier otro rincón de Europa, los vecinos de toda la vida, en definitiva, abandonan un espacio que será ocupado por una clase socioeconómica más elevada. El resultado es lo que unos, los que están a favor, llaman revitalización o regeneración, y lo que otros, los que están en contra, denominan gentrificación.

La gentrificación, proceso por el cual una clase social predominante desplaza a otra, es un neologismo tomado del inglés, gentrification, que a su vez deriva del sustantivo gentry, cuyo significado más aproximado en español sería burgués. Esta palabra con la que empezamos a familiarizarnos no es, sin embargo, tan novedosa, sino que surge en los años 60, y su significado se desarrolla a finales del siglo pasado en relación a otros términos tan actuales como neoliberalismo, globalización o exclusión social.

Este fenómeno, que en Barcelona se da en barrios como los de Poblenou, Sant Antoni, Ciutat Vella o Gracia, ocurre también en otros lugares de España, como Malasaña o Lavapiés, en Madrid, y en otras grandes capitales como Nueva York o París. Como consecuencia de la gentrificación el retrato robot del vecino de Poblenou ha cambiado, pero no porque se haya transformado, sino porque ha sido sustituido: si antes se hablaba de este distrito como el Manchester catalán y a nuestra mente acudía la imagen de un obrero, hoy pretende hablarse del Silicón Valley de Barcelona, y nos imaginamos a un trabajador cualificado de clase alta y gustos sofisticados al que se aplican otros títulos más o menos fuera de contexto, tales como hípster o bohemio.

Quique Castro

lunes, 14 de diciembre de 2015

Centro Assafa: el Islam de andar por casa

"La mayoría de musulmanes se sienten aceptados, pero no se adaptan a vivir en democracia", revista católica 21rs.
"El 80% de los musulmanes residentes en Europa viven de la asistencia social y se niegan a trabajar", Alerta Digital.
"El Islam extremista es como el nazismo", Periodista Digital.
"Cada vez más musulmanes quieren implantar la ley islámica en Suiza", El Mundo.


La barba negra le crece en mechones desordenados, se rasca la coronilla debajo del gorro de lana y se quita los zapatos para dejarlos en el estante. El Imán da unos pequeños tirones a su túnica blanca, que acaba de ponerse por encima de los vaqueros y la camisa de cuadros, y se detiene un momento para apretar un par de manos antes de comenzar el rezo. Las paredes son blancas, desnudas de todo ornamento, unos cuantos altavoces cuelgan del techo y el suelo está cubierto por una moqueta roja mal ajustada en los bordes. El centro islámico Assafa está situado en una pequeña calle cerca del Arco del Triunfo, lo indica un oscuro cartel sobre la puerta, y este domingo se reunirán en él una veintena de hombres y tres niños para rezar y para conversar sobre el Islam en Barcelona.

Con relativa frecuencia se encuentran artículos sobre la función de las mezquitas no sólo como lugar de oración, sino también como enclaves de adoctrinamiento político y social en los que se instruye a una colectividad islámica cada vez más numerosa y radicalizada. Vínculos entre el nacionalismo desatado y el salafismo yihadista, mezquitas a cambio de votos... En definitiva, una creciente comunidad musulmana que acabará imponiendo sus costumbres a través de nuestra democracia.

La oración concluye a las seis y media de la tarde y todos los asistentes se reunen en corro alrededor de Mohamed, el Iman que ha dirigido la oración, marroquí de treinta y cinco años, y del Sheikh Ahmed, dignidad religiosa de orden superior. Ahmed es iraquí, tiene cuarenta y siete años y trabaja en la Nissan como ingeniero mecánico.

"Adaptarse no quiere decir que tenga que salir al Puerto Olímpico a beber cubatas por la noche", interviene Mustafa, un marroquí que lleva 27 años en España, "adaptarse es respetar las leyes del país en el que vives, pagar tus impuestos... convivir".

Otro de los fieles quiere añadir algo, también se llama Mohamed, aunque sus amigos en España le llaman Jaime: "Quien tiene la nacionalidad tiene que sentir que es español y dejar todo atrás. Si vives aquí tienes que adaptarte, es lo que hay, y tienes aprender el español sí o sí, pero hay dificultades. Tienes una familia y tienes que trabajar, estudiar, realizar tus actividades... y no todo el mundo se puede integrar rápido. A veces echamos de menos ayudas por parte de los diferentes gobiernos".

"No nos ayudan demasiado" apunta el Sheik Ahmed, "Sólo tenemos dos fiestas al año, la Fiesta del Cordero y el final del Ramadán. Nosotros pedimos permiso al Ayuntamiento para una celebración al aire libre, pero ellos siempre nos ponen problemas, y eso hace que la gente se sienta mal".

Sin embargo el pleno de los asistentes niega que España sea un país racista, si bien casi todos afirman haber sufrido casos aislados de rechazo que atribuyen a "gente inculta que no odia a los musulmanes, sino a todos los que nos son como ellos", como afirma Hassan, boliviano de 23 años.

"La gente aquí no es racista ", interviene Rabea, un joven palestino casado con una alemana, "en Alemania lo son más, pero a los refugiados sirios les dan un visado de trabajo y cursos de alemán gratuítos. Aquí no dan permiso de trabajo, y sin permiso de trabajo, ¿cómo puedes integrarte? Yo trabajo de cara al público y hablo con muchísima gente de aquí. Soy peluquero y tengo un restaurante. Todo el mundo me conoce y saben que soy musulmán y todos me hace preguntas, y me doy cuenta de que la gente cada vez sabe más, que la gente no es tonta. La gente sabe que los terroristas no son el Islam. Ellos escuchan la tele, pero saben que la verdad no es lo que les cuentan".

Hay murmullos de asentimiento. Todos están de acuerdo en que los medios no les han tratado bien y este es un tema candente. "Cuando el año pasado ocurrió lo de la revista francesa había gente en la radio y en la televisión que supuestamente sabe mucho sobre el Islam y sólo decían barbaridades, por eso nosotros llamamos para dar nuestra opinión", dice el Sheikh Ahmed, "pero nadie estaba interesado en escucharnos, sólo hubo un canal, Tele 5, que dijo que a lo mejor nos llamaría, pero nunca lo hizo".

Por eso, para darse a conocer, el centro Assafa realizó en mayo una jornada de puertas abiertas en la que se ofreció té y pastas. Acudieron vecinos y vecinas del barrio y se hizo entrega de unos pequeños folletos en los que se explicaba en qué consiste el Islam. Aseguran ser una comunidad abierta, y lo que dicen de puertas adentro es lo mismo que sostienen ante las autoridades

"Ese fue el día que aquella señora nos preguntó si era aquí dónde construíamos las bombas", añade el Iman Mohamed. Todo el grupo se ríe, y un pequeño de unos 12 años añade con una sonrisa, en perfecto español, "y a mí en el colegio me han preguntado si soy yihadista".

"No hay que hacer caso al que te insulta", dice el Sheikh Ahmed, sin dirigirse directamente al niño. "Sí, somos practicantes y hacemos lo que nos toca hacer, y conocemos la historia de nuestro profeta, que convivía con cristianos y con judios. Si nuestro profeta era capaz de convivir en paz con miembros de otras religiones, cómo no íbamos a hacerlo nosotros".


Quique Castro.

martes, 2 de septiembre de 2014

Barcelona prostituida

La Barcelona nocturna se ha convertido en un horror sin identidad, una ciudad prostituida y moldeada al capricho de los guiris. No es auténtica y cada vez tiene menos gracia, a no ser que seas alemán, inglés, italiano o de cualquiera de esos países en los que el alcohol es caro. 

En este circuito de guiris despendolados ellos se reúnen para la “happy hour” en los pub irlandeses para ver el partido de la premier, y ellas se pasean bamboleantes con sus diademas con pequeñas pollas de plástico en la cabeza. Nadie les gana en estilismo, con mucho rosa, mucho brillante y muy tatuados. Los verás por la Barceloneta, el Puerto Olímpico y por la Rambla, el famoso paseo que por la noche está infestado de prostitutas (las africanas a un lado y los travelos al otro), trileros, carteristas y negocios de suvenires en los que podrás comprar tu propio gorro mejicano.

La comida es mala, como norma general; paella con un arroz con el que podrías tapar los agujeros de la pared, sangría de tetrabrik y tapas que no lo son (en lugar del pequeño platillo acompañado de un trozo de pan te endosan una ración grande con cuchillo, tenedor y panera).  Puedes refugiarte en las franquicias de los bares de pinchos vascos, pero son prácticamente igual de impersonales, al fin y al cabo todo está pensado para exprimir al guiri, para mimarlo, para que suelte su dinero a gusto.

Los bares del centro son un festival de variado diseño y psicodelia decorativa de esos que lo mismo podrías encontrarte en Londres, Berlín y otras grandes capitales, se sirve mucho mojito, mucha caipiriña, mucho sex on the beach y mucha fruta de la pasión, que vete a saber lo que es eso. Y uno acaba hastiado de tanto camarero “guay” (en los últimos cuatro años tienes que llevar por convenio al menos un brazo completamente tatuado) y acaba echando de menos al camero de camisa blanca y palillo premolar. Y por supuesto también se echa de menos una calle como La Barrera en La Coruña, el Laurel en Logroño, o El Tubo en Zaragoza, por no hablar de Granada, Madrid o prácticamente cualquier sitio de España, porque tengo la sensación de que en cualquier ciudad hay más marcha que en Barcelona. Barcelona ganará, eso sí, en número de guiris meando en la calle, y por goleada, como les gusta a ellos.

Las discotecas son lo máximo y vienen los mejores DJ (o sea, pincha discos), otra vez como en cualquier otra ciudad de Europa, si te va ese rollo. Pero si vienes, te recomiendo que te des una vuelta por el carrer Blai o por el barri de Gracia. No te encontrarás el ambiente de vinos del resto de España, con la gente de pie en medio de la calle, mezclándose, entrando y saliendo porque en Barcelona está prohibido beber en la calle a no ser que seas guiri, y porque la catalanitat es muy de lanzarse corriendo en cuanto ven una mesa libre para estar toda la panda junta, pero hay unos cuantos bares que se mantienen y pueden resultar interesantes. Los barrios tratan de resistir, a ver lo que duran.

Quique Castro.

lunes, 16 de junio de 2014

Papa Noel en Barcelona. Parte 2.

No sé si sabes de qué va este rollo, pero hay dos reglas básicas que debo seguir obligatoriamente cuando viajo de incógnito, la primera es que no puedo inmiscuirme en vuestras vidas, la segunda es que tengo que llevar a mi mujer de tiendas. No se me da bien seguir ninguna de las dos.


Aunque trabajo con un colorido uniforme no soy un súper héroe, ¿sabes?, no puedo andar por ahí solucionando los problemas de la gente porque al jefe no le gusta, es muy liberal, y para él es muy importante todo ese rollo del libre albedrío. Pero no nos adelantemos a la historia.

Siempre que viajo a Barcelona me gusta ir a comer al “Pollo Rico”, en el Raval, es un restaurante un poco cutre, pero se come bien y es barato. Todo es grasiento en el “Pollo Rico”, la comida, las mesas, a veces tengo la impresión de que podría mojar el pan en las camisas de los camareros…, es un sitio estupendo. Si vais allí os recomiendo cualquier cosa con cuchara, un potaje, una escudella o un simple consomé, eso lo bordan. A mi mujer la verdad es que no le mata, es un poco más remilgada, pero a cambio nos pasamos toda la tarde de tiendas por el Portal del Ángel y por la noche nos vamos de pinchos por el Borne, que eso sí que le va.

De todos modos mi señora y yo somos de mucho mirar y poco comprar. A mí me van las camisas hawaianas, aunque no pega donde vivimos, pero ya tengo una buena colección porque cada seis de enero los tres chicos de la competencia me dejan una diferente. Los muy gilipollas están todo el día con el rollo de que si son mágicos, que si son invisibles… ¿Invisibles? ¡Por favor! Con todo el jaleo que arman con los camellos parece que llega el séptimo de caballería. No, en serio, tengo entendido que con el resto de la gente son discretos, así que creo que lo hacen por joder y no dejarme dormir. 

Vaya panda, los de oriente. Son buena gente, pero no veas cómo le pegan al alpiste. Unas navidades vinieron a cenar a casa y menuda. Uno de ellos, no voy a decir cual, acabó con un pedo tan grande que se llevó uno de mis renos y se olvidó el camello. Al día siguiente me llama su majestad el rey de los borrachuzos y me dice:

-Santa, que me he llevado tu reno.
-Pues te vienes tú a traerlo, que no voy a ir yo hasta allá.
-¿Te importa si hago el reparto con tu reno y tú te quedas con mi camello y luego te lo paso a devolver cuando acaben las fiestas?
-¿Y qué hago yo con un camello en el trineo? Voy a ser el hazmereir de los inuits. Además, el clima no es el adecuado.
-Bah, por eso no te preocupes, ya sabes que nuestros camellos...
-Son mágicos, sí, ya lo sé.
En fin, mis renos también son mágicos, ¿sabes?, pero no estoy todo el día dando la barrila con el tema.

Continuará.

Quique Castro.


jueves, 22 de agosto de 2013

El escritor porno

Hola a todos, algunos me habíais preguntado si se podía descargar mi libro de alguna página. Aquí os dejo un enlace para que os descarguéis "El escritor porno" si os apetece. Se trata de una editorial de autoedición llamada Bubok. Editarlo me ha salido gratis, y no deja de ser una cosa curiosa.

http://www.lulu.com/shop/enrique-castro-rom%C3%A1n/el-escritor-porno/paperback/product-22596524.html

.La edición en papel 9,73€.

Por supuesto no sé quién lo comprará y quién no, así que esto va simplemente para aquellos a quienes les apetezca de verdad.
En cuanto lleguemos a los 500.000.000 de ejemplares, tal vez publique los otros que tengo escritos.
Si alguien quiere comentarlo o corregir algún error (siempre lo agradezco y mucho, de verdad), puede usar esta misma entrada.
Un saludo y gracias a todos.

Quique Castro.