La crisis ha llevado a los
ciudadanos de este país a un estado político depresivo según el cual somos los
responsables de todo lo que ha ocurrido y nos merecemos todo lo que nos pase.
Pero eso no es justo, si es que la justicia importa en un mundo en el que sólo
impera la ley del consumo. Los ciudadanos no podemos dejarnos intimidar, hay
que seguir protestando y hay que llamar a las cosas por su nombre. ¿Hasta
cuándo vamos a seguir soportando los ciudadanos a este gobierno parafascista,
intimidante, procaz e inepto?
Jorge Fernández Díaz, ministro de Interior, afirmó estar preparando una
serie de cambios legales, por propia iniciativa, para que convocar manifestaciones
por Internet sea considerado delito. Esperanza Aguirre se ha sumado con sus
declaraciones a esta guerra declarada del PP contra la libertad de expresión.
Lope de Aguirre, interpretado por
Klaus Kinsky en la película de Werner Herzog “Aguirre, o la cólera de Dios”,
acaba enloquecido en una balsa a la
deriva rodeado por una jauría de monos. Así exactamente veo a esta otra
Aguirre, Esperanza, visionaria enloquecida de poder que quiere acallar a las
masas al estilo de un reyezuelo tercermundista, siendo aplaudida por la chusma
mediática más retrógada y beligerante.
Sólo hay dos opciones, que sea tan zopenca como para creerse sus declaraciones acerca de jugar la final de la Copa del Rey en campo cerrado, lo
cual es harto probable, habida cuenta del sujeto con el que nos las estamos
viendo, o que lo hiciera para crear una cortina de humo que ocultara de las masas el desagradable escenario
económico al que la gestión de Rodrigo Rato y sus amigos han llevado a Bankia,
y que supondrá una nueva merma a las arcas del Estado para reponer lo que han
perdido una jauría de facinerosos sedientos de ambición.
En todo caso, la torpeza y mala
fe de la presidenta no conocen límites, y con sus declaraciones pudo haber
enardecido premeditadamente a una masa que no destaca precisamente por su
sentido crítico, y no me refiero a los aficionados al fútbol, sino a los
aficionados a la discordia y al comportamiento incívico. Si a eso añadimos la
“estratégica” decisión de autorizar ese mismo día una manifestación de la ultraderecha en Madrid, podemos estar
agradecidos de que no haya sucedido nada grave. Ignoro si Esperanza Aguirre
estará agradecida o no, pero lo que sí sé es que ella hubiera sido en parte la culpable de cualquier desastre que hubiera
ocurrido por haberlo incitado con sus declaraciones irresponsables, torpes y
soberbias.
Por otro lado, peor suele ser mejor para el PP, y como buen animal político seguramente había
previsto con maquiavélico cálculo que una buena gresca y las trifulcas del
populacho enfebrecido jugarían a su favor, ya que le hubieran brindado de nuevo la posibilidad de identificar a los
incívicos con los que simplemente protestan porque están en su derecho.
Quique Castro.
