viernes, 24 de mayo de 2013

Religión en la escuela

¿Qué religión van a enseñar en las escuelas, la católica, la judía, la musulmana…, la cienciología? O, mejor aún, ¿van a enseñar una historia comparada de las religiones?
¿Van a enseñar en las escuelas que el mito de Adán y Eva, así como el del diluvio universal y el arca de Noe, están formados con elementos prestados de la tradición mesopotámica, mucho más antigua?, ¿que el nombre de Jesús fue elegido en el concilio de Nicea el año 325 d.C.?, ¿que los evangelios no fueron escritos por los apóstoles, sino por autores mucho más tardíos?
Si es así me parece bien que se enseñe religión en las escuelas. Así los jóvenes podrán contar con una base sólida de conocimiento que les ayude a no caer en la superstición, o a elegir la que más se adecue a sus necesidades espirituales.

Imponer el conocimiento único de la religión católica es un crimen ideológico. ¿Qué ocurriría si quisieran imponer a nuestros niños el islam, la cábala o la cienciología? La ética y la moral, que tanto echamos de menos en esta sociedad, trascienden la religión, son conceptos humanísticos, y el motivo de esta imposición no es otro que el de lavar mentes y procurarse acólitos.

Quique Castro.

viernes, 26 de abril de 2013

Gobierno de España, golpista y traidor


El Gobierno de España es golpista y traidor a la patria. Esto es lo que yo pienso y lo que piensan muchos ciudadanos, incluidos no pocos de los incautos que les votaron. María Dolores de Cospedal abrió la veda al llamar nazis a los ciudadanos desesperados que se atrevieron a manifestarse a la puerta de las casas de los políticos, como si la democracia estuviera limitada a ejercerse sólo una vez cada cuatro años. El político, por el hecho de serlo, no está por encima del ciudadano, todo lo contrario, debe ser su servidor, y está obligado por ley a soportar el escrutinio, la vigilancia y la reprobación que su cargo conlleve. Si María Dolores de Cospedal, en su legítimo derecho a manifestarse, puede llamar nazis a los que hacen escraches en la puerta de las casas de los políticos, yo, en mi legítimo derecho que también tengo a manifestarme, puedo decir que el Gobierno de España es golpista y traidor. 

Que no se atreva el Partido Popular a decir que les tienen inquina por haber sacado mayoría absoluta, que no se atrevan a decir  que cuentan con el respaldo mayoritario de los ciudadanos, que sí, que se atreverán, porque desfachatez y poca vergüenza tienen para eso y para mucho más. Pero no es cierto, y ellos lo saben. El Partido Popular es golpista y traidor y no cuenta con el respaldo mayoritario de los ciudadanos. Es golpista porque llegó al gobierno mintiendo y presentando un programa que luego no han cumplido, y porque se alzó con el poder por medios ilegítimos e inmorales, y es traidor porque con sus decisiones nos están llevando a la miseria, mientras que ellos salen del partido con cargos millonarios a sueldo de quienes nos piden esos sacrificios.


Mienten. La realidad no les obligó a cambiar su programa, la realidad la crearon ellos años antes con la ley del suelo de Rodrigo Rato, que favoreció la creación de la burbuja inmobiliaria, la realidad ya estaba ahí cuando el Gobierno de Zapatero decidió saquear el erario público para salvar a los bancos que se hundieron al participar en esta gran estafa económica mundial.


En una verdadera democracia deberían existir mecanismos para proteger a los ciudadanos de los estafadores que, como el Partido Popular, socavan, destruyen y escupen en la base de nuestra sociedad: la democracia.


Quique Castro.


miércoles, 24 de abril de 2013

Paella, sangría y tapas.


Barcelona está fagocitando la gastronomía española. Los españoles somos muy orgullosos para nuestras cosas, y en pocos asuntos lo somos más que con la gastronomía. En ningún sitio se come como en casa, solemos decir, y si le preguntamos a cualquier español  cuál es el lugar del mundo en el que mejor se come, irremediablemente todos diremos España. Bien, pues aquí va un secreto: fuera de nuestras fronteras no tienen ni la más remota idea de que en España se come bien. A veces, ni siquiera los propios chefs lo saben. Hace años trabajé en un restaurante en Londres, y me quedé asombrado cuando ni una sola de las personas que trabajaban en él sabía que el mejor marisco del mundo es el gallego. Vaya, ni siquiera sabían qué era Galicia. Tampoco saben que en España tenemos “carne o caldeiro”, migas extremeñas o fabada asturiana, pero, eso sí, en todas partes saben que tenemos  paella y sangría. Ah, y tapas. Tapas como las que se sirven en Barcelona, que no son tapas, son raciones de cuchillo y tenedor, o a lo sumo sofisticados y carísimos pinchos. En Barcelona no se sirven tapas. La tapa es pequeña y barata. Un día, en una cena, rodeado de franceses, uno de ellos me dijo: “En España hacéis muy bien lo de las tapas, pero si quieres comida de verdad tienes que venir a Francia”. No hay que enfadarse por ello. Para el resto del mundo que no es España, la gastronomía es francesa, italiana, china, japonesa o hindú, pero ni remotamente piensan en España. Es lo que hemos conseguido vendiendo paella y sangría.

Quique Castro.

jueves, 18 de abril de 2013

Alta Films: cae el telón de la cultura



Alta Films desaparece, uno de los resquicios del cine de autor en España. Nos están condenando al "éxito" comercial y palomitero de los norteamericanos, es decir, al fracaso cultural. A partir de ahora, tanto recaudas, tanto vales. Woody Allen tiene que buscar financiación en Francia (un cine hiperprotegido), porque en EE.UU. no lo consideran rentable, y aquí será igual, nos quedaremos a merced de los gustos al por mayor, más rentables, pero no necesariamente mejores.

Bergman, Fellini, Buñuel, en España no tendríais cabida. No sólo eso, con Alta Films se van sus salas de cine: Renoir, Floridablanca… De las pocas que se atrevían a exhibir clásicos atemporales o cine independiente. Otro éxito más de la derecha en este país, otro éxito del paletismo, del “pan para hoy hambre para mañana”, otra consecuencia más del robo indiscriminado que hemos sufrido los ciudadanos.

Nos dejan sin sanidad, nos dejan sin educación, cae el telón de la cultura. España, poco a poco, está siendo desvencijada. Pronto será un barco roto a la deriva, arrastrado por la gran potencia alemana. Seremos carne de cañón, obreros a bajo coste, obreros baratos incapacitados para tomar decisiones, sin criterio y sin bagage cultural. Están desarmando intelectualmente este país, que es justo lo que desean.

El estado del bienestar existirá sólo para una minoría, una élite capacitada para entender lo que ocurre y manejar la información, mientras que la inmensa mayoría no será más que una masa de lerdos narcotizada por el "jurgol".

Carta publicada en La Vanguardia, sábado 27 de abril de 2013.

http://www.lavanguardia.com/participacion/cartas/20130427/54372909637/adios-al-buen-cine.html

Quique Castro.

miércoles, 17 de abril de 2013

Identificación de los antidisturbios


La identificación que llevarán los antidisturbios de los “mossos” a la espalda es excesivamente larga y enrevesada; siete números y dos letras, una al principio y otra en el medio; en total, nueve caracteres. Cierto, ahora la llevan y es visible, pero seguramente valga para poco. La policía cumple una función necesaria, y la mayoría de los agentes merecen nuestra consideración, pero todos hemos visto sus espeluznantes cargas de las últimas manifestaciones: una ordalía desenfrenada de porrazos indiscriminados, muchas veces a menores o a pacíficos manifestantes. Les guste o no, ha ocurrido y, aunque quieran justificarlo con retórica política, no pueden, porque todos hemos podido verlo. 

Tengo una sugerencia para la policía: ¿por qué no escriben la identificación en cirílico, o, ya puestos, en braille?  Me cuesta imaginarme a mí mismo solicitando al agente que agredió brutalmente al menor Yago Parra hasta dejarlo inconsciente que se diera la vuelta para tomarle la matrícula. De paso, incluso, podría pedirle un boli y un papel para tomar nota, o podría pedirle que se estuviera quieto sólo un momento, mientras le saco una foto. Al final sólo nos separará de la brutalidad la presencia de los medios, y eso mientras les permitan acceder al lugar de los hechos.

Quique Castro.

viernes, 12 de abril de 2013

Crisis, pero de valores


La guerra ya ha comenzado. El mundo se colapsa, y las fuerzas antagónicas del capitalismo y del socialismo se enfrentarán en una lucha encarnizada. Hasta ahora era una guerra económica, pero la amenaza de Corea del Norte o las injerencias de los EE.UU en la política internacional no anuncian nada bueno. En todo caso, esta guerra hace tiempo que ya ha dejado bajas, y hasta ahora los que han caído siempre han sido del mismo bando: el de los pobres.

El ciudadano no se entera de lo que pasa. La izquierda y la derecha no existen, son pura ficción, y los ciudadanos filtramos las noticias no para informarnos, sino para alimentar nuestras ideas preconcebidas. La clase política se atrinchera en sus poltronas y nos arroja su basura a la cara para que en la calle se discuta a cuál de ellos le huele peor.

La crisis en España no es sólo económica, sino principalmente de valores. El ciudadano de a pie, ese que abuchea al político corrupto a la salida de los juzgados, se hubiera postrado a sus pies y le hubiera ofrecido la virginidad de su hija si no hubiera sido condenado. Porque, en España, ha dejado de importar la honestidad y la nobleza. Ya sólo importa si te pillan.

Carta publicada en "Zona 20", en el periódico "20 Minutos".

Quique Castro.

miércoles, 10 de abril de 2013

¡Qué repitan la pregunta!



Sería estupendo que en el panorama del periodismo político actual surgiera en España un periodista capaz de acorralar a sus entrevistados como hemos visto hacer a Eddie Mair en su entrevista a Boris Johnson, alcalde de Londres. No dudo de la categoría profesional de los periodistas españoles, ni siquiera de sus ganas, pero el caso es que jamás nos quitamos la impresión, al menos en el terreno de la política, de que el entrevistado está un peldaño por encima del entrevistador.

Creo que Ana Pastor realizó un buen trabajo al frente de “Los desayunos de la 1”, pero al final de su etapa, en vez de acorralar a sus entrevistados, era ella la que tenía que justificar su  buen hacer e imparcialidad. Los políticos españoles están demasiado acostumbrados a responder con evasivas y circunloquios, y a que el periodista de turno desista. Cuántas veces, desde el sillón, no hemos pensado: “¡eso no es lo que le has preguntado! ¡Pregúntaselo otra vez!”. Pero no, el periodista nunca repite su pregunta, y el espectador nunca recibe su respuesta, sólo asiste frustrado a la declamación acomodaticia de un discurso ensayado que jamás se sale de su cauce.

Enrevista de Eddie Mair a Boris Johnson, alcalde de Londres:

Quique Castro