lunes, 8 de febrero de 2016

Televenta: los depredadores telefónicos

El habitat natural de los vendedores telefónicos es una jungla a la que hay que saber adaptarse para sobrevivir, una intrincada selva de palabra oportunas y silencios traicioneros en la que unas pocas frases hechas sirven de senderos por los que transitar, y en los que un pequeño detalle puede significar la diferencia entre el éxito o el fracaso, entre comer o ser devorado. En esta selva habitan no pocos depredadores, cada uno con sus técnicas particulares que trataremos de desgranar a continuación.


La serpiente

La serpiente es una cazadora nata, es taimada y peligrosa, y envuelve a sus presas poco a poco y sin que se den cuenta en un abrazo tan letal como alevoso. Así es el el teleoperador-serpiente, simpático, cercano y afable, saca información del cliente sin que este se de cuenta y la usa para engatusarle.  La pitón de los vendedores es elegante y precisa y nunca pierde de vista su verdadero objetivo, que no es caerle bien al cliente, sino vender. Se trata, tal vez, de la reina de los depredadores telefónicos.


El dragón de Komodo

Fuerte, feroz, persistente, insaciable, dotado de unas garras terribles y unos dientes afilados que lo convierten en la pesadilla de sus presas, no importa el tamaño que estas tengan, así es el dragón de Komodo. Cuando hinca los colmillos en su presa, esta puede darse por perdida, ya que las bacterias que segrega su saliva la acabarán envenenando. El veneno va debilitando a la víctima, que además sufre el hostigamiento infatigable de este fabuloso depredador. Así es el teleoperador-dragón, una vez que el cliente descuelga el teléfono y le deja hablar, ya no hay vuelta atrás, el dragón le acosará sin descanso, rebatirá incesantemente, acabará con su paciencia y nunca aceptará un no por respuesta. El dragón es un reptil carente de empatía con un solo propósito: la venta. El cliente acabará ofuscado, debilitado, desesperado y pronto se dará cuenta de que sólo tiene dos opciones: colgar o comprar.


El camaleón

Pasa desapercibido, se adapta a las circunstancias, su aspecto es afable y a veces puede parecer despistado, pero cuando detecta a su presa es rápido y preciso. El teleoperador camaleón puede ser todos y cada uno de los vendedores depredadores: puede ser cordial y seductor como la serpiente, infatigable y pendenciero como el dragón de Komodo, pero también puede ser dócil como el perro. El camaleón puede atacar con la altivez de un ejecutivo agresivo o con la afable cordialidad de un humilde empleado, escucha atentamente a todos sus compañeros, anota las frases que le gustan de unos y otros y las usa según las circunstancias. Si el cliente es de tal sitio, el teleoperador ofidio veraneará allí cada verano, si el cliente tiene un hijo, la serpiente tendrá dos, si se trata de un divorcio, ella se acabará de separar. Pero no debe confundirse esta estrategia de caza con el vil peloteo.


La mantis religiosa

La mantis religiosa es un insecto pequeño que esconde a un depredador temible. Siempre atenta, nunca baja la guardia, tiene un cuello que puede girar 180º para observarlo todo, se camufla bien y no tiene piedad, tanto es así que las hembras pueden llegar a comerse la cabeza del macho con el que acaban de copular. El teleoperador-mantis religiosa se da más entre las mujeres; son melosas, manejan como ningún otro depredador el tono de voz, la palabra "cariño" forma parte de su arsenal de caza y, con la misma frialdad que las hembras de mantis religiosa, son capaces de comerle la cabeza al cliente hasta que este, sin saber cómo ni por qué, accede a todo lo que le pidan.


La planta carnívora

No corre, no salta, no vuela, y sin embargo se trata de un depredador efectivo, aunque algo aburrido de escuchar. Al contrario que el camaleón, el teleoperador-planta carnívora siempre hace lo mismo, se presenta igual y rebate con las mismas frases. Su éxito depende, sencillamente, de esperar con paciencia a que haya un cliente incauto que le aguante por cualquiera que sea el motivo. El éxito del teleoperador-planta carnívora se basa en dos armas: estadística y perseverancia: si repite el suficiente número de veces la misma letanía, de modo indefectible acabará por caer alguna presa.


El perro

El perro es afable, cordial y simpático. También es así el teleoperador-perro, empatiza rápidamente con el cliente, le entiende y sabe caerle bien, rechaza cualquier atisbo de discusión y jamás pierde la sonrisa telefónica. El teleoperador-perro no es un depredador, es una víctima destinada a engrosar las filas formadas por todos aquellos que, al cabo de un mes o dos, dejarán la silla vacía para que la ocupe otro. El lugar natural del perro es la recepción de llamadas, donde será valorado y seguramente le aguarde un largo porvenir.

¿Y tú qué eres, presa o depredador?


Quique Castro.


jueves, 4 de febrero de 2016

ALN: La pequeñez de la hormiga

La hormiga es un ser pequeño que, tomado de uno en uno, resulta insignificante, pero cuya principal ventaja consiste en ser, a la vez, laborioso y organizado. Uno de estos diminutos insectos resulta practicamente invisible, y su capacidad para transportar por sí mismo pesos varias veces superiores al suyo apenas le sirve para acarrear una simple hoja. Aglutinados en colonias, sin embargo, construyen auténticas ciudades subterraneas o espectaculares montículos de varios metros de altura. Los trabajadores de ALN han demostrado que tienen la laboriosidad y la pequeñez de las hormigas, pero carecen de su capacidad de organización.
Recargos bancarios por facturas aplazadas, cortes de luz y agua, dificultades no sólo para llegar a fin de mes, sino también para empezar el siguiente, son sólo algunas de las consecuencias que sufren los trabajadores pertenecientes al grupo ALN en sus delegaciones de Barcelona por no cobrar sus nóminas a tiempo.
El problema empezó en mayo de 2015, cuando ALN adquirió la empresa de telemarketing Connecta junto con sus dos plataformas en el carrer Aragó y el carrer Entenza. A partir de este momento los retrasos a la hora de efectuar el pago de los salarios han sido habituales, por lo que los sindicatos de UGT y CCOO han convocado huelgas de modo regular como medida de presión.
"Las negociaciones son agotadoras y no valen para nada, cada mes salimos con la promesa de que al siguiente cobraremos a tiempo, y al final nunca cumplen con lo pactado; durante años trabajamos para Connecta y jamás tuvimos ningún problema.", comenta una de las sindicalistas.
La crisis se vio agravada los días 12 y 13 de diciembre, cuando al problema de las nóminas se le añadió el de un corte de agua que dejó los lavabos inutilizados durante dos días. Al principio se les dijo a los trabajadores que se trataba de una avería, pero el resto de las oficinas del edificio tenían agua, así que estaba claro que no era por eso. Más tarde se hizo patente que el corte de suministro había sido debido al impago de varias facturas. "Nos quieren tomar por idiotas, eso es lo único que ocurre", aseguraba alguna de las teleoperadoras entre enfadada y resignada.
Tal vez por eso, para aclarar lo que estaba sucediendo y dar su punto de vista, el pasado día 14 de enero se presentó en la plataforma de Entenza el propio Alejandro Casas, director general de la compañía. Como él mismo reconoció se trataba de la primera vez que aparecía por la oficina desde que el grupo ALN adquiriera Connecta, hace ya ocho meses, por lo que muchos de los trabajadores al principio no sabían de quién se trataba.
Con un ligero temblor en la voz y visiblemente afectado pidió disculpas por la situación, y aseguró que a partir de ese momento todas las nóminas se pagarían a tiempo. "La firma del inversor que ha de inyectar músculo económico ya casi está sobre el papel, y una huelga más podría echarle atrás y no haría más que crear problemas. Todos somos compañeros, unos en un puesto y otros en otro, pero todos queremos que el barco siga a flote", concluyó el director general.
"Por tu culpa mis hijos no tuvieron reyes", le recriminó una de las teloleoperadoras, mientras que otra le preguntó si iba a ir a su casa a dar de comer a sus hijos. Alejandro Casas escuchó a todos y reconoció su culpa, y dijo que precisamente por eso había acudido allí ese día, para dar la cara, si bien al cabo de la reunión la impresión general era que sólo se había presentado para evitar los dos días de huelga previstos.
"Si el día cinco no se han ingresado las nominas, yo mismo haré huelga", aseguró uno de los jefes de la plataforma, "pero hacer una huelga en un momento tan delicado podría poner en peligro la empresa y los puestos de trabajo de todos los trabajadores, independientemente de su puesto".
Esta no es una crónica periodística, es una opinión personal, y en la opinión del que suscribe los trabajadores de ALN no han estado a la altura de las circunstancias. No, yo no quiero que cierre la compañía, ni quiero perder mi puesto de trabajo ni que lo pierda uno solo de los trabajadores de la empresa, independientemente de su cargo. Estoy contento con mis compañeras y compañeros, el horario es inmejorable para el máster que estoy cursando y que me ha costado una pasta, y no tengo las más mínimas ganas de ponerme a buscar otro trabajo de similares características en el que además no sea requisito indispensable hablar catalán. No, yo no quería hacer huelga, y menos por el motivo que se hacía, ya que por mi condición personal me trae sin cuidado cobrar el 5, el 10, o el 15.
Pero entiendo que formo parte de una comunidad, porque una empresa o una plataforma telefónica no deja de ser una comunidad, entiendo que los problemas que tiene cualquier compañera mañana pueden ser los míos, entiendo que sólo desde la solidaridad y la organización nos hacemos fuertes, y entiendo que cuando doy una palabra, no la retiro. Dije que apoyaría la huelga, y así lo he hecho.
El pasado 14 de diciembre, cuando nos visito Alejandro Casas, apenas hubo voces discordantes con respecto a la convocatoria de la huelga. Incluso algunos compañeros afirmaban que "ellos podían encontrar trabajo al día siguiente, mientras que el verdadero problema lo tenían los jefes". Mi pregunta es, si tan fácil os resulta encontrar trabajo, y tan graves repercusiones os acarrea no cobrar a tiempo, cosa que entiendo y con la que me solidarizo sinceramente, ¿por qué no os vais ya?, ¿por qué no estáis mañana mismo trabajando en cualquier otra empresa?
Yo estoy a gusto en la que estoy, como ya he dicho me siento bien con los compañeros y me gusta el horario, y además he comisionado en cuatro de los cinco meses que llevo trabajando aquí, lo digo porque así es, y porque básicamente ya no me importa lo que penséis. Ni me molesto en mencionar a todos aquellos que han corrido a buscar una baja médica y que no han tenido los redaños ni para hacer la huelga ni para presentarse a trabajar con objeto de contentar a unos y otros.
Los trabajadores de ALN han demostrado que se puede hacer con ellos lo que sea, por ello, por lo que a mí respecta, acaba aquí cualquier movimiento solidario sea cualquiera la reivindicación por la que se luche. He perdido mi dinero, he perdido una jornada laboral y me he mojado por algo que, dicho sea con franqueza y en castellano antiguo "me la suda", y lo único que he logrado es sentirme estúpido.
Respeto la decisión de todos y cada uno de los compañeros, pero hasta aquí hemos llegado, la próxima vez que pongáis la voz en grito, que os indignéis, que saquéis a relucir a vuestros hijos para reclamar cualquier reivindicación, el que suscribe os mirará con lástima, agarrará su chaqueta y se irá a hacer otras cosas.
Con respecto a ALN, esta claro que esta compañía tiene un problema de liquidez que, según su director general, ya estaba resuelto, pero a la vista de los hechos también tiene otro problema, que es la comunicación interna. La información no fluye por los canales adecuados desde los níveles superiores del organigrama jerárquico hasta la base que conforma el grueso de la plantilla. La consecuencia de este problema comunicativo es la proliferación de rumores, a veces acertados y otras erróneos, que influyen de modo negativo en el estado anímico de los trabajadores.
Además de solucionar sus dificultades económicas sería conveniente que ALN implementara medidas que favorecieran el flujo informativo. Si es cierto que todo el equipo humano que conforma la plantilla "esta en el mismo barco", como dice su director general, la información debería transmitirse adecuadamente desde la cima hasta la base, de otro modo los trabajadores no se sentirán parte del proyecto o, lo que es peor, podrían llegar a sentirse engañados.
Del mismo modo, la ejecutiva debería atender a las posibles reclamaciones, quejas o proposiciones que hagan sus empleados, lo que serviría para conocer mejor la propia empresa y, por qué no, mejorarla. Buzones de sugerencias, reuniones periódicas con representantes de los trabajadores o la creación de una revista son sólo algunas de las medidas que podrían proponerse en un plan de relaciones públicas internas que, de modo urgente, les hace falta.

Quique Castro.

miércoles, 13 de enero de 2016

Carolina Bescansa no tiene institutriz

La capacidad comunicacativa de Podemos es arrolladora, con un sólo gesto ha logrado poner de nuevo en la agenda mediática el problema de la conciliación laboral. Seguramente Carolina Bescansa, sin ser la primera en dar el pecho en una cámara, ya sabía que en el Parlamento español hay una guardería, pero también sabe que hay miles de madres que no pueden disfrutar de estas facilidades en su trabajo, o que no disponen de 400€ mensuales para costeárselas.
La consecuencia de estar entre los rezagados de Europa en políticas que ayuden a conciliar la vida familiar y profesional de la mujer es la paulatina disminución de esta en las escalas superiores del ámbito laboral. La escenografía montada hoy no sólo es efectiva mediáticamente, sino que contribuye a normalizar algo que, aunque sabido, parece que debe mantenerse oculto, y es que la mujer debe poder ser madre, si lo desea, además de profesional cualificada.
La "performance" de Podemos ha caído como una bofetada al PP, que no entiende nada porque es más de institutrices, y al PSOE, que una vez más y como siempre llega tarde y mal a los problemas que afectan a la sociedad. Podemos ha vuelto a empequeñecer a PP y a PSOE y demuestra que por fin la lucha llega al Parlamento. Que no cese.

Quique Castro.

lunes, 11 de enero de 2016

Una balanza fiscal a medida

Es el ciudadano el que decide con su voto cómo y por quién va a ser gobernado, pero ciudadanos somos todos, más o menos informados, con mayor o menor nivel académico y más o menos versados en política o economía. Los partidos políticos lo saben, y también saben desde los albores de la publicidad, entendida como técnica propagandística, que son los mensajes simples los que calan más hondo y resultan más efectivos. 

Aún hoy entre los defensores del independentismo,es común seguir escuchando el mantra del deficit de los famosos 16.000 millones de la balanza fiscal. Convendría recordar que existen varios métodos para calcular esta balanza.

Para calcular estos 16.000 millones la Generalitat uso el método de “flujo monetario”,que tiene en cuenta el gasto estatal que se efectúa en un territorio determinado. Por poner un ejemplo, el Tribunal Supremo está en Madrid, así que no computaría, ¿pero acaso no beneficia también a los residentes en Cataluña? Del mismo modo ocurre con las instalaciones o gasto militar, si no están en Cataluña no cuentan pero, ¿acaso la labor del ejercito no es velar por la paz y la seguridad de todos los españoles?

El método por “carga-beneficio”, sin embargo, computa la rentabilidad generada aunque no se haya producido en el territorio, por ejemplo el VOR de Calamocha que guía a los aviones en el puente aéreo Madrid-Barcelona está en Aragón, pero también beneficia a Cataluña, así también el gasto militar se dividiría entre todas las autonomías según su aportación, y lo mismo ocurriría con cualquier organismo de la organización central que, esté o no en Cataluña, sirva para beneficio de los catalanes.

El otro ardid que se usó para que saliera una balanza tan descompensada fue “neutralizarla”, lo que consiste en repartir el déficit del estado español entre las diferentes autonomías para calcular el gasto que correspondería a cada una, con lo que el déficit se dispara. Los resultados de esta “balanza neutralizada” distan mucho de los que se obtendrían con una “balanza-observada”, que es la que observa los flujos de ingresos y gastos reales.


Todos estos modelos de balanza son útiles y reales, y miden conceptos diferentes, pero a la ciudadanía se le hizo llegar un mensaje mucho más simple “España roba 16.000 millones al año a Cataluña”, como si además las balanzas fueran idénticas un año tras otro. Los ciudadanos tenemos derecho a decidir, pero también tenemos la responsabilidad de informarnos para hacerlo de un modo responsable.



Quique Castro.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Centro Assafa: el Islam de andar por casa

"La mayoría de musulmanes se sienten aceptados, pero no se adaptan a vivir en democracia", revista católica 21rs.
"El 80% de los musulmanes residentes en Europa viven de la asistencia social y se niegan a trabajar", Alerta Digital.
"El Islam extremista es como el nazismo", Periodista Digital.
"Cada vez más musulmanes quieren implantar la ley islámica en Suiza", El Mundo.


La barba negra le crece en mechones desordenados, se rasca la coronilla debajo del gorro de lana y se quita los zapatos para dejarlos en el estante. El Imán da unos pequeños tirones a su túnica blanca, que acaba de ponerse por encima de los vaqueros y la camisa de cuadros, y se detiene un momento para apretar un par de manos antes de comenzar el rezo. Las paredes son blancas, desnudas de todo ornamento, unos cuantos altavoces cuelgan del techo y el suelo está cubierto por una moqueta roja mal ajustada en los bordes. El centro islámico Assafa está situado en una pequeña calle cerca del Arco del Triunfo, lo indica un oscuro cartel sobre la puerta, y este domingo se reunirán en él una veintena de hombres y tres niños para rezar y para conversar sobre el Islam en Barcelona.

Con relativa frecuencia se encuentran artículos sobre la función de las mezquitas no sólo como lugar de oración, sino también como enclaves de adoctrinamiento político y social en los que se instruye a una colectividad islámica cada vez más numerosa y radicalizada. Vínculos entre el nacionalismo desatado y el salafismo yihadista, mezquitas a cambio de votos... En definitiva, una creciente comunidad musulmana que acabará imponiendo sus costumbres a través de nuestra democracia.

La oración concluye a las seis y media de la tarde y todos los asistentes se reunen en corro alrededor de Mohamed, el Iman que ha dirigido la oración, marroquí de treinta y cinco años, y del Sheikh Ahmed, dignidad religiosa de orden superior. Ahmed es iraquí, tiene cuarenta y siete años y trabaja en la Nissan como ingeniero mecánico.

"Adaptarse no quiere decir que tenga que salir al Puerto Olímpico a beber cubatas por la noche", interviene Mustafa, un marroquí que lleva 27 años en España, "adaptarse es respetar las leyes del país en el que vives, pagar tus impuestos... convivir".

Otro de los fieles quiere añadir algo, también se llama Mohamed, aunque sus amigos en España le llaman Jaime: "Quien tiene la nacionalidad tiene que sentir que es español y dejar todo atrás. Si vives aquí tienes que adaptarte, es lo que hay, y tienes aprender el español sí o sí, pero hay dificultades. Tienes una familia y tienes que trabajar, estudiar, realizar tus actividades... y no todo el mundo se puede integrar rápido. A veces echamos de menos ayudas por parte de los diferentes gobiernos".

"No nos ayudan demasiado" apunta el Sheik Ahmed, "Sólo tenemos dos fiestas al año, la Fiesta del Cordero y el final del Ramadán. Nosotros pedimos permiso al Ayuntamiento para una celebración al aire libre, pero ellos siempre nos ponen problemas, y eso hace que la gente se sienta mal".

Sin embargo el pleno de los asistentes niega que España sea un país racista, si bien casi todos afirman haber sufrido casos aislados de rechazo que atribuyen a "gente inculta que no odia a los musulmanes, sino a todos los que nos son como ellos", como afirma Hassan, boliviano de 23 años.

"La gente aquí no es racista ", interviene Rabea, un joven palestino casado con una alemana, "en Alemania lo son más, pero a los refugiados sirios les dan un visado de trabajo y cursos de alemán gratuítos. Aquí no dan permiso de trabajo, y sin permiso de trabajo, ¿cómo puedes integrarte? Yo trabajo de cara al público y hablo con muchísima gente de aquí. Soy peluquero y tengo un restaurante. Todo el mundo me conoce y saben que soy musulmán y todos me hace preguntas, y me doy cuenta de que la gente cada vez sabe más, que la gente no es tonta. La gente sabe que los terroristas no son el Islam. Ellos escuchan la tele, pero saben que la verdad no es lo que les cuentan".

Hay murmullos de asentimiento. Todos están de acuerdo en que los medios no les han tratado bien y este es un tema candente. "Cuando el año pasado ocurrió lo de la revista francesa había gente en la radio y en la televisión que supuestamente sabe mucho sobre el Islam y sólo decían barbaridades, por eso nosotros llamamos para dar nuestra opinión", dice el Sheikh Ahmed, "pero nadie estaba interesado en escucharnos, sólo hubo un canal, Tele 5, que dijo que a lo mejor nos llamaría, pero nunca lo hizo".

Por eso, para darse a conocer, el centro Assafa realizó en mayo una jornada de puertas abiertas en la que se ofreció té y pastas. Acudieron vecinos y vecinas del barrio y se hizo entrega de unos pequeños folletos en los que se explicaba en qué consiste el Islam. Aseguran ser una comunidad abierta, y lo que dicen de puertas adentro es lo mismo que sostienen ante las autoridades

"Ese fue el día que aquella señora nos preguntó si era aquí dónde construíamos las bombas", añade el Iman Mohamed. Todo el grupo se ríe, y un pequeño de unos 12 años añade con una sonrisa, en perfecto español, "y a mí en el colegio me han preguntado si soy yihadista".

"No hay que hacer caso al que te insulta", dice el Sheikh Ahmed, sin dirigirse directamente al niño. "Sí, somos practicantes y hacemos lo que nos toca hacer, y conocemos la historia de nuestro profeta, que convivía con cristianos y con judios. Si nuestro profeta era capaz de convivir en paz con miembros de otras religiones, cómo no íbamos a hacerlo nosotros".


Quique Castro.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Aquí unos amigos

Sin orden ni concierto aquí van algunos de ellos, sólo para relajarme, para pasar el rato después de girar durante horas en la enorme y enloquecedora rueda del hamster y de pervertir mi cerebro en un aula extraña de intelectualidad forzada.

Scott Fitzgerald, ni siquiera hace cien años que se publicó su primera novela... Ya en vida tuvo tiempo de saborear la gloria, sumirse en el olvido de los descatalogados y remontarse una vez muerto hasta ser considerado tal vez el más talentoso de toda la generación perdida. Fitzgerald está preocupado porque a su mujer se la trajina un teniente francés en la Riviera francesa. El bueno de Scott, además, está hecho polvo porque Zelda le ha dicho que la tiene pequeña, y que nunca podrá dejar satisfecha a una mujer. Hemingway se lo lleva al retrete, se la mira y le dice “No te preocupes, muchacho, está perfectamente conformado. Ese es el truco más antiguo para destruir a un hombre”. Hemingway, otro más. Asegura que hizo sus cálculos con mucho cuidado y que mató a ciento veintidós prisioneros alemanes. Cazador de elefantes y leones, buscaba submarinos alemanes en sus ratos libres por los cayos de Florida en su yate, por esas aguas en las que Santiago pesca su pez espada y Hemingway su Nobel. Fitzgerald y Hemingway, los dos se alcoholizaron tanto que al primero le dio un infarto con cuarenta y seis años y el segundo se descerrajó un tiro con sesenta y cuatro, prematuramente envejecido, casi senil y paranoico porque era consciente de que nunca podría volver a escribir.

Henry Miller, obsesionado con follar, follar, beber, escribir y follar. Así vivió hasta los ochenta y nueve años, en que murió famoso y rico, pero antes supo lo que era dormir debajo de un puente, y su obra estuvo censurada y fue calificada de pornográfica durante muchos años. William Burroughs, yonki perdido, se casó con Joan Vollmer aunque lo que a él le gustaban eran los hombres, y una noche jugando a Guillermo Tell con una manzana y una pistola Star acabó por alojar en el cerebro de su mujer una bala del nueve corto. “Todo me lleva a la atroz conclusión de que jamás habría sido escritor sin la muerte de Joan”, escribió años después.

No eran un ejemplo de nada; radicales, borrachos, egoístas, obsesionados con escribir siempre que eso no entorpeciera sus maratones de alcoholismo y sexo. Kerouac se negaba a ser el ídolo de los nuevos hippies que llenaban las universidades de Estados Unidos en los años sesenta de eslóganes de paz, mucho más interesado en beber y hacer autoestop y conducir hasta que se acabara la gasolina junto a su amigo Neal Cassidy, el Dean Moriarty de “En la carretera”, pendenciero, aficionado al jazz, asiduo a los reformatorios y la cárcel. Los dos algo menos aventureros sin embargo que Jack London, que llevó el cuento a su cima con “La hoguera” en su serie de relatos sobre Alaska, basados en sus experiencias como buscador de oro en el Klondike, aficionado al boxeo y comunista utópico que navego por los mares del sur hasta perder los dientes y que bebió hasta reventarse con un cóctel de whisky y morfina.

No me olvido de Bukowski, que fabulaba de pequeño con que pilotaba un Messerschmitt alemán en la II Guerra Mundial antes de dedicarse a vagabundear y a perseguir las sombras de Knut Hamsun y de John Fante de bar en bar, pelea tras pelea, despertando al amanecer en callejones apestosos siempre sin su cartera. Con su cara de titán bondadoso e incomprendido acabó conduciendo un BMW para ir al hipódromo durante los ratos en que no estaba escribiendo o dentro del jakuzzi en el jardín de su casa, rodeado por sus nueve gatos.

Y William Faulkner, que experimentó con su prosa y su hígado hasta llegar al Nobel, enemigo íntimo de Hemingway, coetáneo de John Steinbeck, el campeón de los deshederados con "Las uvas de la ira" (eh, un momento... Hemingway, Faulkner y Steinbeck ya van tres Nobel americanos en un solo siglo), y Hunter S. Thompson, aficionado a las drogas, el alcohol, las motos y las armas de fuego, inventor del periodismo Gonzo, amigo de Johny Depp... y, como no, Edgar Allan Poe, el gran maestro del terror. Todos alcohólicos. Qué desorden.

Por eso, cuando des vueltas y más vueltas en la rueda con tu disfraz de rata domesticada, recuerda al viejo Hank bebiendo esa aguada cerveza americana y escúchale aporrear las teclas con furia hasta altas horas de la madrugada, imagínatelo con su saca de correos, doce años seguidos pateando las calles sin renunciar jamás; camina con tu pulgar levantado junto a Kerouac en algún kilómetro de la Ruta 66, justo antes de que te paré una rubia en su descapotable; escucha el sonido del sedal rasgando el aire antes de caer en el Two Hearted River y disfruta del aroma de la trucha que asa Hemingway en una hoguera en medio de la montaña; bebe champán en la Riviera francesa y baila con Zelda y Scott la última canción de Cole Porter; recorre los barrios bajos de París junto a Henry Miller de camino a la casa de algún amigo pintor al que sablear un pedazo de queso y una botella de vino.

Y recuerda que estás ahí por algo, haz lo que puedas, apaga la tele, desconecta Internet, y escribe lo primero que se te ocurra. Mañana ya te ocuparás de corregirlo, hoy ya es tarde.

Quique Castro.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Snapchat, marketing sexy

¿Qué es Snapchat, una aplicación para mandarse fotos en pelotas o una poderosa herramienta de marketing? Deseada, imitada y cotizada, ha pasado de ser una aplicación criticada por su dudosa utilidad a gigante de las tecnologías y vehículo comercial a tener en cuenta.

En 2011 Anthony Weiner tuvo la feliz ocurrencia de mandar unas fotos suyas en calzoncillos a una joven de 21 años a través de Twitter. Las fotos salieron a la luz, claro, y el político tuvo que renunciar a su escaño en el Congreso de los Estados Unidos. Al parecer esto fue lo que inspiró a Evan Spiegel, un graduado de 25 años de la universidad de Stanford, para crear Snapchat en diciembre de 2011. 

De modo resumido podríamos describir Snapchat como una aplicación en la que un usuario puede mandar una foto a otro y decidir el tiempo que éste podrá verla, que será de entre 1 y 10 segundos antes de que sea eliminada automáticamente. El valor de Snapchat reside en la autenticidad de lo efímero. Es mucho más fácil ser uno mismo cuando la corrección no es obligada, y la corrección es obligada cuando perdemos el control de lo que colgamos en Internet, es decir, siempre. Valga como prueba la insólita cantidad de descerebrados multados o arrestados por colgar fotos o vídeos en los que infringen la ley, por no hablar sencillamente de los millones que se despertaron una tarde de domingo y observaron con horror su actividad en WhatsApp de la noche anterior.

En poco más de tres años Snapchat ha crecido lo suficiente como para sus creadores rechazaran una oferta de 2.235 millones de euros proveniente de Facebook, y para que su valor actual en el mercado se estime en unos 13.900 millones de euros. Hay quien asegura que Snapchat sólo es una moda, y que su éxito se basa en la posibilidad por parte de los adolescentes de mandarse fotos en porretas, sin embargo las estadísticas dicen que sólo el 18% de los usuarios reconoce haberlo usado para tal fin, y ya sabemos que en las encuestas todo el mundo dice la verdad, ¿a que sí?

Snapchat fue la segunda aplicación más descargada en el 2014, por delante de Youtube y Facebook y sólo por detrás de Facebook Messenger, y en 2014 contaba con más 25 millones de usuarios. ¿De verdad los profesionales del marketing iban a permanecer ajenos a esta tendencia pensando que era sólo una cosa de chicos salidos? Evidentemente no. De hecho se anuncia una revolución no sólo en el comercio sino en el mundo de la comunicación en general, y ya hay medios que vaticinan que las noticias Snapchat son el futuro del periodismo.

El usuario medio de esta aplicación está entre los 13 y los 26 años (por cierto, muchas más mujeres que hombres), y son los conocidos como millenials, los primeros nativos digitales. Los millenials viven pendientes de las redes sociales y están a la última en tecnología digital, y saben que el matrimonio, la ciudad donde viven y lo que consumen son cosas efímeras, ya no digamos sus trabajos; es decir, que los millenials son muy Snapchat. Pero Snapchat no es una red social, no hay grupos, sólo existen interacciones individuales. A pesar de esto, o gracias a, marcas como Valentino, Michael Cors o McDonalds ya lo usan para acercarse a sus clientes aprovechando ese aura de distinción que da la publicidad personal y la posibilidad de asistir a colecciones u ofertas exclusivas. Unicef también se ha atrevido a usar esta aplicación como arma comunicativa: Snapchat colabora pidiendo a sus usuarios que agreguen a la ONG, y esta manda crónicas para ayudar a dar a conocer el impacto de la crisis de Boko Haram en Nigeria y lanza dibujos realizados por niños implicados en este conflicto.

En definitiva parece que las marcas empiezan a usar Snapchat como una nueva herramienta con la que crear su storytelling y urdir la trama en la que apresar a sus usuarios más jóvenes. Los contenidos no pueden durar más de 10 segundos (¿será que nuestra capacidad de atención cada vez es menor?), y no están disponibles más de 24 horas, pero la capacidad de impacto para los potenciales seguidores puede marcar la diferencia, ya que se trata de un público exigente, pero con una inmensa capacidad de retroalimentación e interacción social.

Quique Castro.