jueves, 18 de abril de 2013

Alta Films: cae el telón de la cultura



Alta Films desaparece, uno de los resquicios del cine de autor en España. Nos están condenando al "éxito" comercial y palomitero de los norteamericanos, es decir, al fracaso cultural. A partir de ahora, tanto recaudas, tanto vales. Woody Allen tiene que buscar financiación en Francia (un cine hiperprotegido), porque en EE.UU. no lo consideran rentable, y aquí será igual, nos quedaremos a merced de los gustos al por mayor, más rentables, pero no necesariamente mejores.

Bergman, Fellini, Buñuel, en España no tendríais cabida. No sólo eso, con Alta Films se van sus salas de cine: Renoir, Floridablanca… De las pocas que se atrevían a exhibir clásicos atemporales o cine independiente. Otro éxito más de la derecha en este país, otro éxito del paletismo, del “pan para hoy hambre para mañana”, otra consecuencia más del robo indiscriminado que hemos sufrido los ciudadanos.

Nos dejan sin sanidad, nos dejan sin educación, cae el telón de la cultura. España, poco a poco, está siendo desvencijada. Pronto será un barco roto a la deriva, arrastrado por la gran potencia alemana. Seremos carne de cañón, obreros a bajo coste, obreros baratos incapacitados para tomar decisiones, sin criterio y sin bagage cultural. Están desarmando intelectualmente este país, que es justo lo que desean.

El estado del bienestar existirá sólo para una minoría, una élite capacitada para entender lo que ocurre y manejar la información, mientras que la inmensa mayoría no será más que una masa de lerdos narcotizada por el "jurgol".

Carta publicada en La Vanguardia, sábado 27 de abril de 2013.

http://www.lavanguardia.com/participacion/cartas/20130427/54372909637/adios-al-buen-cine.html

Quique Castro.

miércoles, 17 de abril de 2013

Identificación de los antidisturbios


La identificación que llevarán los antidisturbios de los “mossos” a la espalda es excesivamente larga y enrevesada; siete números y dos letras, una al principio y otra en el medio; en total, nueve caracteres. Cierto, ahora la llevan y es visible, pero seguramente valga para poco. La policía cumple una función necesaria, y la mayoría de los agentes merecen nuestra consideración, pero todos hemos visto sus espeluznantes cargas de las últimas manifestaciones: una ordalía desenfrenada de porrazos indiscriminados, muchas veces a menores o a pacíficos manifestantes. Les guste o no, ha ocurrido y, aunque quieran justificarlo con retórica política, no pueden, porque todos hemos podido verlo. 

Tengo una sugerencia para la policía: ¿por qué no escriben la identificación en cirílico, o, ya puestos, en braille?  Me cuesta imaginarme a mí mismo solicitando al agente que agredió brutalmente al menor Yago Parra hasta dejarlo inconsciente que se diera la vuelta para tomarle la matrícula. De paso, incluso, podría pedirle un boli y un papel para tomar nota, o podría pedirle que se estuviera quieto sólo un momento, mientras le saco una foto. Al final sólo nos separará de la brutalidad la presencia de los medios, y eso mientras les permitan acceder al lugar de los hechos.

Quique Castro.

viernes, 12 de abril de 2013

Crisis, pero de valores


La guerra ya ha comenzado. El mundo se colapsa, y las fuerzas antagónicas del capitalismo y del socialismo se enfrentarán en una lucha encarnizada. Hasta ahora era una guerra económica, pero la amenaza de Corea del Norte o las injerencias de los EE.UU en la política internacional no anuncian nada bueno. En todo caso, esta guerra hace tiempo que ya ha dejado bajas, y hasta ahora los que han caído siempre han sido del mismo bando: el de los pobres.

El ciudadano no se entera de lo que pasa. La izquierda y la derecha no existen, son pura ficción, y los ciudadanos filtramos las noticias no para informarnos, sino para alimentar nuestras ideas preconcebidas. La clase política se atrinchera en sus poltronas y nos arroja su basura a la cara para que en la calle se discuta a cuál de ellos le huele peor.

La crisis en España no es sólo económica, sino principalmente de valores. El ciudadano de a pie, ese que abuchea al político corrupto a la salida de los juzgados, se hubiera postrado a sus pies y le hubiera ofrecido la virginidad de su hija si no hubiera sido condenado. Porque, en España, ha dejado de importar la honestidad y la nobleza. Ya sólo importa si te pillan.

Carta publicada en "Zona 20", en el periódico "20 Minutos".

Quique Castro.

miércoles, 10 de abril de 2013

¡Qué repitan la pregunta!



Sería estupendo que en el panorama del periodismo político actual surgiera en España un periodista capaz de acorralar a sus entrevistados como hemos visto hacer a Eddie Mair en su entrevista a Boris Johnson, alcalde de Londres. No dudo de la categoría profesional de los periodistas españoles, ni siquiera de sus ganas, pero el caso es que jamás nos quitamos la impresión, al menos en el terreno de la política, de que el entrevistado está un peldaño por encima del entrevistador.

Creo que Ana Pastor realizó un buen trabajo al frente de “Los desayunos de la 1”, pero al final de su etapa, en vez de acorralar a sus entrevistados, era ella la que tenía que justificar su  buen hacer e imparcialidad. Los políticos españoles están demasiado acostumbrados a responder con evasivas y circunloquios, y a que el periodista de turno desista. Cuántas veces, desde el sillón, no hemos pensado: “¡eso no es lo que le has preguntado! ¡Pregúntaselo otra vez!”. Pero no, el periodista nunca repite su pregunta, y el espectador nunca recibe su respuesta, sólo asiste frustrado a la declamación acomodaticia de un discurso ensayado que jamás se sale de su cauce.

Enrevista de Eddie Mair a Boris Johnson, alcalde de Londres:

Quique Castro

lunes, 8 de abril de 2013

Truños, caimocho y chunta chunta


Truños, calimocho y chunta chunta. Éste es el eslogan que debería sustituir, al menos en Poblenou, al mítico “sexo, drogas y rock’n’roll” de los sesenta. Mientras que en el barrio de Gracia la Policía se aposta en cada esquina para vigilar que la bohemia de pega despeje las calles apenas dan las tres de la madrugada, a esas mismas horas, en Pedro IV, una muchedumbre campa a sus anchas bebiendo y berreando, y así seguirán hasta más allá de las cinco de la mañana.
Aparte de por los cánticos nocturnos y el chunta-chunta de los coches en los que se hace botellón, Pedro IV también debería ser famosa por ser la calle con más cagadas de canes por metro cuadrado. ¿No hay un apartado específico para tal gesta en el libro Guinness de los records? Sea como fuere, allí llevan los animales de dos patas a sus animales de cuatro para que depongan unos magníficos pastelotes. Caminar por Pedro IV es como hacerlo por un circuito de obstáculos. Si pasas por aquí serás bienvenido, pero no te despistes, mira al suelo y cuidado con las heces. Y si eres ciego…, lleva botas de agua.
Creo que se debería prestar la misma atención a todos los barrios, independientemente de que unos estén de moda y otros de pena, y de los políticos que vivan en ellos.


Quique Castro.

viernes, 5 de abril de 2013

Somos maleducados




Los españoles somos maleducados. Tal vez por aquí no lo sepamos o no nos demos cuenta, pero en el extranjero lo tienen muy claro y para ellos es una de nuestras señas de identidad, como la paella, la sangría o los toros. La gente que viene de fuera flipa. No tanto los turistas que nos llegan, que tampoco están para muchas sofisticaciones, como los que vienen a trabajar o a estudiar y se quedan el tiempo suficiente como para calarnos un poco. Y al final acaban por aceptar como otra de nuestras particularidades que aquí no se diga gracias, ni por favor, ni disculpe.
He visto a una embarazada en el metro, no diré de qué ciudad, a la que nadie cedía el asiento, creía que era un mito, algo imposible, pero puedo asegurar que lo vi con mis propios ojos. Uno, por gentileza, aguanta la puerta al que viene detrás, que pasa sin decir gracias, como si fuera su privilegio, luego escucha como un chaval de quince años dice “campeón, ¿tienes fuego?”, a un señor de sesenta, y luego ve a un ejecutivo correr para coger su asiento en el tren antes que nadie. Y entonces uno entiende mucho de lo que nos pasa.
Quique Castro.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Matrimonio gay sin comillas (respuesta a un editorial de La Gaceta)

Editorial de "La Gaceta": 

La tierra no dejará de ser redonda ni el sol dejará de salir, ni dejará de haber una minoría gay cuyos derechos deben ser respetados. Si dos personas se aman y desean pasar el resto de su vida juntas, es bueno que la ley las ampare y las defienda, y que puedan legalizar su situación. Que existen los homosexuales es un hecho incontrovertible, como la forma de la Tierra y el movimiento del Sol, algo que hace 500 años era negado con la misma ceguera y, en gran medida, por parecidos motivos.

Con respecto a la palabra matrimonio que tanto parece preocupar al PP... El diccionario no recoge las palabras basándose en su etimología, sino en el uso que les dan los ciudadanos. Si todos, o casi todos los ciudadanos emplean la palabra matrimonio para referirse también a la unión de dos personas del mismo sexo, que no les quepa duda que el diccionario tendrá que recoger y añadir esta acepción.

Sinceramente, no entiendo ese miedo de algunos, ese llamamiento al supuesto orden de la naturaleza, ese enroque constitucional basado en el léxico cuando otras veces se han apresurado a hacer los cambios que les parecían oportunos. Nuestra comunidad está formada por miembros de todo credo, raza y orientación sexual, pero lo único que debe importarnos es que las leyes se apliquen igual para todos.

No es importante que haya a quien no le guste esta ley por miedo o por resentimiento, viene a cubrir un vacío legal que afectaba a muchas personas. Esta ley ha venido para quedarse, y dentro de poco nos parecerá extraño que hubiera gente que protestara contra ella, igual que ahora nos parece extraño que haya gente que negara que la Tierra es redonda, o que girara alrededor del Sol.

Quique Castro