viernes, 17 de octubre de 2014

Periodismo e Internet, otro artículo apocalíptico.


Cuando se habla sobre el futuro de la industria periodística donde más proliferan las opiniones apocalípticas es en la prensa escrita, y a mi modo de ver con razón. Se dice que Internet es un modo económico de mantenerse informado, pero ¿cómo compaginamos la gratuidad de este medio con la creación de un producto tan caro como son las noticias?

Podemos decir que esto al menos no afecta a la Tv o a la radio, pero lo hará, porque cada vez estamos menos pendientes de la tele o de la radio y vemos los programas que nos gustan en el ordenador o la tablet cuando y donde nos viene mejor, sin estar sujetos a la dictadura de la parrilla televisiva. Y el problema es que lo que se paga por anuncio en la tele no tiene nada que ver con lo que se paga en Internet. 

El otro día tuve al inmensa fortuna de poder hablar unos minutos con Antonio Baquero, periodista de El Periódico de Cataluña y ganador del Premio Internacional de Periodismo Rey de España, que además de confirmar que la publicidad en Internet no basta "no ya para ganar dinero, sino para mantener la estructura de un medio de comunicación grande", me aseguró que "el medio que da las grandes exclusivas, el que hace que tiemblen los gobiernos, es la prensa escrita". La Tv y la radio suelen ejercer de “repetidores” y vehículos de opinión, así que si nos quedamos sin prensa escrita, nos quedaremos sin noticias.

La gratuidad de Internet ha hecho que las redacciones hayan tenido que reducir sus plantillas y sus recursos para poder sobrevivir y competir con otros medios como “The Huffington post” o “The Drudge report”, que sólo son compiladores de noticias que aparecen en blogs u otros periódicos. Pero para sacar noticias hacen falta recursos con los que poder investigar y pagar a periodistas o corresponsales que lo hagan. Sin estos recursos la alternativa está en creerse la fuente oficial o cacarear la noticia que sale del teletipo de alguna de las agencias de noticias controladas quién sabe por qué capitales. Pero si estamos dispuestos a creer a pies juntillas lo que nos dicen, ¿cómo vamos a saber cuándo nos mienten? En realidad la fuente oficial miente siempre, pero ¿cómo vamos a saber cuál es la verdad? De acuerdo, la verdad es algo que nunca se conoce del todo, pero al menos cuando disponemos de varios puntos de vista podemos indagar, reflexionar y sacar nuestras propias conclusiones. Y un ciudadano capaz de sacar sus propias conclusiones es un elemento indispensable para el mantenimiento de una democracia sana.

Los media están inmersos ahora en la vorágine del hipertexto, las narrativas transmedia o el infotainment como solución para recuperar lectores, y eso está muy bien, pero de nada servirán unas infografías maravillosas o una recreación virtual con la que enganchar a los lectores si la información que se difunde no tiene nada que ver con la realidad, o si el periodista no cuenta con los medios para buscar esta realidad. 

En el libro “Queremos saber” (una serie de reflexiones de varios profesionales de la información), el periodista Javier Espinosa reproduce un texto de una entrevista al catedrático de periodismo Javier Díaz Nosty en la que dice: “Cambian las herramientas, los lenguajes, las técnicas narrativas, pero no las células madre del periodismo. Contar historias de lo que pasa, con rigor, calidad, sentido ético y atención al ciudadano. Por eso no creo en el ciberperiodista. Creo en el periodista inmerso en la cultura tecnológica de su tiempo".

Quique Castro.

martes, 7 de octubre de 2014

Dos años de eldiario.es de Ignacio Escolar

El periodismo digital es la última trinchera de la ideología mediática. Los que buscan ese artículo que les reafirme en sus más arraigadas creencias, los amantes de la lucha en los lodos de la política, pueden encontrar la cabecera que más se adecue a sus preferencias particulares. Y no podemos hacer mención al periodismo digital sin acordarnos de eldiario.es, la última aventura mediática de Ignacio Escolar, conocido rostro de la actualidad informativa de nuestro país y habitual de las tertulias políticas.

eldiario.es cumplió dos años el pasado 16 de septiembre, y al menos las cuentas van saliendo, si el primer año arrojaban un saldo negativo de 379€, en este segundo año han ingresado 1.029.571 euros y han gastado 866.887 euros, lo que arroja un saldo positivo de “162.684 euros más […], un beneficio antes de impuestos que vamos a reinvertir íntegramente en mejorar eldiario.es”, indica el propio Ignacio Escolar. Resulta interesante echar un vistazo a las vías de ingresos del periódico que nos facilita en su mismo artículo: publicidad (744.831 euros), venta de ejemplares de nuestra revista (22.322 euros) y socios (262.408 euros).

Algo debe de saber Ignacio Escolar sobre periodismo a estas alturas. Con sólo veinte años y sin la licenciatura de periodismo (carrera que nunca concluyó), ya escribía para Cinco Días, El Mundo, Muy Interesante o para la revista Rolling Stone. Ignacio Escolar es un tipo que me cae bien, me gustan las posturas que defiende, los argumentos que usa y me gusta incluso su porte a la hora de batirse con el mamporrerío mediático (pero no puedo dejar de plantearme, cosas mías, si hubiera logrado meter su joven y curiosa pituitaria en primera línea periodística sin el pedigrí de su padre).

Poco tiene que demostrar ya Ignacio Escolar. eldiario.es no es el primer periódico que dirige ni el primero que funda, antes vino Público, ese soplo de aire fresco para unos y libelo bolchevique para otros. Tampoco es nuevo en lo del periodismo digital. Allá por el 99 fue responsable de una sección de Telecinco para internet llamada El Navegante, y unos años más tarde fue nombrado coordinador de la web Informativos de Telecinco. Su hoja de servicios es la de un grande. Por poner un ejemplo, su blog escolar.net ha ganado en 2008 y 2009 el premio al mejor blog de política que otorga el portal Bitácoras.com. Pero esto no va de escribir una hagiografía; el que quiera ver su currículo puede mirarlo en la Wikipedia, igual que acabo de hacer yo.

A mí eldiario.es me parece como su director “arreglao pero informal”, un poco dejado en la maquetación, progresista en los contenidos y cuidado en las formas. Me hace más gracia (en la acepción más sonrojante de la palabra) Periodista Digital, el jardín de los deseos de Alfonso Rojo, donde frecuentemente se recrean con las venturas y desventuras de ese paladín del ultracentrismo que es Hermann Tertsch, que ve su almidonado cuello peligrar si Podemos llega al poder e instaura en España su satrapía soviet, perroflautil, bolivariana y guillotinera. Y digo que es su jardín de los deseos porque en gran medida sus titulares se hacen eco de las jaranas, pendencias y rejostios que se dan los tertulianos unos a otros en la tele, pero desde el punto de vista de unos señores para quienes la redacción de un titular es lo más parecido al tuit desesperado de un gañán, “lleno de ruido y de furia”. Vaya, que vienen a ser los típicos que presumen de los golpes que le han propinado en el puño al contrincante con su ojo.

Y podría seguir, pero no lo haré, porque no me parece justo estar aquí hablando de escolares y rojos cuando ellos no saben ni quién soy yo y porque, como ya he dicho en anteriores ocasiones, no me leen ni los amigos. En todo caso no me despediré sin dejaros una joya de titular que acabo de encontrarme en Periodista Digital: “Confiesa a su marido que se quedó embarazada de un 'Enano Boy' el día de su despedida desoltera”. Y el pie de foto dice “Imagen de archivo de un stripper enano". Una joya.

Quique Castro.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

José Luis Alvite, uno de los buenos.

Dicen que es mejor que uno no conozca a sus ídolos literarios para no llevarse una decepción, pero hay tipos que escriben como si se estuvieran vaciando, y al final piensas que ya no es posible conocerles mejor; tal vez más, pero no mejor.

Nunca he conocido a José Luis Alvite, ni siquiera me he cruzado con él. Me crucé con Manolo Rivas, que es más conocido, más catedrático de la lengua gallega y más de El País, y le brindé un “adiós maestro”, que fue más bien un homenaje a aquel “adiós maestro” que le dedicó García Márquez a Hemingway en París, pero no me hizo ni una décima parte de la ilusión que me hubiera hecho encontrarme con Alvite.

Entiendo que muchos deseen entrar en el mundo de la comunicación para descubrir los secretos del marketing y vender un montón de lavadoras, o para salvar el culo de alguna empresa de cosméticos que prepara sus mejunjes con aceite de hígado de delfín; no me parece mal. Pero si yo he querido acercarme a este mundo, que no es el de la aséptica y ecléctica comunicación, sino el del periodismo, ha sido por maestros como Álvite.

Podía verme a mí mismo como gacetillero, redactando noticias a contrarreloj en el bar más próximo de la comisaria, entre un abogado corrupto y alcoholizado y la novia fatal a lo Kathleen Turner de algún mafioso enchironado (qué demonios, era mi fantasía). Pero ahora ya sé que los mafiosos no van a la cárcel, porque los indultan, y que mis artículos tienen menos lectores que políticos corruptos hay en el trullo, lo que por otra parte no está nada mal porque te da libertad para escribir lo que te dé la gana, que viene siendo lo divertido de todo esto.

Al viejo periodista de Santiago de Compostela lo conocí muy de mañana, aunque al parecer los dos tenemos más de noctámbulos. Él me miraba desde el recuadro de su foto en el artículo de La Opinión, y yo le leía en la oficina de una agencia de publicidad de A Coruña bastante lamentable, antes de salir a patear la calle para entrar en mueblerías, tintorerías y carnicerías para ofrecerles módulos en el periódico con los que anunciar sus liquidaciones o sus rebajas.

Enseguida supe que estaba delante de uno de los buenos, uno de los auténticos, igual que hace veinte años cuando me decidí por llevarme a casa aquel libro de Bukowski cuyo lomo aún puedo tocar si estiro el dedo ahora mismo. Los dos, además, tienen una cara interesante, nada de esas caras suaves de malvavisco que te miran con aire de satisfacción blandurria desde las solapas del último superventas para gafapastas moñas, que se creen que son hipsters porque en realidad nunca han sabido qué significa esa palabra.

José Luis Alvite tiene la mirada gastada, ojos de toro desganado y una voz como de llegar a casa de madrugada sin preocuparse por esquivar los charcos. Alvite, además, no puede evitar tener cara de buena persona, pero esa es una opinión mía, y aunque seguramente nunca llegue a conocerle dudo que pudiera decepcionarme, porque si pasara de mí y siguiera escribiendo notas en una servilleta o en un posavasos al ritmo de Gene Krupa o de Cole Porter, me tomaría un orujo a su salud y me daría por satisfecho.

Tuve una novia (que por cierto escribía muy bien), que me recortaba sus artículos y me los metía en el sobre de las cartas que me mandaba, hasta que me dejó de mandar cartas. Me fui comprando sus libros, y lo seguí después durante muchos años en Internet, y también en Twitter, donde las señoras se lo rifaban, y no es broma, porque en Twitter salía más el Alvite sentimental que el áspero, que era el que a mí me gustaba.

Hace meses que José Luis Alvite le confesó por carta a su amigo Carlos Herrera que tenía cáncer de pulmón y de colon. “Me han diagnosticado un cáncer de pulmón y otro de colon. Nunca pensé que envidiaría el estado de mi coche...”, confesó en Twitter. También sé que el gremio de los periodistas gallegos le rindió homenaje el pasado 25 de enero, pero poco más. 

Hace mucho que no sé qué es del viejo maestro, pero si por casualidad lees esto y le conoces (y creéme, muchacho, tendría que ser mucha casualidad), dile que espero que se mejore, y que siga escribiendo, y que voy a leerme un artículo suyo mientras escucho a Tom Waits a las cuatro y diez de la madrugada, que es cuando se escribe bien y a gusto, y cuando a las coristas del Savoy vienen a buscarlas sus novios; boxeadores fracasados, matones a sueldo y algún que otro escritor crápula.

Quique Castro.

jueves, 4 de septiembre de 2014

¿"El juego del ángel" es un plagio?


Allá por el 2008 andaba yo fisgando novedades por la librería Documenta, que por desgracia ha desaparecido dejando lugar a una perfumería, cuando me encontré con “El juego del Ángel”, novela que recogía el testigo de “La sombra del viento”, un libro estupendo con el que había disfrutado mucho unos meses antes. Perfecto, después de siete años de presiones editoriales Carlos Ruíz Zafón se había decidido a continuar su historia.

Abrí el libro al azar para echar una ojeada, y todo ocurrió en esa misma página. Podía haber abierto el libro en otra parte de la historia, y tal vez no hubiera sucedido nada, seguramente no me lo hubiera comprado y a estas alturas yo tendría un pequeño peso menos encima. Pero quiso la causalidad que fuera esa misma página por la que lo abrí.

No voy a releer la historia en pro de la exactitud, porque, aunque conservo ese libro, soy incapaz siquiera de abrirlo, pero la escena que transcurría era más o menos esta: En un callejón, alguien atacaba a una chica. El protagonista cogía una barra para defenderla. El malo sacaba un puñal y se escapaba. Me quedé lívido, me bajó toda la sangre a los pie y sentí ese frío en el rostro que suele ser anticipo de una bajada de tensión o de un desmayo.

Hacía unos cuatro años yo había acabado mi primera novela “El escritor porno”, (que no tiene nada de pornográfica, dicho sea de paso), y después de que me la rechazaran en tres o cuatro editoriales (no recuerdo cuáles, y sería interesante comprobar este punto), me decidí a colgarla en un blog. La novela, originariamente, se llamaba “La primavera nunca vuelve”, pero un amigo mío me insinúo que sonaba entre cursi y película de james Bond, así que llamé al blog “El escritor porno”, en parte porque es la ocupación del protagonista, y en parte porque imaginaba que, al incluir la palabra porno, aparecería con mayor frecuencia en los buscadores de Internet (¿por qué será?)

Mi historia fue seguida durante un año por unas 50 personas al día, entre ellas dos correctoras de estilo profesionales (“Zahara” y “La marquesa de Merteuil”, gracias) que entraban cada día, sin falta, y me escribían anotando mis errores gramaticales, ortográficos o estructurales, que eran muchos.

Una de las escenas de mi libro era la siguiente: En un callejón alguien atacaba a la madre de Lucía y el protagonista cogía un ladrillo para defenderla. El malo sacaba un cuchillo y se escapaba. El parecido de mi escena con la de “El portal del ángel” me dejó atónito, y os puedo asegurar que cuando pagué el libro las manos me temblaban y todavía no se me había ido el frío del cuerpo.

Acabé el libro en tres días, no porque fuera bueno  (de hecho no lo es, pero no es mi interés entrar en valoraciones literarias), sino porque estaba ansioso y quería comprobar que aquella escena no había sido más que una casualidad. Pero sucedió que cada tantas páginas me iba encontrando con más y más circunstancias, personajes y situaciones que, sin que su historia tuviera nada que ver con la mía en el fondo, me la recordaban inevitablemente.

Estas son las coincidencias irrefutables:

1. En ambos casos se trataba de un protagonista sin padres que llegaba a Barcelona y empezaba a trabajar en una editorial cuchitril.

2. Al cabo de un tiempo, en “El escritor porno”, el director se entrevistaba con el protagonista para ofrecerle la redacción de  varias pornográficas, en “El juego del ángel” el director se entrevistaba con el protagonista para ofrecerle la redacción de una serie de folletines.

3. En ambas novelas transcurre una escena con una mujer tras un apagón en la casa del protagonista, y en ambas novelas tiene lugar una despedida con una chica a la que no volverá ver. Buscaré más datos, porque, como digo, estas son coincidencias escritas a vuelapluma.

4. En “El escritor porno”, Alonso, uno de los jefecillos de la editorial, saca de fiesta al protagonista por locales de intercambio de parejas, y al final en algún momento de la historias se lo acababa llevando de putas. En “El juego del ángel”, Pedro Vidal, escritor estrella de la editorial, saca de fiesta al protagonista, y en algún momento de la novela se lo acababa llevando de cabarets.

5. En “El escritor porno”, Lucía es la hija de los dueños del bar que está debajo de la casa del protagonista, y le piden a este que le de clases particulares. En “El juego del ángel”, Isabella es la hija de los dueños del colmado al lado de casa del protagonista, y se la recomiendan a este como asistente.

6. En una escena de “El escritor porno”, Lucía le pide a Pedro, el protagonista, que le deje pasar la noche con él porque ha discutido con su padrastro, y Pedro está medio borracho porque acaba de llegar de juerga. En “El juego del ángel”, Isabella le pide a David, el protagonista pasar la noche con él porque ha discutido con su padre, y David está medio borracho porque acaba de llegar de juerga.

7. En “El escritor porno” hay un pequeño misterio con una serie de novelas románticas de éxito, escritas con pseudónimo (un bizarro nombre ingles) detrás del cual no se sabe quién se esconde. Al final, le ofrecen al protagonista forma parte del equipo que las escribe.  En “El juego del ángel”, una editorial contrata al protagonista para que escriba novelas de encargo con un pseudónimo pintoresco.

¿Mi decisión final? Olvidarme de todo este asunto. Prefería creer que todo esto no eran más que una sarta de causalidades, aunque una parte de mí está convencida de lo contrario. ¿Tendría salida una denuncia formal? Supongo que no. Su historia y la mía no tienen nada que ver, la suya es una narración de misterio llena de "atardeceres rojizos como la sangre" que se da en los años 20, y la mía es un reflejo de la vida en Barcelona de una serie de tipos cotidianos.


Pero esto me sigue escociendo, y me escocerá siempre. De todos modos mi romántica e ingenua personalidad me lleva a pensar que, un día, tarde o temprano, la vida nos pone a todos en su sitio.

Quique Castro.

martes, 2 de septiembre de 2014

Barcelona prostituida

La Barcelona nocturna se ha convertido en un horror sin identidad, una ciudad prostituida y moldeada al capricho de los guiris. No es auténtica y cada vez tiene menos gracia, a no ser que seas alemán, inglés, italiano o de cualquiera de esos países en los que el alcohol es caro. 

En este circuito de guiris despendolados ellos se reúnen para la “happy hour” en los pub irlandeses para ver el partido de la premier, y ellas se pasean bamboleantes con sus diademas con pequeñas pollas de plástico en la cabeza. Nadie les gana en estilismo, con mucho rosa, mucho brillante y muy tatuados. Los verás por la Barceloneta, el Puerto Olímpico y por la Rambla, el famoso paseo que por la noche está infestado de prostitutas (las africanas a un lado y los travelos al otro), trileros, carteristas y negocios de suvenires en los que podrás comprar tu propio gorro mejicano.

La comida es mala, como norma general; paella con un arroz con el que podrías tapar los agujeros de la pared, sangría de tetrabrik y tapas que no lo son (en lugar del pequeño platillo acompañado de un trozo de pan te endosan una ración grande con cuchillo, tenedor y panera).  Puedes refugiarte en las franquicias de los bares de pinchos vascos, pero son prácticamente igual de impersonales, al fin y al cabo todo está pensado para exprimir al guiri, para mimarlo, para que suelte su dinero a gusto.

Los bares del centro son un festival de variado diseño y psicodelia decorativa de esos que lo mismo podrías encontrarte en Londres, Berlín y otras grandes capitales, se sirve mucho mojito, mucha caipiriña, mucho sex on the beach y mucha fruta de la pasión, que vete a saber lo que es eso. Y uno acaba hastiado de tanto camarero “guay” (en los últimos cuatro años tienes que llevar por convenio al menos un brazo completamente tatuado) y acaba echando de menos al camero de camisa blanca y palillo premolar. Y por supuesto también se echa de menos una calle como La Barrera en La Coruña, el Laurel en Logroño, o El Tubo en Zaragoza, por no hablar de Granada, Madrid o prácticamente cualquier sitio de España, porque tengo la sensación de que en cualquier ciudad hay más marcha que en Barcelona. Barcelona ganará, eso sí, en número de guiris meando en la calle, y por goleada, como les gusta a ellos.

Las discotecas son lo máximo y vienen los mejores DJ (o sea, pincha discos), otra vez como en cualquier otra ciudad de Europa, si te va ese rollo. Pero si vienes, te recomiendo que te des una vuelta por el carrer Blai o por el barri de Gracia. No te encontrarás el ambiente de vinos del resto de España, con la gente de pie en medio de la calle, mezclándose, entrando y saliendo porque en Barcelona está prohibido beber en la calle a no ser que seas guiri, y porque la catalanitat es muy de lanzarse corriendo en cuanto ven una mesa libre para estar toda la panda junta, pero hay unos cuantos bares que se mantienen y pueden resultar interesantes. Los barrios tratan de resistir, a ver lo que duran.

Quique Castro.

martes, 5 de agosto de 2014

Provocación

Quiero referirme a dos tipos de escritor, el que trabaja con pudor y un poco de miedo a lo que piensen (o incluso a lo que le contesten, sobre todo desde la consabida 2.0), y el que escribe lo que le da la gana. Al primero le encuentro un tono más academicista y en el mejor de los casos suele estar bien informado (también tiene las comas bien puestas, que es algo que se agradece), pero le lastra demasiado lo políticamente correcto y esas normas del decoro y del respeto que se exigen mucho en los debates de La Sexta y de Intereconomía, aunque luego no se cumplan tanto. El que escribe lo que le da la gana me gusta más, porque es más auténtico y se le nota, y porque es más artista. Puede que el otro pueda ser mas periodista, o más filósofo, o más diplomático, si acaso, pero eso no le importa a nadie más que a él. Yo prefiero al otro, aunque duela, porque escritores libres también los hay cretinos e insoportables, pero en la cosa literaria (y artística en general)  siempre es mejor que alguien sea muy suyo. Muchos de estos escritores tan suyos no llegarán a nada, pero la mayor parte de los escritores políticamente correctos tampoco, y al menos los muy suyos fracasados habrán sido fieles a sí mismos. 

Y es que para el artista, a veces, haga lo que haga, la provocación no es algo superfluo cuyo fin está en sí mismo, sino que ese épater le bourgeois que ya decían los decadentes franceses le sirve como tubo de ensayo en el que buscar la novedad, o la belleza, o ambas cosas. El arte lo es en tanto que expresa y, al hacerlo, conmueve. El chino falsificador y la cámara de fotos nunca serán artistas, aunque sí lo será el fotógrafo, en tanto exprese y conmueva y no sólo reproduzca. En esta búsqueda comunicativa el mejor aliado del artista es su creatividad, y la creatividad surge de una suerte de "pensamiento lateral", que diría Edward de Bono, de un salirse por la tangente, de un plantearse un "y si..." constante, y es más que posible que por este medio de búsqueda, al rechazarse el camino trillado, se llegue a la provocación. Pero el artista no provoca para insultar, sino que es el observador quien se da por insultado, por ofendido, por provocado, en una suerte de juego que es a la vez catarsis en la que se trata de poner a prueba sus más arraigadas certidumbres, algo que al final es siempre sano y que tantas y tantas veces ha revolucionado nuestros estándares. Que se lo digan a los impresionistas.

Y de ahí a la basura un paso, claro, porque para acertar una vez, cuando se busca un nuevo camino, es preciso fallar muchas veces, y porque son legión los farsantes que se apuntan al carro porque, visto así, pintar cuatro trazos de colores parece sencillo, y "eso también lo sé hacer yo", si me pongo, y porque parece que no requiere de técnica, que sólo sale del entrenamiento duro y sudoroso de teclear y pintar mucho y de fijarse en los mejores para encontrarse a uno mismo, pero yo hablo del "provocador honrado". Y c
laro que este provocador puede no llegar a nada en el 99,9 % de los casos, como tampoco llegará a nada en el 99,9% de los casos el artista acomodaticio, pero el artista provocador ha trabajado más, se ha esforzado más porque ha buscado caminos nuevos.

Quique Castro.

miércoles, 30 de julio de 2014

La salida de la crisis vs Pablo Iglesias

Mi enhorabuena a todos aquellos que creen que estamos saliendo de la crisis, primero, porque siempre es mejor vivir con ilusión que sin ella, y segundo por su capacidad de resignación. A falta de una realidad positiva, ilusión y resignación ayudan a seguir adelante. La capacidad del ser humano para adaptarse a todas las circunstancias es admirable. A una persona se le puede robar todo lo que tiene,  hacerle vivir entre penurias y estrecheces, que si luego su mismo ladrón le da unas migajas para que vaya tirando, (no mucho, lo suficiente como para seguir malviviendo y que el ladrón le pueda seguir robando) está demostrado que esta persona no sólo le estará agradecida, sino que además le besará la mano.

Esta crisis no es casual, se planeó allá por los años 90 con la derogación de la ley Glass-Steagall y la desregulación bancaria en los Estados Unidos, algunos de cuyos efectos más inmediatos fueron la creación de las consabidas hipotecas sub-prime y la emisión de aquellos bonos basura que, en España, se colocaron a diestro y siniestro y que hundieron nuestro sistema bancario. Si a este cóctel, más explosivo que el Molotov, le añadimos la burbuja inmobiliaria propiciada por la nunca suficientemente mal ponderada ley del suelo de Rodrigo Rato en 1998, nos da como resultado la crisis más brutal de la historia moderna de nuestro país. Todo esto para explicar a los despistados de dónde viene la crisis. A todos aquellos que todavía mascan los mantras simplones de la derecha más reaccionaria y con menos escrúpulos, que dice y repite cosas como que la crisis la creo Zapatero, o que la sanidad la hundieron los emigrantes que venían a operarse. Zapatero, simplemente, no supo ni quiso ver la inercia de un sistema capitalista que nos llevó al punto en el que ahora nos encontramos.

¿Y para qué querían crear semejante crisis?

El sistema, este sistema nuestro al que tanto deseamos volver, no se mantiene sin los bancos, y, si los bancos pierden, debemos encargarnos de que no se hundan. Para que no se hundieran los bancos el Estado ya ha dado por perdidos 36.000 millones de euros procedentes de las arcas públicas. ¿Y para qué era ese dinero? Pues no era para los bancos eso desde luego, era para educación, sanidad, dependencia, pensiones y servicios sociales varios. Si ahora quieres algo de eso que en la constitución Española se consideran derechos fundamentales, tendrás que pagártelos. ¿Beneficiarios?: Aseguradoras, bancos, energéticas, asociaciones médicas y todos esos consorcios en los que acaban los políticos que te dicen que estás saliendo de la crisis porque tienes un trabajo de 60 horas semanales por 400 € al mes mientras ellos se han forrado gracias a las puertas giratorias.

El gasto en Sanidad pública se redujo un 13,7% en 2012 y un 16,2% en 2013, a eso añade los importes adicionales que, en algunas regiones, llegan a ser de hasta un 10% más. Y es que por ahora es posible que si toses te atienda un médico, pero como tengas la inmensa desgracia de padecer algún tipo de hepatitis o cáncer, vas a tener que costearte parte de los gastos que conlleva el tratamiento. Y, créeme, entonces te acordarás de los 36.000 que España regaló a los bancos.

Y en estas que llega un tipo como Pablo Iglesias, doctor europeo en ciencias políticas y licenciado en derecho, nos dice que hay otras opciones y... ¿qué hacemos? Pues como en España todos somos unas lumbreras, le llamamos “el coletas” y decimos que es un demagogo. Sí, tan demagogo como el que dijo que la abolición de la esclavitud no sólo no sería perjudicial para la economía de un país, sino que sería beneficioso.

Nada como el miedo para contener a las masas, para doblegarlas y someterlas, por tanto la estrategia está clara: hay que satanizar a Pablo Iglesias. Y ahora resulta que escuchas a cualquiera diciendo que Pablo Iglesias no, que Pablo Iglesias es un… Bolivariano. Bolivariano. ¡Chán Chán! La gran palabra mágica que, cuando se pronuncia, debería venir acompañada de relinchos de caballos, relámpagos y truenos. Pablo Iglesias es un… ¡Bolivariano! (risa malvada de fondo). Bueno, ocurre que Simón Bolivar fue un militar que contribuyó a la independencia de un buen número de países sudamericanos y… pero dejémoslo ahí, que igual que yo, podéis buscarlo vosotros en la Wikipedia.

- Sí, ya, pero, nosotros nos referimos a la República Bolivariana de Venezuela.

Pues vaya, no debe preocuparle tanto a nuestro gobierno del Partido Popular cuando resulta que es uno de los principales destinos de las exportaciones de armas españolas. Ya, ya os entiendo. Para venderles armas no son tan malos, va a ser eso.

-Pero es un demagogo ¿cómo vamos a dejar de pagar la deuda?

No se va a dejar de pagar ninguna deuda. Hay una deuda legítima y una deuda ilegítima. La deuda ilegítima es la contraída a espaldas de los ciudadanos con la finalidad de enriquecer a determinadas empresas y corporaciones y sobre la que se pagan intereses de usura. Hoy en día, gracias  a la pavorosa gestión de Mariano Rajoy y su séquito de rémoras, la deuda en España es de un 96% del PIB. Es decir, que es igual toda la riqueza generada durante un año. Otro dato interesante: con lo que paga España cada año, apenas da para pagar los intereses.

Lo que promueve “Podemos”, es una auditoría de la deuda, es decir, determinar qué parte de ella es legítima y qué parte no lo es, en qué condiciones ha sido contratada, quién la emite, a qué tasas de interés y qué políticas se han aplicado. Esto no es demagogia, como nos quieren vender los aterrorizados políticos de la denominada “casta” y como repiten algunos ciudadanos escasamente informados, y, desde luego, en derecho internacional existen conceptos para declarar ilegítima una deuda y anularla.

Uno de estos conceptos sería la “autonomía de necesidad”, que se da cuando un gobierno prioriza garantizar unos derechos fundamentales a sus ciudadanos antes que pagar la deuda. Este concepto no deja de ser importante, habida cuenta que PP y PSOE se pusieron de acuerdo para modificar la Constitución española en ¡nada más ni nada menos que 48 horas! ¿PP y PSOE de acuerdo en 48 horas? ¡Claro que sí! ¿Para ayudar a los ciudadanos? No, más bien para todo lo contrario. Lo que firmaron fue que el pago de la deuda recibiera prioridad absoluta, aun por encima de las necesidades fundamentales de los españoles. Hay más motivos, como la autonomía de voluntad, o el enriquecimiento sin causa (por ejemplo, que Alemania venda bonos al 0% gracias a la crisis, y que conceda créditos al 5,5% a países como Grecia o España).

Pero enhorabuena, porque estamos saliendo de la crisis, y, con un poco de suerte, tus hijos tendrán un trabajo de 80 horas semanales con el cual pagarse la pensión de jubilación, eso si los bancos no nos meten antes en otro embrollo. Pero eso no os da miedo. Os da miedo Pablo Iglesias.

Quique Castro.