martes, 5 de agosto de 2014

Provocación

Quiero referirme a dos tipos de escritor, el que trabaja con pudor y un poco de miedo a lo que piensen (o incluso a lo que le contesten, sobre todo desde la consabida 2.0), y el que escribe lo que le da la gana. Al primero le encuentro un tono más academicista y en el mejor de los casos suele estar bien informado (también tiene las comas bien puestas, que es algo que se agradece), pero le lastra demasiado lo políticamente correcto y esas normas del decoro y del respeto que se exigen mucho en los debates de La Sexta y de Intereconomía, aunque luego no se cumplan tanto. El que escribe lo que le da la gana me gusta más, porque es más auténtico y se le nota, y porque es más artista. Puede que el otro pueda ser mas periodista, o más filósofo, o más diplomático, si acaso, pero eso no le importa a nadie más que a él. Yo prefiero al otro, aunque duela, porque escritores libres también los hay cretinos e insoportables, pero en la cosa literaria (y artística en general)  siempre es mejor que alguien sea muy suyo. Muchos de estos escritores tan suyos no llegarán a nada, pero la mayor parte de los escritores políticamente correctos tampoco, y al menos los muy suyos fracasados habrán sido fieles a sí mismos. 

Y es que para el artista, a veces, haga lo que haga, la provocación no es algo superfluo cuyo fin está en sí mismo, sino que ese épater le bourgeois que ya decían los decadentes franceses le sirve como tubo de ensayo en el que buscar la novedad, o la belleza, o ambas cosas. El arte lo es en tanto que expresa y, al hacerlo, conmueve. El chino falsificador y la cámara de fotos nunca serán artistas, aunque sí lo será el fotógrafo, en tanto exprese y conmueva y no sólo reproduzca. En esta búsqueda comunicativa el mejor aliado del artista es su creatividad, y la creatividad surge de una suerte de "pensamiento lateral", que diría Edward de Bono, de un salirse por la tangente, de un plantearse un "y si..." constante, y es más que posible que por este medio de búsqueda, al rechazarse el camino trillado, se llegue a la provocación. Pero el artista no provoca para insultar, sino que es el observador quien se da por insultado, por ofendido, por provocado, en una suerte de juego que es a la vez catarsis en la que se trata de poner a prueba sus más arraigadas certidumbres, algo que al final es siempre sano y que tantas y tantas veces ha revolucionado nuestros estándares. Que se lo digan a los impresionistas.

Y de ahí a la basura un paso, claro, porque para acertar una vez, cuando se busca un nuevo camino, es preciso fallar muchas veces, y porque son legión los farsantes que se apuntan al carro porque, visto así, pintar cuatro trazos de colores parece sencillo, y "eso también lo sé hacer yo", si me pongo, y porque parece que no requiere de técnica, que sólo sale del entrenamiento duro y sudoroso de teclear y pintar mucho y de fijarse en los mejores para encontrarse a uno mismo, pero yo hablo del "provocador honrado". Y c
laro que este provocador puede no llegar a nada en el 99,9 % de los casos, como tampoco llegará a nada en el 99,9% de los casos el artista acomodaticio, pero el artista provocador ha trabajado más, se ha esforzado más porque ha buscado caminos nuevos.

Quique Castro.

miércoles, 30 de julio de 2014

La salida de la crisis vs Pablo Iglesias

Mi enhorabuena a todos aquellos que creen que estamos saliendo de la crisis, primero, porque siempre es mejor vivir con ilusión que sin ella, y segundo por su capacidad de resignación. A falta de una realidad positiva, ilusión y resignación ayudan a seguir adelante. La capacidad del ser humano para adaptarse a todas las circunstancias es admirable. A una persona se le puede robar todo lo que tiene,  hacerle vivir entre penurias y estrecheces, que si luego su mismo ladrón le da unas migajas para que vaya tirando, (no mucho, lo suficiente como para seguir malviviendo y que el ladrón le pueda seguir robando) está demostrado que esta persona no sólo le estará agradecida, sino que además le besará la mano.

Esta crisis no es casual, se planeó allá por los años 90 con la derogación de la ley Glass-Steagall y la desregulación bancaria en los Estados Unidos, algunos de cuyos efectos más inmediatos fueron la creación de las consabidas hipotecas sub-prime y la emisión de aquellos bonos basura que, en España, se colocaron a diestro y siniestro y que hundieron nuestro sistema bancario. Si a este cóctel, más explosivo que el Molotov, le añadimos la burbuja inmobiliaria propiciada por la nunca suficientemente mal ponderada ley del suelo de Rodrigo Rato en 1998, nos da como resultado la crisis más brutal de la historia moderna de nuestro país. Todo esto para explicar a los despistados de dónde viene la crisis. A todos aquellos que todavía mascan los mantras simplones de la derecha más reaccionaria y con menos escrúpulos, que dice y repite cosas como que la crisis la creo Zapatero, o que la sanidad la hundieron los emigrantes que venían a operarse. Zapatero, simplemente, no supo ni quiso ver la inercia de un sistema capitalista que nos llevó al punto en el que ahora nos encontramos.

¿Y para qué querían crear semejante crisis?

El sistema, este sistema nuestro al que tanto deseamos volver, no se mantiene sin los bancos, y, si los bancos pierden, debemos encargarnos de que no se hundan. Para que no se hundieran los bancos el Estado ya ha dado por perdidos 36.000 millones de euros procedentes de las arcas públicas. ¿Y para qué era ese dinero? Pues no era para los bancos eso desde luego, era para educación, sanidad, dependencia, pensiones y servicios sociales varios. Si ahora quieres algo de eso que en la constitución Española se consideran derechos fundamentales, tendrás que pagártelos. ¿Beneficiarios?: Aseguradoras, bancos, energéticas, asociaciones médicas y todos esos consorcios en los que acaban los políticos que te dicen que estás saliendo de la crisis porque tienes un trabajo de 60 horas semanales por 400 € al mes mientras ellos se han forrado gracias a las puertas giratorias.

El gasto en Sanidad pública se redujo un 13,7% en 2012 y un 16,2% en 2013, a eso añade los importes adicionales que, en algunas regiones, llegan a ser de hasta un 10% más. Y es que por ahora es posible que si toses te atienda un médico, pero como tengas la inmensa desgracia de padecer algún tipo de hepatitis o cáncer, vas a tener que costearte parte de los gastos que conlleva el tratamiento. Y, créeme, entonces te acordarás de los 36.000 que España regaló a los bancos.

Y en estas que llega un tipo como Pablo Iglesias, doctor europeo en ciencias políticas y licenciado en derecho, nos dice que hay otras opciones y... ¿qué hacemos? Pues como en España todos somos unas lumbreras, le llamamos “el coletas” y decimos que es un demagogo. Sí, tan demagogo como el que dijo que la abolición de la esclavitud no sólo no sería perjudicial para la economía de un país, sino que sería beneficioso.

Nada como el miedo para contener a las masas, para doblegarlas y someterlas, por tanto la estrategia está clara: hay que satanizar a Pablo Iglesias. Y ahora resulta que escuchas a cualquiera diciendo que Pablo Iglesias no, que Pablo Iglesias es un… Bolivariano. Bolivariano. ¡Chán Chán! La gran palabra mágica que, cuando se pronuncia, debería venir acompañada de relinchos de caballos, relámpagos y truenos. Pablo Iglesias es un… ¡Bolivariano! (risa malvada de fondo). Bueno, ocurre que Simón Bolivar fue un militar que contribuyó a la independencia de un buen número de países sudamericanos y… pero dejémoslo ahí, que igual que yo, podéis buscarlo vosotros en la Wikipedia.

- Sí, ya, pero, nosotros nos referimos a la República Bolivariana de Venezuela.

Pues vaya, no debe preocuparle tanto a nuestro gobierno del Partido Popular cuando resulta que es uno de los principales destinos de las exportaciones de armas españolas. Ya, ya os entiendo. Para venderles armas no son tan malos, va a ser eso.

-Pero es un demagogo ¿cómo vamos a dejar de pagar la deuda?

No se va a dejar de pagar ninguna deuda. Hay una deuda legítima y una deuda ilegítima. La deuda ilegítima es la contraída a espaldas de los ciudadanos con la finalidad de enriquecer a determinadas empresas y corporaciones y sobre la que se pagan intereses de usura. Hoy en día, gracias  a la pavorosa gestión de Mariano Rajoy y su séquito de rémoras, la deuda en España es de un 96% del PIB. Es decir, que es igual toda la riqueza generada durante un año. Otro dato interesante: con lo que paga España cada año, apenas da para pagar los intereses.

Lo que promueve “Podemos”, es una auditoría de la deuda, es decir, determinar qué parte de ella es legítima y qué parte no lo es, en qué condiciones ha sido contratada, quién la emite, a qué tasas de interés y qué políticas se han aplicado. Esto no es demagogia, como nos quieren vender los aterrorizados políticos de la denominada “casta” y como repiten algunos ciudadanos escasamente informados, y, desde luego, en derecho internacional existen conceptos para declarar ilegítima una deuda y anularla.

Uno de estos conceptos sería la “autonomía de necesidad”, que se da cuando un gobierno prioriza garantizar unos derechos fundamentales a sus ciudadanos antes que pagar la deuda. Este concepto no deja de ser importante, habida cuenta que PP y PSOE se pusieron de acuerdo para modificar la Constitución española en ¡nada más ni nada menos que 48 horas! ¿PP y PSOE de acuerdo en 48 horas? ¡Claro que sí! ¿Para ayudar a los ciudadanos? No, más bien para todo lo contrario. Lo que firmaron fue que el pago de la deuda recibiera prioridad absoluta, aun por encima de las necesidades fundamentales de los españoles. Hay más motivos, como la autonomía de voluntad, o el enriquecimiento sin causa (por ejemplo, que Alemania venda bonos al 0% gracias a la crisis, y que conceda créditos al 5,5% a países como Grecia o España).

Pero enhorabuena, porque estamos saliendo de la crisis, y, con un poco de suerte, tus hijos tendrán un trabajo de 80 horas semanales con el cual pagarse la pensión de jubilación, eso si los bancos no nos meten antes en otro embrollo. Pero eso no os da miedo. Os da miedo Pablo Iglesias.

Quique Castro.

lunes, 16 de junio de 2014

Papa Noel en Barcelona. Parte 2.

No sé si sabes de qué va este rollo, pero hay dos reglas básicas que debo seguir obligatoriamente cuando viajo de incógnito, la primera es que no puedo inmiscuirme en vuestras vidas, la segunda es que tengo que llevar a mi mujer de tiendas. No se me da bien seguir ninguna de las dos.


Aunque trabajo con un colorido uniforme no soy un súper héroe, ¿sabes?, no puedo andar por ahí solucionando los problemas de la gente porque al jefe no le gusta, es muy liberal, y para él es muy importante todo ese rollo del libre albedrío. Pero no nos adelantemos a la historia.

Siempre que viajo a Barcelona me gusta ir a comer al “Pollo Rico”, en el Raval, es un restaurante un poco cutre, pero se come bien y es barato. Todo es grasiento en el “Pollo Rico”, la comida, las mesas, a veces tengo la impresión de que podría mojar el pan en las camisas de los camareros…, es un sitio estupendo. Si vais allí os recomiendo cualquier cosa con cuchara, un potaje, una escudella o un simple consomé, eso lo bordan. A mi mujer la verdad es que no le mata, es un poco más remilgada, pero a cambio nos pasamos toda la tarde de tiendas por el Portal del Ángel y por la noche nos vamos de pinchos por el Borne, que eso sí que le va.

De todos modos mi señora y yo somos de mucho mirar y poco comprar. A mí me van las camisas hawaianas, aunque no pega donde vivimos, pero ya tengo una buena colección porque cada seis de enero los tres chicos de la competencia me dejan una diferente. Los muy gilipollas están todo el día con el rollo de que si son mágicos, que si son invisibles… ¿Invisibles? ¡Por favor! Con todo el jaleo que arman con los camellos parece que llega el séptimo de caballería. No, en serio, tengo entendido que con el resto de la gente son discretos, así que creo que lo hacen por joder y no dejarme dormir. 

Vaya panda, los de oriente. Son buena gente, pero no veas cómo le pegan al alpiste. Unas navidades vinieron a cenar a casa y menuda. Uno de ellos, no voy a decir cual, acabó con un pedo tan grande que se llevó uno de mis renos y se olvidó el camello. Al día siguiente me llama su majestad el rey de los borrachuzos y me dice:

-Santa, que me he llevado tu reno.
-Pues te vienes tú a traerlo, que no voy a ir yo hasta allá.
-¿Te importa si hago el reparto con tu reno y tú te quedas con mi camello y luego te lo paso a devolver cuando acaben las fiestas?
-¿Y qué hago yo con un camello en el trineo? Voy a ser el hazmereir de los inuits. Además, el clima no es el adecuado.
-Bah, por eso no te preocupes, ya sabes que nuestros camellos...
-Son mágicos, sí, ya lo sé.
En fin, mis renos también son mágicos, ¿sabes?, pero no estoy todo el día dando la barrila con el tema.

Continuará.

Quique Castro.


viernes, 6 de junio de 2014

Dramático partido de curling

Todo el mundo sabe que el curling es un deporte que levanta pasiones, pero nadie imaginó que la final del trofeo “Benedicto XVI” acabaría en batalla campal. Todo empezó cuando María del Pilar Aguado, hincha del Poblenou, se puso a masticar la oreja de Norberto Casalinga, seguidor del equipo contrario.

“Ese señor no debió enfurecerla”, nos dice el marido de la agresora “Mi mujer pesa 95 Kg y tiene la pegada de Poli Díaz. Es una valkiria catastrófica, una habitante del Hades, a duras penas pude retenerla. Cariño, le decía, deja de golpear a ese señor en la cabeza”.

Hablamos con la agresora, María del Pilar Aguado. Bajo su apacible fachada de profesora de cerámica de la asociación de jubilados de su barrio, se oculta una bestia sanguinaria y feroz cuyos ávidos instintos afloran sólo en los partidos de curling.

“No sé qué me pasa”, confiesa, “el curling es mi pasión, creo que cuando me enfado puedo hacer cosas horribles… a ti también podría hacerte cosas horribles si me enfadara contigo… ¿Por qué me estás mirando así?, ¿me estás mirando a mí?”.

El agredido, Norberto Casalinga, de profesión ama de casa, había acudido con su tía a la final dispuesto a pasar una agradable jornada. El primer contratiempo se lo llevó cuando los agentes de seguridad le requisaron el revólver del 38 especial que llevaba en la sobaquera.

“Es como un amuleto para mí”, confiesa Norberto desde la cama del hospital.

La tangana se produjo a raíz de una decisión polémica del árbitro turco, Efraim Muíños, cuando dio por bueno un lanzamiento dudoso de Pipo “la bestia” Pérez, estrella del Racing de Sants. Las aficiones de uno y otro equipo empezaron entonces a insultarse y a decirse cosas horribles. “Ladino” y “bribón”, fueron algunos de los insultos que pudieron escucharse. La situación fue a más hasta que por fin llegaron a las manos y a los dientes.

“Fue algo horrible”, ha declarado Norberto Casalinga, “Toda mi vida paso ante mis ojos en un segundo, tal vez algo menos, sí, creo que fueron unas ocho décimas de segundo exactamente”. A los ojos de Norberto apuntan las lágrimas en el momento en que recuerda  el trágico suceso, “Mi nacimiento pasó ante mis ojos, mi cuarto cumpleaños, mi primera comunión”, enumera, “mi graduación en el instituto tecnológico de formación profesional, mi primera entrevista de trabajo, la primera vez que fui a votar, mi…”. Norberto Casalinga sigue y sigue, el shock ha sido brutal.

Le preguntamos al árbitro del encuentro, y esto es lo que nos contestó en declaraciones exclusivas: “Preguntarme  a mí sobre curling es como preguntarle a Ahmadineyad sobre técnicas de terapia de grupo para niños con déficit de atención. ¿De verdad hay alguien que entienda las reglas de este deporte? Si es así, le dejo con gusto mi silbato".

Quique Castro, experto en curling.

viernes, 30 de mayo de 2014

Papa Noel en Barcelona. Parte 1.

Lo bueno de trabajar una sola noche al año es que te deja un montón de tiempo libre. Claro que parte de ese tiempo tienes que emplearlo en que todo esté a punto para la fecha prevista. Os voy a ser sincero, el mérito no es mío, es de los elfos. Esos jodidos enanos sí que saben trabajar. Pero no sólo hay que preparar los regalos, también me ocupo de algunas otras cosas importantes, como leer todo ese montón de cartas que me llegan, e incluso algunas veces, cuando sospecho que algún niño se porta mal, salgo a dar un paseo por ahí, para investigar, ya sabes. Sí, la verdad es que también me sirve para airearme sin que la parienta me diga nada. Un hombre a veces necesita estar a su aire, tomarse un par de cervezas y ver un partido de fútbol en un bar.

Pero a veces también aprovechamos y nos hacemos juntos una escapada romántica. Esta fue una de esas veces. Nos acercamos en trineo hasta el aropuerto de Finlandia, allí mandamos a Rudolph a casa y cogimos un avión. Los finlandeses son unos tipos simpáticos, una vez conocí a uno en un bar que me retó a beber chupitos de vodka. Maldita sea, estuve sin probar vodka tres semanas por su culpa. Por cierto, os diré que un tipo de 150 kilos con la barba manchadas de vómito y un aliento capaz de derribar a un alce no es precisamente la imagen que un niño tiene del tipo que le trae los regalos en Navidad.

En el aeropuerto siempre me pasa lo mismo, me quedo como hipnotizado viendo los destinos de los aviones y me imagino tomando cualquiera que me lleve muy lejos, a alguna playa de esas donde siempre hace sol y el agua es transparente. Claro que he estado por todas partes, pero en plan corredor de Fórmula 1, o tenista, ya sabes, no puedes ver gran cosa cuando tienes que recorrerte el mundo entero en tan sólo 24 horas. Además, tampoco estás para mirar el paisaje, tienes que plegar el espacio-tiempo por las dobleces exactas si no quieres pegarte una buena hostia con tus renos. No digo que sea difícil, pero requiere su práctica.

Ahora te estarás preguntando por qué se nos ocurriría coger un avión en Finlandia pudiendo plegar el espacio-tiempo. No te comas el coco, no acumulas puntos de viaje cuando pliegas el espacio-tiempo, y estoy a esto de conseguir una almohada de fieltro rellena de bolitas para apoyar la cabeza en la ventanilla.

Una vez llevé a mi señora a un hotel de Tenerife, de esos que te ponen una pulserita y te pasas el día a remojo en la piscina, bebiendo daikiris y tomando el sol. No estuvo mal, pero me quemé la espalda y vine con 20 kilos de más. Mi señora se empeñó en que nos apuntáramos a aquagim; al final ella iba a aquagim y yo me quedaba cerca del buffet libre del desayuno.

Desayunar con champán me parece un poco hortera, ¡pero por el yeti de dos cabezas!, ese jodido vasco sabía cómo hacer unos huevos fritos. En fin, puede que tenga varios cientos de años, pero aún no me ha llegado la hora de zambullirme en una piscina con el agua por el ombligo para chapotear como un gilipollas. Además, digamos que no doy bien en bañador, lo mío son las bermudas y las camisas hawaianas. Mierda, tendría que decirle a mi sponsor que estoy hasta los cojones del traje rojo y el gorrito de pompón. 

Las próximas navidades, si miráis al cielo y veis un trineo guiado por un tipo de camisa hawaiana… Bueno, si veis eso en el cielo, os recomendaré que dejéis de meteros esa mierda, sea lo que sea que os metáis, o que cambiéis de camello. Cuando trabajo soy invisible.

Continuará...

Quique Castro


miércoles, 21 de mayo de 2014

Por qué no puedes llevar a tu perro a la playa

Los seres humanos nos hemos apropiado de las playas y hemos decidido que sean sólo para nosotros, y que los perros no pueden disfrutarlas, que para eso somos la especie superior, como podemos comprobar cada vez que ponemos el telediario.

Los perros no, pero los cerdos sí pueden disfrutar de los relajantes baños de mar, y cuando hablo de los cerdos de playa no me refiero a esos fragantes animales de andares suculentos, ni tampoco es que hayamos encontrado una nueva especie marina. Me refiero a los cerdos que se corresponden con la tercera acepción del diccionario, esa que dice que un cerdo es un “hombre sucio” (aquí a lo mejor no conviene tanto reclamarle a la RAE esa igualdad de tratamiento para ambos sexos, que mujeres cerdas también las hay).

Sólo le falta hablar, dicen los dueños de los perros. Pues bien, los cerdos de los que yo hablo ya lo hacen, y el hecho diferencial no lo es tanto, porque a la hora de la verdad lo importante no son las palabras, sino los actos, y no conozco ningún perro que se deje el envase del yogur tirado en la arena, ni las latas de cerveza con sus plásticos con los que luego se enredan la cabeza las tortugas que posan para las revistas de naturaleza que alertan de los cambios climáticos que desmienten los presidentes del gobierno que no saben distinguir entre meteorología y climatología, ni, de paso, su propia letra.

Pero caca si se harían, y si tu pudieras llevar a tu perro a la playa, estos cerdos también podrían llevarse el suyo, y tú recogerías lo que hiciera el tuyo no sólo con el afecto de un amoroso dueño, sino con la satisfacción del deber cumplido, pero los cerdos no recogerían las del suyo, y a las porquerías que dejaran, bolsas de plástico, colillas, compresas, se unirían las de sus mascotas.

Por eso, dueño responsable, no puedes llevar a tu perro a la playa, porque si tú puedes llevarlo, los cerdos también podrían. Y, créeme, un cerdo llevando a un perro es una mala combinación.

Quique Castro.

martes, 20 de mayo de 2014

Alerta Digital, otro peso muerto



Respuesta al artículo publicado en Alerta Digital "Los secretos deseos de Arturo Pérez Reverte de ser preñado por los nuevos españoles".

http://www.alertadigital.com/2012/06/24/los-secretos-deseos-de-arturo-perez-reverte-de-ser-prenado-por-los-nuevos-espanoles/#comment-488377

Para mi desgracia me topo con un artículo de Alerta Digital de hace un par de años dedicado a Arturo Pérez Reverte, y es que Internet es lo que tiene, que no elimina la cochambre, sino que la tapa con la que le cae encima. 

Nada importante, más de lo mismo, la derechona rancia, el lastre y el ancla que impide progresar a este país en otro de sus exabruptos en los que, más que nada, impera la falta de respeto y el insulto. Los sudamericanos borrachos ellos y putas ellas, los chinos proxenetas, y sus hijos, desde luego, no merecen ni la oportunidad de la integración. Eso por no hablar de todas las lindezas que le dedican al académico y que, seguramente, en el caso de que se hubiera parado a leerlas, cosa que dudo, se la traerían al pairo, que diría él.

Desde luego Pérez Reverte no necesita que nadie hable por él, ni a mí me interesa lo más mínimo ser yo quien lo haga, pero tampoco me lo imagino respondiendo a las chorradas de Alerta Digital, cosa que yo sí haré porque me apetece y porque de todos modos no me lee ni el Tato. Así que vamos a jugar a lo mismo que el que ha escrito esta sarta de sandeces, en el mismo terreno y con las mismas normas con que suele escribir la derecha o, como dicen ellos, vamos a llamar a las cosas por su nombre.

Lo que hay que sentir por el autor de esta infamia es una profunda pena y pesar por haberse quedado, él sí, en la Edad Media. Un personaje como el que escribe estas chuminadas es mucho más perjudicial para un país que mil subsaharianos saltando la valla de Melilla. Inquina e ignorancia disfrazados de una socarronería patochera de borracho de bar que a los dos copas se cree ingenioso. Otro paleto que se le quiere subir a las barbas a un tipo como Arturo Pérez Reverte, que otra cosa no, pero letras y mundo tiene para aburrir. Y lo peor es que habrá escrito esta porquería creyéndose en la razón, o incluso pensando que hacía algo útil.

Vengan a España negros, chinos, rumanos y gitanos, búsquense un futuro honradamente, y váyase toda la morralla fascista que son como piedras en los bolsillos del progreso. Todos estos paletos analfabetos adoradores de dictadores, nostálgicos de las banderas con pollos dibujados, todos estos que dicen amar tanto a España son, precisamente, su peste, y están al mismo nivel que cualquier carterista o chulo de putas, sea de la raza o del país que sea.

Quique Castro.