viernes, 12 de abril de 2013

Crisis, pero de valores


La guerra ya ha comenzado. El mundo se colapsa, y las fuerzas antagónicas del capitalismo y del socialismo se enfrentarán en una lucha encarnizada. Hasta ahora era una guerra económica, pero la amenaza de Corea del Norte o las injerencias de los EE.UU en la política internacional no anuncian nada bueno. En todo caso, esta guerra hace tiempo que ya ha dejado bajas, y hasta ahora los que han caído siempre han sido del mismo bando: el de los pobres.

El ciudadano no se entera de lo que pasa. La izquierda y la derecha no existen, son pura ficción, y los ciudadanos filtramos las noticias no para informarnos, sino para alimentar nuestras ideas preconcebidas. La clase política se atrinchera en sus poltronas y nos arroja su basura a la cara para que en la calle se discuta a cuál de ellos le huele peor.

La crisis en España no es sólo económica, sino principalmente de valores. El ciudadano de a pie, ese que abuchea al político corrupto a la salida de los juzgados, se hubiera postrado a sus pies y le hubiera ofrecido la virginidad de su hija si no hubiera sido condenado. Porque, en España, ha dejado de importar la honestidad y la nobleza. Ya sólo importa si te pillan.

Carta publicada en "Zona 20", en el periódico "20 Minutos".

Quique Castro.

miércoles, 10 de abril de 2013

¡Qué repitan la pregunta!



Sería estupendo que en el panorama del periodismo político actual surgiera en España un periodista capaz de acorralar a sus entrevistados como hemos visto hacer a Eddie Mair en su entrevista a Boris Johnson, alcalde de Londres. No dudo de la categoría profesional de los periodistas españoles, ni siquiera de sus ganas, pero el caso es que jamás nos quitamos la impresión, al menos en el terreno de la política, de que el entrevistado está un peldaño por encima del entrevistador.

Creo que Ana Pastor realizó un buen trabajo al frente de “Los desayunos de la 1”, pero al final de su etapa, en vez de acorralar a sus entrevistados, era ella la que tenía que justificar su  buen hacer e imparcialidad. Los políticos españoles están demasiado acostumbrados a responder con evasivas y circunloquios, y a que el periodista de turno desista. Cuántas veces, desde el sillón, no hemos pensado: “¡eso no es lo que le has preguntado! ¡Pregúntaselo otra vez!”. Pero no, el periodista nunca repite su pregunta, y el espectador nunca recibe su respuesta, sólo asiste frustrado a la declamación acomodaticia de un discurso ensayado que jamás se sale de su cauce.

Enrevista de Eddie Mair a Boris Johnson, alcalde de Londres:

Quique Castro

lunes, 8 de abril de 2013

Truños, caimocho y chunta chunta


Truños, calimocho y chunta chunta. Éste es el eslogan que debería sustituir, al menos en Poblenou, al mítico “sexo, drogas y rock’n’roll” de los sesenta. Mientras que en el barrio de Gracia la Policía se aposta en cada esquina para vigilar que la bohemia de pega despeje las calles apenas dan las tres de la madrugada, a esas mismas horas, en Pedro IV, una muchedumbre campa a sus anchas bebiendo y berreando, y así seguirán hasta más allá de las cinco de la mañana.
Aparte de por los cánticos nocturnos y el chunta-chunta de los coches en los que se hace botellón, Pedro IV también debería ser famosa por ser la calle con más cagadas de canes por metro cuadrado. ¿No hay un apartado específico para tal gesta en el libro Guinness de los records? Sea como fuere, allí llevan los animales de dos patas a sus animales de cuatro para que depongan unos magníficos pastelotes. Caminar por Pedro IV es como hacerlo por un circuito de obstáculos. Si pasas por aquí serás bienvenido, pero no te despistes, mira al suelo y cuidado con las heces. Y si eres ciego…, lleva botas de agua.
Creo que se debería prestar la misma atención a todos los barrios, independientemente de que unos estén de moda y otros de pena, y de los políticos que vivan en ellos.


Quique Castro.

viernes, 5 de abril de 2013

Somos maleducados




Los españoles somos maleducados. Tal vez por aquí no lo sepamos o no nos demos cuenta, pero en el extranjero lo tienen muy claro y para ellos es una de nuestras señas de identidad, como la paella, la sangría o los toros. La gente que viene de fuera flipa. No tanto los turistas que nos llegan, que tampoco están para muchas sofisticaciones, como los que vienen a trabajar o a estudiar y se quedan el tiempo suficiente como para calarnos un poco. Y al final acaban por aceptar como otra de nuestras particularidades que aquí no se diga gracias, ni por favor, ni disculpe.
He visto a una embarazada en el metro, no diré de qué ciudad, a la que nadie cedía el asiento, creía que era un mito, algo imposible, pero puedo asegurar que lo vi con mis propios ojos. Uno, por gentileza, aguanta la puerta al que viene detrás, que pasa sin decir gracias, como si fuera su privilegio, luego escucha como un chaval de quince años dice “campeón, ¿tienes fuego?”, a un señor de sesenta, y luego ve a un ejecutivo correr para coger su asiento en el tren antes que nadie. Y entonces uno entiende mucho de lo que nos pasa.
Quique Castro.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Matrimonio gay sin comillas (respuesta a un editorial de La Gaceta)

Editorial de "La Gaceta": 

La tierra no dejará de ser redonda ni el sol dejará de salir, ni dejará de haber una minoría gay cuyos derechos deben ser respetados. Si dos personas se aman y desean pasar el resto de su vida juntas, es bueno que la ley las ampare y las defienda, y que puedan legalizar su situación. Que existen los homosexuales es un hecho incontrovertible, como la forma de la Tierra y el movimiento del Sol, algo que hace 500 años era negado con la misma ceguera y, en gran medida, por parecidos motivos.

Con respecto a la palabra matrimonio que tanto parece preocupar al PP... El diccionario no recoge las palabras basándose en su etimología, sino en el uso que les dan los ciudadanos. Si todos, o casi todos los ciudadanos emplean la palabra matrimonio para referirse también a la unión de dos personas del mismo sexo, que no les quepa duda que el diccionario tendrá que recoger y añadir esta acepción.

Sinceramente, no entiendo ese miedo de algunos, ese llamamiento al supuesto orden de la naturaleza, ese enroque constitucional basado en el léxico cuando otras veces se han apresurado a hacer los cambios que les parecían oportunos. Nuestra comunidad está formada por miembros de todo credo, raza y orientación sexual, pero lo único que debe importarnos es que las leyes se apliquen igual para todos.

No es importante que haya a quien no le guste esta ley por miedo o por resentimiento, viene a cubrir un vacío legal que afectaba a muchas personas. Esta ley ha venido para quedarse, y dentro de poco nos parecerá extraño que hubiera gente que protestara contra ella, igual que ahora nos parece extraño que haya gente que negara que la Tierra es redonda, o que girara alrededor del Sol.

Quique Castro

domingo, 21 de octubre de 2012

"La mujer de negro", de James Watkins.


“La mujer de negro" es una elegante peli de casas encantadas a la antigua usanza con la que la clásica productora de terror británica Hammer pretende volver del más allá. Su mecanismo de funcionamiento está basado en unos cuantos sustos de manual y, sobre todo, en una atmósfera bien lograda a la que contribuyen un diseño de producción impecable y una fotografía subyugante que va envolviendo al prota y al propio espectador. El problema es que ya nos hemos metido en un sinfín de casas por el estilo, y eso diluye un poco el canguelo.

Incurre en un fallo habitual a mi modo de ver en el cine actual, que es la falta de verosimilitud en el guión, y es que cualquiera que tuviera que pasar una tarde en un arruinado caserón abandonado, construido en un islote y unido al pueblo por una sola carretera que desaparece en cuanto sube la marea, saldría cagando leches en cuanto viera la negra sombra de una mujer entre las tumbas, o la clásica y chirriante mecedora que se mueve sola y cesa en cuanto te acercas a ella, por no hablar de los aterradores monos con platillos que funcionan solos, muñecas de porcelana y payasos de juguete que se mueven al son de siniestras melodías. Así es, la peli parece un catálogo de tópicos del género, incluyendo la historia con niño muerto, que ya está más que sobada. Sin embargo, uno puede dejarse llevar e incluso llegar a sentir un poco de miedo.

Daniel Radcliffe está muy bien, el problema podrían tenerlo los admiradores de Harry Potter, que a lo mejor esperan que en cualquier momento saque la varita mágica para deshacer el entuerto, un problema que yo no he tenido porque las pelis del mago me resultan indigeribles y nunca he podido acabar ninguna. También aparece Ciarán Hinds (el Julio Cesar de la serie "Roma"), un actor de carácter que hace lo que puede para que su personaje sea creíble, algo que resulta bastante difícil a medida que avanza la trama y nos vamos enterando de la historia. Especialmente delirante resulta la escena en que ambos rescatan el cadáver del niño, que no tienen el más mínimo problema en recuperar a pesar de que el cuerpo llevara años desaparecido.

Las escenas del pueblo y los lugareños resultan bastante convincentes, pero el director James Watkins prefiere centrarse en la mansión para jugar con el espectador e ir desperdigando sus trucos como si se tratara del viaje al interior de una de esas casas del terror que hay en las ferias. Y desde luego que, en algunos momentos, llega a conseguirlo.

La gran cagada de la peli está en los últimos veinte minutos, cuando practican en la mansión una especie de conjuro, remedo ridículo de "El orfanato", y, sobre todo, en un final precipitado que resulta decepcionante.

Para ver con resaca en una tarde tonta de domingo.

Por Quique Castro (porque me aburría y no se me ocurrió mejor cosa que hacer que escribir esto, que ya me vale).

martes, 9 de octubre de 2012

¿What if... el PSOE hubiera ganado las elecciones?



Cuando era pequeño salió una serie de tebeos Marvel titulada “What if”, que en inglés significa algo así como “¿Y si…? En esta serie se planteaban historias alternativas al universo Marvel que nunca habían tenido lugar y se especulaba con su desarrollo sobre los personajes, como por poner un ejemplo “¿y si Namor se hubiera unido a los 4 fantásticos?”, o “¿y si los Vengadores Cósmicos hubieran luchado contra los Guardianes de la Galaxia”?, (no es broma).

Estos ejercicios imaginativos, en el caso del universo Marvel, resultan cuando menos curiosos y se ofrecen a multitud de resultados, muchos más que si extrapolamos tal ejercicio al universo de la política.

El “What if?” propuesto es el siguiente: “¿Y si el PSOE hubiera ganado las elecciones del 21 de noviembre de 2011?”.

Bien, en este caso no hace falta estrujarse mucho el coco para adivinar cuáles hubieran sido las consecuencias. Básicamente podemos resumirlo en que estaríamos exactamente como estamos ahora. Para empezar, la crisis seguiría devorando nuestra economía, y se hubieran vuelto a tomar todas y cada una de las decisiones económicas que ha puesto en práctica el PP y que tanto ha criticado el PSOE, incluyendo los malditos recortes que han acabado de hundir a Grecia y a Portugal y que los han convertidos en esclavos del protectorado alemán.

El modelo económico del PP y del PSOE es exactamente el mismo, porque no lo han creado ellos, sino que viene impuesto por los mercados y el gobierno alemán, y por tanto sus políticas sociales serían las mismas. Una cosa es implementar ayudas como la del cheque bebé cuando se presume de ser la octava potencia económica mundial, y otra cosa hacerlo cuando los números de las arcas del Estado están en rojo.

Los primeros recortes de la crisis los anunció Rodriguez Zapatero en el congreso del 12 de mayo de 2010, incluida la subida del IVA que tanto críticó en su momento el PP. Es decir, que ya daban igual las premisas socialistas del estado del bienestar porque los mercados mandaban y su voz era imperativa.

Erróneamente se podría haber caído en la tentación de no tomar estas impopulares medidas y haber dejado el trago al PP, erróneamente digo, porque todos los índices económicos se habrían disparado y habrían precipitado a España a un cataclismo inmediato, y ahí sí que todos los dedos apuntarían a un solo lado, el de la izquierda del hemiciclo.

En resumidas cuentas, que el PSOE hizo lo que le mandaban, esto es, aplicar paños calientes a la espera de que llegaran los siguientes. Y los siguientes llegaron, y no hicieron más que continuar las medidas que seguían siendo dictadas por otros.

Pero sigamos con nuestra especulación.

¿Cuál habría sido entonces la reacción del PP si el PSOE hubiera ganado y hubiera seguido con los recortes?

Pues la misma reacción que ha tenido el PSOE en la oposición, esto es, criticar estas medidas y seguir negándose a la subida del IVA.

Y esto, ¿a qué se debe?

Se debe a que no existe una alternativa real mientras votes a PP o PSOE. Ambos partidos no son más que títeres cómodos en sus respectivos puestos, que se van alternando sucesivamente para perpetuar un sistema que a ambos les conviene mientras el ciudadano acude alegremente a las urnas cada cuatro años convencido de que vive en una democracia.

Por Quique Castro.